India: Da clases debajo de un árbol y así sacó a cientos de niños de la pobreza

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Es voluntaria y logró que los chicos dejaran de mendigar para vender sus propias artesanías.

En el año 2011 Jesumiel Barra (40) viajó a Varanasi (India) donde comenzó a trabajar como voluntaria en el hogar de la Madre Teresa de Calcuta  en una propuesta que surgió de ella misma para llevar actividades artísticas como la música y la pintura. En ese momento no imaginó lo importante que sería su presencia para cientos de niños a los que, con el tiempo, ayudaría a transformar sus vidas. Se trata de una historia de amor, de empatía, de entregar el corazón al servicio del otro. y

“Me pasaba que cada vez que iba para esa casa me iba encontrando con una gran cantidad de niños mendigos a quienes comencé a llevarles leche y comida. Los empezaba a peinar, cada vez iba tomando más confianza con ellos, los llevaba a bañar al río, les colocaba cremas y poco a poco me fui ocupando de todos los chicos de la zona”, recuerda.

Un impulso inexplicable

Un 25 de diciembre, recuerda Jesu, volvía caminando del hogar y sintió un “impulso inexplicable de su corazón” que le decía que en ese momento debía abrir una escuela callejera para esos niños.

-Vamos a la escuela –le empezó a decir a los niños que estaban por la zona.

-¿Qué escuela? –le preguntaban.

-Acá, ahora, la creamos debajo de este árbol –les propuso.

De esa manera, en ese mismo instante, a la orilla del río Ganges, Jesu comenzaba con su proyecto de la escuela callejera, aunque seguramente no imaginaba todo lo que vendría con el tiempo.

“Nos sentamos bajo el árbol, tenía papeles, pinceles y los chicos me agujeraban las hojas porque nunca habían tenido contacto con un lápiz y con un papel”, recuerda, con una sonrisa.

“La escuela tenía que ir a ellos”

Al día siguiente Jesu volvió al hogar y, de repente, se sorprendió con el hecho de que decenas de niños la estaban esperando en el mismo lugar en donde 24 horas atrás habían sido parte de la escuela callejera. “Me fui dando cuenta de que si ellos no podían ir a la escuela por las situación de casta baja y de rechazo de la sociedad, la escuela tenía que ir a ellos”, asegura mientras confiesa que se quedó sorprendía con la voluntad y con la disciplina que mostraban esos niños.

En la escuela, al aire libre, lo primero que hacía ella era ir a bañarlos al río. Después, almorzaban y luego les proponía hacer diversas actividades artísticas como, por ejemplo, dibujar y pintar. “Cada vez venían más niños hasta que en un momento las mamás se pusieron furiosas porque veían que sus hijos no les llevaban plata a sus casas y me empezaron a pegar a mí y a algunos turistas que me ayudaban con las tareas de la escuela”.

Una excelente idea

En esa parte de la India, y en muchas otras también, las familias pobres envían a sus hijos a la calle para mendigar dinero. Entonces, a Jesu se le ocurrió que los chicos podían hacer cosas para vender. Por un lado, podían sentirse útiles y, por el otro, cumplirían con el pedido de sus padres de conseguirles el dinero. “Esa mañana fui a comprar un montón de bolitas de cerámica y otras cosas de madera para que hicieran collares. Ese día cada uno hizo dos collares, los fuimos a ofrecer a los turistas y vendimos todo. En vez de llevarle a su mamá 50 rupias (como todos los días) lograron entregarles 150”, recuerda, orgullosa.

Al día siguiente, ni lerdas ni perezosas, las mamás de esos niños se acercaron a la escuela callejera para ser parte de ese emprendimiento. “Venían a hacernos notas de los diarios y de la televisión porque era algo que llamaba mucho la atención: todos los mendigos estaban bañándose en el río, aprendiendo cosas y las mamás empezaron a confeccionar los collares”.

A raíz de toda esa movida, Jesu les propuso que en vez de estar sentadas mendigando se trasladaran a un lugar más vistoso para armar una especie de puesto ambulante para vender las artesanías. “De esa forma la escuela se trasladó alrededor de las madres hasta que llegó una voluntaria desde los Estados Unidos que les empezó a enseñar a tejer y actualmente tres de esas mujeres ya se alquilan sus cuartos con el trabajo que hacen de tejido”, explica Jesu.

El amor sana y se contagia

Luego de tres años de éxitos de la escuela callejera, Jesu se dio cuenta que necesitaba otro tipo de infraestructura para poder continuar con su proyecto. Entonces, alquiló una antigua casa que se convirtió en un hogar para los chicos y sus familias. “Se formó un grupo de 25 chicos que fueron creciendo en el hogar, actualmente muchos de ellos ya tienen 17 años y son los que nos ayudan a nosotros a continuar el trabajo con los más chiquitos”.

Ya pasaron siete años de aquella mañana en la que Jesu le hizo caso a los latidos de su corazón, lo que le posibilitó cambiarle la vida a cientos de chicos y a sus familias. “En ese momento se me apareció eso y le dije que sí a aquello que estaba sintiendo y todo eso se multiplicó”.

¿Cómo colaborar?

Actualmente, Jesu vive en otra casa pero pasa casi todo el día en el hogar con los chicos. “Les damos de comer, los bañamos, les enseñamos a escribir, a leer, los llevamos al hospital y les brindamos mucha contención”.

Jesu cuenta que es mucho el trabajo que hace junto a los voluntarios y admite que hay días en los que no da abasto. Si bien cuenta con la ayuda económica de una asociación francesa que todos los meses les abona el alquiler del hogar y los alimentos de los chicos, necesitaría de otros aportes para poder seguir cumpliendo con esta misión.

“Estoy completamente entregada a ellos y mi trabajo es muy de madre de toda esta villa. Lo principal es cuidar la vida de aquellos que están descuidados y eso implica un trabajo muy grande. Los siento como mis hijos porque desde hace años que vengo compartiendo la vida con ellos”.

Quienes quieran realizar alguna donación pueden contactarse con Jesu  de las siguientes maneras:

Facebook: Voluntariado en India – Hijos de la luz

Celular: +91-8355001426

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