Una maestra rural se quedó en la escuela para acompañar a sus alumnos durante la cuarentena

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Mónica Tortone es docente rural, tiene 47 años y está a cargo del Jardín de Infantes en la escuela del paraje El Balde, en el Meridiano V, en el límite entre Buenos Aires y La Pampa, en el Partido de Rivadavia. Mónica decidió pasar el aislamiento en soledad dentro del establecimiento para poder acercarles la tarea a sus alumnos hasta que finalice la cuarentena.

Las familias de sus 4 alumnos viven en el campo entonces, para que no pierdan el ciclo lectivo, ella se acerca a sus casas para dejarles la tarea. Si bien Mónica está habituada al aislamiento porque a veces los caminos se cierran por la lluvia y el agua, el problema es la conectividad. Sólo una familia tiene internet, la señal de telefonía móvil es casi nula y acceden a la información por la televisión.

Por este motivo, Mónica les acerca cuadernillos impresos porque El Balde está a 20 kilómetros de Roosvelt, el pueblo más cercano. Si llueve mucho no pueden salir y quedan aislados, incluso las provisiones deben buscarlas en Roosvelt.

De todas maneras, Mónica ya estaba habituada a esta situación ya que su casa está en General Pico, a 120 kilómetros de distancia, así que sólo regresaba durante los fines de semana cuando el clima lo permitía.

“Nos encontramos a mitad de camino con cada familia para darnos la tarea,  saben que estoy en la escuela y que estoy para ellos si necesitan algo. Entre todos estamos unidos y comunicados a pesar de las distancias”, asegura la maestra.

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