Pasión por la danza: Susana emociona bailando en su silla de ruedas

Tiene una lesión medular, aprendió a bailar y hoy forma parte de una dupla que se presenta en eventos.

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“Después de jugar fuerte al tenis al día siguiente me desperté y vi que no podía cerrar la mano derecha. Miraba mi mano como si fuera un extraño que no te escucha. Le avisé a mi mamá pero ella no le prestó atención. Al poco tiempo comencé a sentir menos fuerza en la pierna derecha y a arrastrar la punta del pie. Rengueaba un poco. Sentía como el físico se retiraba como el mar en bajante. Ya había renunciado a escribir con la mano derecha y había aprendido a escribir con la izquierda. Me entendía bastante bien aunque encontrar banco para zurdos era difícil en el Profesorado de Inglés”.

Este párrafo de su escrito Desaparecer resume el principio de una etapa en la vida de Susana Fernández (52) que la acercaba lentamente al mundo de la discapacidad. Sin embargo, en esos primeros tiempos de tristeza y de dolor no se imaginaba todo lo que podía lograr estando en una silla de ruedas. Se trata de una historia de transformación, de superación personal, de reinventarse y de redescubrirse ante la adversidad. De sueños que nunca parecieron imposibles y de objetivos cumplidos gracias a su perseverancia y a su capacidad de aceptación ante los cambios y a los nuevos desafíos que debió atravesar.

A Susana le gustaba patinar, andar en bicicleta y jugar al tenis. Corría con su papa 2,5 KM todas las mañanas antes de ir a la escuela. Además, amaba ir a un campo en Santa Lucia San Pedro, la aventura semanal que rompía toda su rutina. Los paseos en sulky y a caballo durante las tardes de verano le daban un matiz diferente. No era una chica de ciudad y tampoco del campo.

Un día cambió todo

Despertó una mañana sin poder mover la mano derecha. Flácida, no respondía a las órdenes, como si fuera de otro. Comenzó a arrastrar la punta derecha del pie, pero se dio cuenta que tenía menos fuerza en la pierna. Parecía el principio de algo que no estaba nada bien en su cuerpo.

A los 19 años Susana se casó y a los 24 tuvo a Lucía. Estudió los primeros dos años del Profesorado de inglés en el Lenguas Vivas, pero en  ese momento comenzó a sentir esos síntomas que determinaron que padecía una lesión intramedular, cuadriplejia espástica. A partir de ese momento es usuaria de silla de ruedas.

“Una vez que empecé a utilizar la silla de ruedas cambió todo, tenés que reformular todo para ir de un punto hacia otro lugar, ya no te vestís solo, lo hace otra persona, te tienen que ayudar a hacer pis, son las cosas de las que no se hablan”, dice Susana.

Récord y nuevos desafíos

Sin embargo, como toda su vida había sido deportista en 1995 empezó a nadar y hasta logró participar en los Pre-olímpicos para Atlanta 96. En ese torneo hizo su primer récord mundial. En ese momento iba a estudiar durante la noche (licenciada de Sistemas) y a la mañana su mamá la llevaba a entrenar. En 1999 para los Paralímpicos de Sidney 2000 y logró ir a los Juegos Olímpicos, donde llegó a una final.  “Una vez que logré ese récord, lo primero que me pregunté era con qué otro desafío podía continuar, lo importante es tener diferentes obstáculos todos los días para poder superarse y tener nuevas metas”.

En el año 2000 se recibió de licenciada en Sistemas y para finales del 2001 comenzó a trabajar en la mesa de ayuda de IBM para el entonces banco de Boston en medio de todo el estrés que tenía producto de la crisis económica y social que se estaba viviendo en la Argentina. “Mis padres me ayudaron un montón, sin ellos hubiera sido imposible”, agradece.

Pasión por la danza

Para el año 2005 Susana había dejado de nadar y un amigo le propuso que fuera a participar de alguna clase de Danza Integradora. En un workshop en el IUNA (Universidad Nacional de las Artes) lo conoció a Leandro Lareu, quien había comenzado la carrera de Danza y Expresión Corporal.

A partir de ese momento comenzaron a edificar una linda amistad y empezaron a bailar juntos. Durante un tiempo ensayaban con una profesora en el IUNA, pero luego continuaron haciéndolo por su cuenta. Y de esa forma nació “Marca Registrada”, el dúo de danza que se presenta en diversos eventos.

“Trabajamos sobre la improvisación, hay determinadas cosas que marcamos y sobre eso construimos el resto. Cada vez que estoy bailando me siento distinta, igual desde la conexión, pero siempre la propuesta de investigación es levemente diferente una de otra. Tiene que ver con la intención de la mirada, con cómo lo miro a Leandro”, explica Susana.

En cada uno de los eventos en que se presentan la gente se queda conmovida y sorprendida por la belleza de los movimientos, por la conexión y la vibración que transmite la pareja y por la calidad de cada una de las coreografías.

“Tenemos un soporte mutuo dentro de la danza, estamos hablando de algo que se va construyendo como es la improvisación, todas las veces que bailamos aprendemos uno del otro. La gente piensa que lo ensayamos como mil veces, pero es todo improvisado”, cuenta Susana.

“La gente destaca su fortaleza”

Leandro admira profundamente a Susana, especialmente por su fuerza y por sus ganas de vivir. “Otras personas pueden vivirlo como una depresión, pero ella es un ejemplo. Toda la gente que nos va conociendo destaca su fortaleza”, expresa.

Susana también tiene palabras de elogio para su compañero de trabajo y amigo. “Aprendo de su paciencia y de que para los amigos siempre hay tiempo, eso me lo enseñó él”.

Hace unos días Susana y Leandro se presentaron en la Cumbre Global de Discapacidad que se llevó a cabo durante tres días en Tecnópolis. Cientos de personas disfrutaron de sus bailes.

El motivo que la hace feliz

“Yo soy feliz porque sirvo, me gusta servir, si sirvo a otro y modifico para bien a alguien eso me da el motivo para ser feliz. Son momentos difíciles en los que, tal vez, no ven proyección, pero si vos les mostrás que sí puede haber perspectivas se puede encender una luz interna que les permita salir de esa realidad durísima que están viviendo. No digo que sea fácil, pero te da la idea de que es posible”.

Actualmente, Susana brinda soporte a cuentas de EE.UU. y trabajo en equipo con técnicos de Brasil, India y la Argentina desarrollando e implementando migraciones, upgrades e instalaciones.

“Las personas con discapacidad tenemos mucho para dar, solo necesitamos la oportunidad para demostrar cuanto podemos ofrecer. En mi opinión, nuestro principal activo es la resiliencia. Persistir hasta obtener el resultado deseado. Trabajar en red de forma colaborativa segmentando las tareas compartiendo información y aprendiendo cada día de los distintos problemas que siempre se presentan. Educarnos y crecer en y desde la diversidad de voces potencia los resultados, nos mejora y nos enriquece como humanos”.

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