Julián Weich: “Estoy convencido que se siente más al dar que al recibir”

Entrevistamos al conductor de televisión que hace más de 25 años es un referente en temas vinculados a la solidaridad.

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¿En qué momento y por qué razón empezaste a tener un compromiso social?

Yo siempre fui criado en un ambiente solidario por mi familia. En esa época existía la “gauchada”, hacerle un  favor al otro. Y esa “gauchada” no tenía retorno, era bajarse a empujar el auto porque al otro no le arrancaba, por ejemplo.

Sin embargo, se me potenció cuando conducía El Agujerito sin fin (en canal 13) porque yo le decía a la gente que mandaran cartas y lo hacían, le pedía que fueran a un lugar e iban, que compraran algo y lo compraban. En ese momento me di cuenta que si podía lograr a través de la pantalla que la gente hiciera cosas positivas, eso me hacía bien y me encantaba. Así fue que empecé a usar la televisión para dar mensajes positivos.

En El Agujerito sin fin hacíamos, por ejemplo, campañas de ecología. Después fui creciendo porque empecé a trabajar para UNICEF y en 1992 se hizo el primer programa de Un sol para los chicos en los cinco canales y de esa forma me embarqué en esto que sigue siendo mi rol social a través de los medios.

¿Te acordás de alguna de las obras que se hicieron mientras conducías El agujerito sin fin?

Me acuerdo que hicimos una pileta de 20 x 20 metros con latitas de aluminio. La gente mandaba sus latitas para reciclar y sorteábamos un viaje a Disney y en el discurso decíamos que era una manera de no importar aluminio porque reciclábamos el propio.

¿Cómo fue que arrancaste el vínculo con UNICEF?

En ese primer programa de 1992 yo tenía que hacer un pedacito de El Agujerito sin fin para ese programa especial (Todo por los niños). A ellos les gustaba como yo comunicaba, a mí me gustaba lo que hacían ellos y se fue dando el vínculo de manera natural.

¿Qué significa para vos ser embajador de UNICEF?

Me siento con mucha responsabilidad porque vengo representando a los niños y no podría hacer nada que vaya en contra de los derechos del niño que muchas veces no tienen quienes los defiendan. El niño si no lo ayuda la familia, no lo ayuda nadie. UNICEF lo que hace es promover los derechos del niño todo el tiempo para que se sientan defendidos, más allá de los vínculos familiares.

Mi rol es ser un poco el que habla de lo que hace UNICEF, ver lo que ellos hacen, participar de eventos, conducir, grabar audios y trabajar con las empresas que colaboran con UNICEF.

Yo creo que cuando uno se ocupa de los demás, le va mucho mejor. Yo lo practiqué y veo que a todo el mundo que la hace le va bien.

¿Pensás que los que más dan son los que menos tienen o más necesidades tuvieron?

Sí, tal cual, el que más da es el que alguna vez necesitó porque el que lo necesitó sabe lo que es no tener y puede ponerse en el lugar del otro para darse cuenta, por ejemplo, si una persona tiene frío y saber que lo puede abrigar. En cambio, el que siempre estuvo abrigado no sabe lo que es tener frío o hambre. Le parece como algo impensado este tipo de necesidades.

Alguna vez dijiste que “ser solidario es lo más egoísta que hay porque te hace bien a vos”…

El placer que sentís ayudando al otro lo sentís vos solo. Estoy convencido que se siente más al dar que al recibir. El otro día aprendí una frase buenísima: “Cuando uno da hay que decir gracias porque se trata de agradecer que un no está en el lugar de ese otro que necesita”.  Es como contradictorio porque decís: “¿cómo voy a decir gracias si yo tengo y el otro no”? Sin embargo, es agradecer al universo que uno no está en ese lugar. Me parece que son maneras distintas de vivir el día a día porque no hace falta irse a una escuela de frontera en Formosa para vivirlo. El tema solidario pasa por la vida cotidiana: dejar pasar a una persona en la esquina o ayudar al que se le trabó el cochecito en una baldosa, entre tantas cosas. El ser solidario tiene que ver con estar atento al otro, no importa la magnitud.

¿Creés que el argentino tiene desarrollado el tema de colocarse en el lugar del otro?

Sí, pero le da miedo, desconfía, cree que por ser solidario le van a sacar más de lo que corresponde. Hay mucha fantasía alrededor de este tema. Sin embargo, vos te das cuenta cuando ayudás que no hay un lado b.

¿Cómo te acompañan tu mujer y tus hijos en este camino de la solidaridad?

Es imposible ser una persona así y que tu familia no te acompañe, es como que me los llevo puestos, no de mí hacia ellos, sino que es una manera de vivir. Yo a mis hijos no les digo que tienen que ayudar, me ven a mí, ven a su madre, observan el entorno en el que estoy, ven que participo en campañas. Y ellos fueron forjando esa personalidad de pensar en el otro.

¿Cómo fue que con tu mujer decidieron “adoptar” a Jossias (26) y Larcio (31), dos jóvenes de Mozambique?

Se dio de casualidad porque fui a trabajar al Vaticano por un tema social, conocí al Padre Juan Gabriel Arias y nos enteramos que había traído dos muchachos adultos de Mozambique a Buenos Aires becados por la Universidad Católica Argentina (UCA) para que estudien. En ese momento mi mujer los conoció a través de una radio, los invitamos a una cena de Año Nuevo Judío en mí casa y al poco tiempo el cura nos dijo que se volvía para continuar su misión en África (donde vive) y que no tenía a quien dejarle a los chicos. No les faltaba nada, pero necesitaban que alguien se hiciera cargo para ver cómo estaban. En ese momento nos lo propuso a nosotros, yo no me animaba a tanto pero mi mujer dijo que sí y así se dio la relación de manera natural.

¿Qué cosas aprendiste de esa experiencia?

Más que aprender, corroboré que cualquier persona a la que le das una oportunidad, tiene chances. Estos chicos venían de comer una vez por día, llegaron con un Carreón a la Argentina y se recibieron de dos carreras cada uno.

En el año 2013 Weich, junto a su socio, creó Conciencia, la primera empresa de consumo masivo del país con impacto social, que dona el 50% de los dividendos recibidos a cuatro ONGs. ¿Cómo surge la idea de crear Conciencia?

Durante toda la vida a mí me convocaron para juntar fondos para muchas ONGs conduciendo eventos y subastas, entre otras actividades. Entonces, se nos ocurrió con mi socio armar un producto que junte plata sin la necesidad de hacer el evento. Entonces, por ejemplo, vos vas a un kiosko comprás un agua o vas al supermercado y comprás arroz y estás ayudando.  Y nosotros donamos una vez por año la misma cantidad de dinero para cuatro ONGs. Ya estamos haciendo esto hace seis años y cada vez tenemos más clientes, nos hacen falta muchos más y vamos avanzando.

¿Se puede contagiar la solidaridad y el compromiso social?

Se puede contagiar, pero la única experiencia es viviéndolo. Es como la experiencia, te la puedo contar pero si no lo vivís es teoría. Yo creo que la solidaridad es un valor que se practica y al hacerlo te sale de manera natural, no es un esfuerzo.

Por último, ¿qué mensaje le darías a la gente sobre lo que puede hacer desde su lugar en relación a comprometerse con los demás?

Les digo que vayan a una ONG y si no les gusta pueden ir a otra. Es una búsqueda ser solidario, es encontrar que lo hace vibrar a uno, donde uno se siente útil. Con los abuelos, con los chicos, con los perros, con los cartoneros, con el medio ambiente. La clave es buscar qué cosa a uno lo hace sentir bien porque es ahí donde tiene que estar uno ayudando. Siempre hay un lugar donde uno se siente mejor.

Instagram: julian_weich

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