Una pareja recorre el mundo llevando propuestas de educación artística, alternativa y de oficios a comunidades marginadas

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A través del movimiento “De la mano por el mundo” recorrieron una gran cantidad de países y ayudan a personas con escasos recursos. ¿Cómo es el trabajo que realizan Florencia y Germán?

Desde hace varios años, Florencia Rey Lacoste y su pareja, Germán Vildoza, comenzaron una larga travesía que empezó a cambiar no solo sus vidas, sino también la de mucha gente. A través del movimiento “De la mano por el mundo” visitaron una gran cantidad de países y brindaron asistencia a personas con escasos recursos que generalmente se encuentran olvidados y abandonados por las autoridades de turno. Desde hace cuatro años vienen trabajando ininterrumpidamente en comunidades rurales y originarias de Salta y desde hace cuatro meses que se encuentran en la misma tarea con las comunidades de la Puna jujeña. Florencia dialogó con Lado H y nos contó de qué se trata esta experiencia.

¿En qué comunidades están trabajando? 

Son comunidades originarias y rurales de la Etnia Wichi y Guaraní. Como así también estamos trabajando con comunidades campesinas de los parajes en las mismas áreas. Las comunidades se encuentran localizadas en Departamento Rivadavia, Dpto San Martín en todo lo que se conoce como el Gran Chaco salteño. Recientemente nos encontramos trabajando con comunidades Kolla de la puna jujeña.

¿Qué características tienen estas comunidades?

En general, las características que comparten tienen que ver con la ubicación y en la zona donde se encuentran. Estas zonas son caracterizadas por tener condiciones climáticas muy adversas, es decir, de sequías a inundaciones extremas. Esto hace que las comunidades vivan en condiciones de marginalidad. La región también está caracterizada por ser una de las más pobres del país (en el caso del Chaco Salteño), presentando casos de desnutrición infantil, analfabetismo, trabajo esclavo teniendo como víctimas principalmente a las comunidades originarias que allí viven.

En esta región inhóspita inaccesible sin servicios básicos como la del agua potable viven las comunidades originarias de la Argentina. La inaccesibilidad del terreno, sumado a la falta de atención por parte del estado, hacen de la zona un lugar prácticamente marginalizado.

¿Cómo es el día a día de ustedes viviendo allí?

El día a día nuestro es igual que el de las comunidades que viven allí. Creemos que para poder entender la situación debemos convivir con la comunidad, de esa manera comprender la cultura. De ese modo podemos entender desde adentro los problemas que sufre la comunidad. 

A veces es duro debido a que nos involucramos tanto que llega un punto en que las injusticias que ellos sufren pasan a ser nuestras.

Las emociones están siempre a flor de piel principalmente al trabajar con niños por la vulnerabilidad en la que se encuentran. Siempre que tenemos actividades y talleres no sabemos si los vamos a volver a ver al día siguiente. Como dijo una voluntaria, Francesa, que compartió con nosotros el programa de voluntariados «a veces lloramos, reímos, caemos, nos deprimimos pero nos volvemos a levantar pensando en sus sonrisas y en lo que genera la actividad».

Lo más lindo de nuestros días es que los niños son nuestros maestros, por supuesto que nos enseñan sobre todos los valores de la vida, pero lo más hermoso es que nos enseñan su idioma, recordando que su lengua se conserva al igual que la cultura hasta el día de hoy.

¿Cómo es la rutina de trabajo? ¿Qué tipo de actividades realizan?

Generalmente realizamos proyectos de desarrollo comunitario que tienen que ver con actividades que la comunidad elige según las necesidades. En base a esto hacemos convocatorias de voluntarios para trabajar en las diferentes áreas. Diariamente realizamos talleres y capacitaciones para niños y madres en general. A la mañana realizamos talleres de oficios, durante la tarde actividades deportivas y culturales. Además, durante cada actividad se brinda alimentos para todos los participantes que realizamos entre todos. Todo se realiza en un marco de alegría y respeto mutuo.

Para nosotros lo más importante, además, es visitar a las familias en sus respectivos hogares, ver cómo viven, charlar, compartir el día a día haciendo un poco de visitadores sociales, pero mucho, mucho más involucrados con sus historias de vida.

Al comienzo, cuando llegamos a una comunidad llama mucho la atención el saber qué hacemos allí y qué actividades tenemos. Las comunidades originarias suelen ser introvertidas ante un análisis superficial, pero eso cambia cuando te conocen al cabo de un proceso, a veces largo. Al cabo de un tiempo se construye un vínculo y una relación.

Una vez creado ese vínculo el ida y vuelta es hermoso ya que nosotros nos sentimos agradecidos de poder conocer de cerca culturas que antes desconocíamos y ellos, a la vez, se sienten agradecidos de que compartamos su vida y herramientas que le sirvan para soportar el día a día. 

¿Recordás alguna anécdota?

Sí, tenemos miles. Una que nos gusta muchísimo es cuando los niños wichí nos iban a buscar a la escuela (lugar donde nos alojábamos) para mostrarnos el monte, lugar donde se desarrolla su vida. Nos mostraron sus caminos, sus alimentos, cuáles son prohibidos y cuáles se pueden tomar. En esa oportunidad  a Germán le picó una avispa negra en el pie (karam) que le produjo una inflamación desde el dedo gordo hasta la rodilla. Los niños, al ver la situación, colocaron barro y algunas hojas de plantas especiales y aliviaron la inflamación y el terrible dolor. Esa acción nos demostró el conocimiento del monte y la sabiduría ancestral que desde pequeños estos pueblos poseen.

¿Qué significa para ustedes poder ayudarlos?

Para nosotros la ayuda es mutua, se trata de compartir, ellos nos ayudan a nosotros a entender otro tipo de filosofía de vida, otra cultura, otro entendimiento del mundo. Nosotros solo tratamos de compartir algunas herramientas que poseemos y que hemos tenido la suerte de adquirir a lo largo de nuestras vidas. Eso para nosotros no es un mérito. Tenemos el deber de compartir nuestras herramientas con los que no han tenido la misma posibilidad.

Para nosotros lo más significativo es que una comunidad te abra sus puertas y de cada familia y te haga sentir parte. Eso es lo que nos define, nunca nos sentimos que vamos a salvar a alguien sino más bien a compartir, conocer y entender.

Ayudar para nosotros es una definición que pone a una de las dos partes en superioridad y eso no encaja en lo que hacemos porque acá no hay personas que vienen a «salvar» o a imponer a nadie cómo vivir, sino más bien creo que nos sienta mejor la palabra compartir.

¿Qué piensan acerca de la solidaridad y el compromiso social?

Los argentinos necesitamos trabajar muchos más los valores de solidaridad y compromiso social. Nos consideramos solidarios, pero la solidaridad no se mide simplemente en ayudar a un vecino a un amigo o familiar o en eventos particulares como un incendio o una inundación -son actitudes que suman-, sino más bien con una actitud de cómo enfrentamos la vida o una filosofía de cómo llevamos nuestros valores.

La solidaridad se mide en cuándo y cómo ayudamos a alguien con quien no tenemos ningún vínculo afectivo. En comparación con otros países, la solidaridad en la Argentina es algo que no se trabaja ni en las escuelas y a veces ni siquiera en los hogares. Nosotros eso lo comprobamos a diario con los voluntarios con los que trabajamos que en su mayoría vienen de otros países. El compromiso social al igual que solidaridad se trata de sentirnos comprometidos con todas las causas que se dan en nuestro país y en el mundo. Estar comprometidos es sentir empatía con quienes atraviesan una realidad dura y diferente a la nuestra, pero sin embargo comparten algo en común que es la esencia del ser humano.

¿Qué podemos hacer desde nuestro lugar, en relación a las necesidades del otro?

El primer deber es conocer antes de juzgar, tomar conciencia de que no todo lo establecido por la sociedad es la regla o la norma. Enseñar a nuestros hijos a entender que, por ejemplo, abrir una canilla y que salga agua o apretar una tecla y se prenda la luz o que ir a un supermercado y elegir el producto que más nos gusta, en otros lugares no es lo normal.

Entender que hay gente en el mundo que tiene que luchar para conseguir los recursos (luz, agua, comida). Entender también que la situación de esas personas no nos es ajena, que para lograr un cambio radical no necesitamos viajar a África, podemos empezar hoy mismo a generar un cambio positivo en quienes nos rodean. Comenzando por la familia, por el vecino, por la comunidad. Si uno no está dispuesto a escuchar nunca entenderá las verdaderas necesidades del otro, por lo tanto la empatía no será genuina.

Contacto:

Facebook: De la Mano por el Mundo

Instagram: @delamanoporelmundo

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