No basta sólo con reciclar

La mente es la herramienta más poderosa que tenemos, al contener nuestras capacidades cognitivas fundamentales: el pensamiento, la percepción, la conciencia, la creatividad, la memoria, etc. No obstante, desde la psicología también se afirma que el poder de la misma puede jugar malas pasadas, al dar por sentado ciertos asuntos que, en la práctica, no lo están del todo.

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Hace un par de semanas se dio a conocer un análisis interesante del investigador y profesor Asistente de Psicología y Estudios Científicos y Filosóficos de la Mente en Franklin & Marshall College (Estados Unidos), Joshua Rottman. El psicólogo se refirió al reciclaje mecánico y su efecto en nuestra cotidianidad, en una columna de opinión de titular controvertido: “Reciclar no es virtuoso, está empeorando las cosas”.

El texto del también Director del Laboratorio de Desarrollo de Valores Morales fue publicado en Psychology Today e indica que el reciclaje suele ser más bien una autoconfirmación de que somos sustentables en medio de la crisis climática, más que de una realidad o de algo tangible. Que la satisfacción moral de depositar cierto elemento en su respectivo contenedor puede contrarrestar los beneficios ambientales, ya bajos, que el propio proceso brinda. Y que todo esto es caldo de cultivo para un problema que él ve mayor: el “reciclaje aspiracional”. Ese que se hace igual, así como por cumplir una rutina o un listado de tareas, sin siquiera saber si esos componentes pueden serlo o no.

El investigador advierte posibles efectos negativos, incluso cuando se realiza correctamente. “Si todos comenzaran a clasificar su reciclaje de la basura correctamente, el reciclaje seguiría siendo ineficaz e ineficiente en comparación con la reducción o la reutilización. Sin embargo, cuando las personas consideran los resultados positivos que puede tener el reciclaje, se sienten mejor al consumir artículos de un solo uso”.

Rottman es claro en afirmar que, pese a todo lo anterior, no debemos dejar de reciclar. Eso sí, a su juicio, fomentar este mecanismo únicamente desde sus virtudes tiene destino de fracaso y que, en no pocos casos, no deja de ser más que un imperativo moral en detrimento de lo que exige el planeta. Que la consideración por otras opciones es mucho más útil a largo plazo, y que, tomando en cuenta las famosas “Tres R” de Möbius, parece ser que por veces olvidamos que el reciclaje siempre ha ocupado el último lugar de ellas. Es buen tiempo para seguir el orden.

La cultura medioambiental es crucial para desarrollarnos de manera sustentable, en tiempos de crisis por el calentamiento global, el deterioro de zonas naturales y el descuido por nuestros desechos. Y en ese marco, tal como dice Joshua Rottman, ver al reciclaje como la panacea es incorrecto, ya que sólo agudiza el problema de fondo si se sigue haciendo solitariamente. Es un complemento de la reducción de residuos y la reutilización, las otras “R” de la triada (Reducir, Reutilizar y Reciclar). Y existen más alternativas.

En primer lugar está guiar nuestras decisiones de compra por opciones con bajo impacto ambiental y de huella de carbono. De aquí se desprenden ideas como el consumo consciente y otras propias de la bioeconomía como el ecodiseño, el ecoetiquetado, la desmaterialización y el reciclaje químico, además de las soluciones biodegradables en todo tipo de ambientes.

No obstante, nada de lo anterior es posible si es que no nos sinceramos y hacemos una autocrítica de nuestro accionar frente al problema, desde los aciertos y sobre todo, desde los errores. Lo cierto es que son pocas las personas que se desarrollan correctamente en la gestión de sus residuos. Evitemos caer en el “reciclaje aspiracional” que menciona Rottman, informándonos y corrigiendo la actitud con nuestro medio ambiente.

Nunca hubo más contenedores, letreros, avisos, educación y empleo de reciclaje que ahora. Como estamos habituados al proceso, es tiempo de exigir mayor inversión en maquinarias y herramientas para lograrlo cabalmente. Acá juegan un rol relevante el sector público y el privado, pues no basta con educarnos y saber qué hacer con nuestros residuos si no vemos resultados concretos de toda la gestión posterior.

Y por último, es tiempo de consolidar este mecanismo con otras soluciones y sectores que pueden fortalecer e innovar a todo el ecosistema. En eso las opciones biodegradables corren con ventaja, al evitar la contaminación de suelos y aguas en su descomposición, la que además suele ser corta en comparación a otros materiales. Tienen origen natural y reducen las emisiones de carbono, junto con presentar propiedades excepcionales en cuanto a las necesidades de consumo, packaging y acarreo. El futuro está en nuestras manos y se muestra abierto y optimista de dar respuesta a la crisis climática. ¿Por qué no nos ampliamos a gestionar los residuos -aún más- en otras formas?

Ignacio Parada, CEO y Fundador de BioElements

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