Fundó un hogar para dar amor a adultos mayores que iluminan su vida todos los días

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“Yo me siento feliz, puedo tener mil problemas pero llego acá y me olvido de todo”, asegura Cecilia.

Cuando Cecilia Melano era muy chica sus abuelos estaban en una muy buena posición económica. Sin embargo, al poco tiempo decidieron separarse. Él le dejó todo a su abuela y se fue a vivir a un auto en una carbonera. Hoy en día, a sus 44 años, Cecilia tiene imágenes en su cabeza que, según admite, no logra superar. Sin embargo, todas esas vivencias marcaron un antes y un después en su vida. Lo que no pudo hacer para salvar a su abuelo, porque apenas tenía 11 años, se transformó en un amor incondicional por los adultos mayores. Hace 19 años fundó el Refugio Dulce Hogar Mamá Cecilia, en Merlo, provincia de Buenos Aires, donde actualmente viven 55 personas. “Para mí, no son adultos mayores, son mis bichitos de luz, ellos iluminan el día de cada uno”, confiesa.

“A los 19 empecé a trabajar en un hogar de abuelos y me di cuenta de que era lo mío, a los viejos los amaba. Un día mi papá me dio unas llaves y me dijo que me había alquilado una quinta chiquita pero re linda por Merlo, con seis camas nuevas, con colchones, heladera y cocina. A partir de ese momento se vinieron a vivir conmigo dos abuelos del geriátrico donde trabajaba, José y Chocha, a quienes empecé a darles de comer para recuperar su salud”, recuerda Cecilia.

“No paré más”

En ese momento, seguramente no se imaginó todo lo que vendría con los años. Sin embargo, en el año 2000 fue al hospital a hacer un trámite y conoció a una trabajadora social, quien a la semana la llamó para decirle que había un abuelo que estaba en situación de calle. Cecilia no lo dudó y se lo llevó a vivir con ella. A partir de ese momento no paró más, como a ella misma le gusta decir.

Posteriormente, se fueron sumando más abuelos que llegaban a través de vecinos que conocían su iniciativa. Al principio, eran personas cuyas familias no podían pagar un geriátrico y le dejaban a Cecilia el poco dinero que cobraban de jubilación. Pero lo más triste era que nunca regresaban. “Yo nunca fui la dueña, yo siempre fui su mamá, ellos me llaman así y fueron ellos los que le pusieron el nombre al hogar. Tenemos un vínculo de igual a igual, tomamos mate todos juntos, nos matamos de risa”.

“Yo le inculqué a mi hijo el amor hacia los viejos”

Mientras su hijo Nacho (11) era bebé, Cecilia vivió en el hogar pero luego se mudó a cuatro cuadras. “Él ama esto. A mí me llaman a las cuatro de la mañana porque hay un abuelo en una comisaría y él siempre quiere venir conmigo. Baila con los abuelos, si tengo que salir por una urgencia él se queda con mis compañeras y ayuda a servir la merienda. Yo le inculqué a mi hijo el amor hacia los viejos y, gracias a Dios, él también lo siente de esa forma. A veces, viene con sus compañeros del colegio, se ponen a jugar a la pelota con algunos de los abuelos y las chicas le pintan las manos a las abuelas”, se enorgullece Cecilia.

Actualmente, viven en el hogar 55 personas que, además de recibir el cuidado, la atención y el amor de Cecilia y de las otras mujeres que colaboran en el hogar, realizan otras actividades. Por ejemplo, los lunes y los jueves tienen alfabetización en donde dos maestras les dan clases como si estuvieran en una escuela de adultos. Y a fin de año hacen una ceremonia con abanderados y entrega de diplomas. Además, realizan manualidades, tienen clases de computación y también juegan a las cartas y a la lotería, entre otros pasatiempos.

“Estoy haciendo que estos abuelos no sufran lo que sufrió él”

Cecilia no recibe subsidio económico de nadie y tampoco lo busca. El dinero entra a través de donaciones de comida y también cuentan con médicos (entre ellos, los profesionales de la iniciativa ¿Me regalás una hora?) que atienden a los abuelos en forma gratuita. «También conocí personas del Rotary Club de Libertad que son incondicionales y hace muy poquito hicieron un evento solidario y pudimos hacer un comedor enorme”, explica.

“Yo me siento feliz, puedo tener mil problemas en mi vida, pero llego acá y me olvido de todo. Siento plenitud en el alma porque no lo pude hacer con mi abuelo, pero sí lo puedo hacer con los otros. Es como que le estoy devolviendo a él lo que no pude hacer, estoy haciendo que estos abuelos no sufran lo que sufrió él”, confiesa.

Finaliza con un mensaje en pos de la inclusión de adultos mayores: “Lo más importante es que los aprendan a amar. Si das amor, recibís amor. Es un amor sano e incondicional. Ellos me llaman mamá y son hijos que yo quiero tener. El adulto mayor es lo más lindo que hay porque todo lo que te dan, lo hacen de corazón”.

Contacto:

Facebook: Agustin Cecilia Vazquez Melano

Celular: 11-5923-1979

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