Lucía Galán cuenta su experiencia en el hogar de niños que fundó junto a su hermano.

A 23 años de su creación el Hogar Pimpinela logró que más de 350 chicos que fueron adoptados.

0
276

Los hermanos Lucía y Joaquín, integrantes del reconocidísimo dúo Pimpinela, desde 1996 llevan a cabo una gran obra solidaria en el hogar para niños que lleva su nombre.  “El vínculo con los chicos es como en una casa: yo juego con ellos, los reto, me cuentan sus cosas, trato de que confíen en mí y que me cuenten lo que les pasa”, cuenta Lucía.

Esta Asociación Civil sin fines de lucro da asistencia integral y gratuita a niños en situación de riesgo, con el objetivo principal de reinsertarlos en su familia biológica o darlos en adopción a través de los juzgados de menores. A 23 años de su creación, el hogar ya cuenta con más de 350 chicos que fueron adoptados y tuvieron la oportunidad de crecer en familia.

Recientemente, Lucía Galán participó de una charla íntima con la periodista Débora Plager en un té solidario que organizó la Fundación ProSalud y que se llevó a cabo en el Hotel NH Buenos Aires City y conversó con Lado H acerca de cómo es el día a día en el hogar.

¿Cómo tomaron la decisión de fundar el hogar?

En cada una de las giras por el exterior visitábamos hospitales y orfanatos para menores y, a partir de la experiencia que íbamos teniendo en cada lugar, a mi hermano se le ocurrió fundar un espacio en Argentina donde pudiéramos ocuparnos personalmente. Entonces, empecé a informarme y a hacer cursos en Madrid y en EE.UU. sobre discapacidad, derechos del niño y leyes de adopción. Así, en junio de 1996 arrancamos con este proyecto que es un trabajo diario y muy difícil. Hay 24 chicos que viven permanentemente en el hogar y requieren la atención como si fueran hijos nuestros porque cada uno va a su colegio y nos hemos ido involucrando desde el principio.

¿Cuáles fueron los objetivos que se plantearon?

Queríamos brindarles un hogar a chicos que estuvieran en estado de resolución de adoptabilidad, tratar más que nada de impulsar a los juzgados para que se expidieran rápido y que los chicos no estuvieran mucho tiempo dando vueltas por ahí, ejercer un poco de presión y trabajar en grupo para eliminar la burocracia y los tiempos entre una cosa y la otra. Sentimos una satisfacción muy grande cuando aparece una familia que los quiere adoptar porque casi ninguno puede volver con sus vínculos de origen.

¿Cómo se fueron involucrando en el día a día de los chicos?

Es una responsabilidad enorme para nosotros y por esa razón fue que decidimos ponerle al hogar nuestro nombre. Yo estoy permanentemente en el hogar, voy tres o cuatro veces a la semana y la bajada de línea de cómo se tiene que trabajar la pusimos nosotros. Armamos equipos de trabajo de muchísima confianza, estamos permanentemente con los chicos.

¿Cómo son los niños que viven en el hogar?

Actualmente, el chico más grande tiene seis años. Todos los niños que van entrando han sido abusados sexualmente por alguna persona de su entorno: por su padre, por su padrastro o por otra persona del lugar en donde viven.

Todas las historias son muy fuertes. Por lo general, los chicos antes de llegar al hogar son retirados del lugar en donde viven por un patrullero y no le explican a dónde van ni por qué razón los sacan de su hogar. Para ese niño la mamá o el papá, por más que le hayan hecho lo que le hicieron, siguen siendo sus padres. No tienen información de que eso que les pasó no es lo correcto. En el hogar lo que hacemos es resetear ese cuerpo, esa cabeza y ese espíritu, sin hablarles mal de sus padres, para que entiendan que eso que les sucedió no está bien.

¿Cómo ves la transformación de esos chicos en el tiempo?

Te doy un ejemplo: del juzgado nos han llamado para preguntarnos si podía entrar al hogar un nene que tenía cuatro años, con autismo, violento e introvertido. Nosotros le dijimos que sí y en unos meses nos fuimos dando cuenta de los cambios que había hecho. Nadie le había hablado anteriormente a este chico. Entonces, a un chico que no le hablan, ¿cómo va a hablar? Y si lo único que hicieron fue pegarle no va a tener otra forma de relacionarse con los otros chicos. Lo que hacemos es tratar de que los chicos vuelvan a confiar. Tenemos psicólogas, pediatras y maestras recuperadoras.

¿Cómo se mantiene el hogar?

Muchas personas deben creer que porque el hogar lleva nuestro nombre no necesitamos de la colaboración de la gente, pero tenemos $ 400.000 de gastos todos los meses y las becas (a través de convenios con el estado) que nos brinda la provincia son de apenas $8.500 por chico, cuando en Capital son el doble. Tenemos una ayuda del municipio de Vicente López y después ayuda privada de gente que se involucra con nosotros. Y también tenemos el Proyecto Solidario, donde hay gente que se asocia y dona todos los meses el dinero que puede.

Más allá de este caso puntual que involucra a un dúo musical muy conocido en los últimos 30 años, lo interesante es poder tomar este tipo de acciones para poder contagiarnos un poquito de sensibilidad, de solidaridad y de empatía en pequeñas acciones que nos pueden tener como protagonistas en el día a día de nuestras vidas. Se trata de prestar atención y de abrir nuestro corazón teniendo en cuenta las necesidades por las que puede estar atravesando un amigo, un vecino o alguien que conocemos en la calle. Esa acción de colocarnos en los zapatos del otro nos va a permitir ser conscientes de otras realidades y, a la vez, redescubrimos a nosotros mismos. No hace falta grandes acciones, sino muchas personas que realicen pequeñas acciones. ¡Hagamos la prueba!

¿Cómo colaborar con el Hogar Pimpinela?

Web: http://pimpinela.net/

Mail: proyectosolidario@pimpinela.net

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here