Salud emocional: ¿por qué es tan importante para el bienestar?

La salud no tiene que ver solamente con la ausencia de afecciones o enfermedades. Según la OMS, se define como un estado completo de bienestar físico, mental y social. Por eso, el estado de bienestar integral lo alcanzamos cuando hay un equilibrio entre los factores físicos, biológicos, emocionales, mentales, espirituales y sociales.

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“La salud emocional es una vivencia dinámica, que no se define por un estado, sino por el modo en que cada quien es capaz de tolerar tensiones internas y atravesar conflictos de lo más diversos. Una persona sana no es la que no sufre, sino la que puede hacerlo desde un punto de vista que no es reactivo, con la capacidad para integrar diferentes emociones”, explica Luciano Lutereau, Psicoanalista, Doctor en Filosofía y Doctor en Psicología (UBA).

El cuerpo experimenta y reacciona a cómo uno se siente. Por ello, es muy importante escucharse a uno mismo, poniendo atención a las sensaciones que desarrollamos a diario, y pedir ayuda cuando nos sentimos sin herramientas o superados por la situación que se está atravesando.

Las emociones negativas ignoradas quedan ‘acumuladas’ en el cuerpo y repercuten en nuestra esfera física, psíquica y social de manera nociva. Por ejemplo, la angustia y el temor sostenido provocan ansiedad que, si no es tratada, puede conducir a trastornos del sueño, problemas digestivos, de concentración y/o rendimiento laboral, aislamiento social o también puede llevar a otros trastornos de la salud física o mental.

Desde un punto de vista preventivo, estos son algunos factores protectores de nuestro bienestar emocional:

ACTIVIDAD FÍSICA

La actividad física es buena templadora de las emociones, porque permite que haya distancia entre nuestros pensamientos y la elaboración (al imponer un corte que evita rumiaciones y persistencias). Para realizar un deporte, es preciso tener la capacidad de construir una escena lúdica de distensión que quienes padecen afectos rígidos no pueden implementar.

Además, es fundamental para prevenir enfermedades no transmisibles como las cardiovasculares, obesidad, diabetes y hasta algunos cánceres; y protege y potencia nuestra salud mental. Muchos estudios científicos demostraron que genera la producción de neurotransmisores como la serotonina y las endorfinas, que producen la sensación de placer y bienestar, contrarrestando el estrés y las tensiones.

“Nosotros sabemos que cuando cuidamos nuestros cuerpos, esta acción tiene un impacto instantáneo en cómo nos sentimos, cómo nos vemos y cómo nos cuidamos. Y eso luego internamente impacta en cómo interactuamos, tratamos y cuidamos a otras personas”, explica Nora Dooley, Impact Team Leader de Coaches Across Continents, una ONG que recibe fondos de Disney en apoyo a sus iniciativas dirigidas a mejorar la calidad de vida de jóvenes de bajos recursos a través del deporte en México, Brasil, Argentina, Chile y Colombia.

“La gente está empezando a entender la conexión entre lo físico y lo mental y cómo uno afecta directamente al otro. Si estoy de mal humor, probablemente no jugaré un buen partido de fútbol o me enojaré y lastimaré a alguien o a mí mismo, pero si me siento bien conmigo mismo, seguramente me divertiré más, me cuidaré a mí mismo y a los demás”, agregó, respecto de los programas que desarrollan.

VÍNCULOS

Los vínculos también son un componente central en la estabilidad emocional, dado que las relaciones sanas permiten que quien siente lo haga de una forma empática e incluyendo las perspectivas de otros, lo que le permite relativizar su visión egocéntrica y unilateral.

Por tanto, las relaciones sociales son un pilar fundamental en la formación de quienes somos, cómo pensamos y qué hábitos adquirimos. Hay numerosos estudios científicos que evidencian que los lazos sociales fuertes se relacionan con una vida más larga, y el aislamiento social o la soledad, con problemas de salud.

Los abrazos, besos y conversaciones afectuosas son el condimento fundamental para el bienestar, fortaleciendo los vínculos y la autoestima.

AUTOCUIDADO

Es fundamental que haya una rutina. Debemos ordenar nuestro tiempo, organizarnos y tener un plan diario/semanal el cual tenga un propósito, sea coherente y posible. Esto no solo optimiza nuestro tiempo, sino también ordena nuestra mente.

–        Realizar actividad física (al menos 30 minutos diarios).

–        Alimentación adecuada (ingerir abundante agua, frutas y verduras y reducir el consumo de alimentos ricos en grasas, alcohol, alimentos ultraprocesados).

–        Descansar (lograr un sueño reparador, en lo posible 8 horas por día).

–        Dedicar tiempo a la familia, amistades y al ocio; tener un momento recreativo, social y conectarse con los vínculos.

–        Conectarse con uno mismo ayuda a tener un momento de reflexión y escuchar al cuerpo, además de reducir el estrés (meditación, ejercicios de respiración, yoga u otros).

DESCANSO

Una persona emocionalmente saludable tiene un correcto descanso, porque al igual que con la actividad física, sabe que no se puede habitar una escena de manera continua y es necesario a veces hacer un corte. La noche y el sueño son una instancia privilegiada para reencontrar diariamente esa otra escena. Además, el sistema inmunitario emplea el tiempo de sueño para regenerarse, por lo que dormir bien lo restituye y fortalece.

NUTRICIÓN

Por último, también hay un impacto de la salud emocional en la nutrición, en la medida en que la reactividad ansiosa puede llevar a una desorganización de la alimentación, o bien hay emociones (como la tristeza) que cuando se fijan como estados pueden impactar negativamente (ya sea porque llevan a comer de más o todo lo contrario).

Una mala nutrición (dietas ricas en carbohidratos refinados, alimentos ultraprocesados, ricos en grasas) implica un mayor riesgo a presentar un malestar mental. Lo cierto es que una nutrición cerebral adecuada mantiene la integridad estructural y funcional de las neuronas ayudando a mantener el equilibrio emocional.

Como recomendación general, Lutereau plantea la necesidad de darle a cada emoción su tiempo y alcance; estar atentos a la reactividad cotidiana, porque la ansiedad es el cortocircuito emocional más común en nuestras sociedades; y trascender la visión que juzga a las personas por sus emociones, porque nadie puede elegir cómo se siente, sino que puede hacer un trabajo personal para sentir de manera elaborada y reflexiva.

Por último, advierte que no hay emoción que sea positiva o negativa por sí misma, sino que la salud está en la relación armónica que cada una pueda establecer con las demás. Ser una persona estable emocionalmente no significa calcular las emociones sino poder transitar la inestabilidad en busca de un equilibrio móvil.

Nuestro bienestar emocional y psíquico incluye nuestro pensar, sentir y actuar. Siguiendo esta premisa, Disney, que tiene el compromiso de promover hábitos saludables y brindar un entorno de trabajo sano, flexible e inclusivo, propone la Semana del Bienestar Mundial entre el 27 de junio y el 1° de julio para sus integrantes. En la misma, busca visibilizar la importancia de tener una vida saludable, en balance y equilibrio a través de recursos y actividades virtuales y presenciales internos que ayuden a favorecer el bienestar mental, físico, social y financiero de quienes forman parte de la Compañía.

Lanzamos esta iniciativa porque la salud integral es nuestra principal condición del desarrollo humano y es fundamental cuidarla, conservarla y potenciarla. Somos seres biopsicosociales, y nuestra salud se ve influenciada por nuestro estilo de vida y entorno/ambiente en el que vivimos. Nuestras costumbres, cultura y hábitos que practiquemos van a repercutir directamente en nuestro bienestar”, concluyó Yasmin Claros, Médica Especialista en Medicina del Trabajo para Disney (MN 140677).

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