Es pediatra y estuvo 20 días atendiendo a más de 800 niños en Haití.

“Dejamos más que algunas soluciones y medicinas para enfermedades, regalos y donaciones”, dice Andrea, orgullosa.

0
917

“Si bien solo aprendimos algunas palabras en Creol (el idioma local) la mayoría de las veces al ser niños tan pequeños, lográbamos comunicarnos gestualmente. Las sonrisas, los besos y las caricias fueron las palabras de seguridad que recibieron todo el tiempo para que podamos revisarlos sin que se sintieran amenazados. La sensación de plenitud ante las largas y calurosas jornadas de trabajo hicieron que todo el viaje fuera maravilloso”.

Andrea Saglimbeni (43) es médica pediatra y trabajo en la sala de internación de pediatría del Hospital Zonal de Esquel, sobre la cordillera de Chubut. Además, es parte de APNI (Asociación Por Nuestra Infancia) que desde hace más de tres años acompaña a los pediatras del Hospital de Esquel acercando al especialista al área rural.

A mediados de 2018, cuenta, surgió la idea de viajar a Haití para dar asistencia médica gratuita a los niños de escuelas y orfanatos y poder realizar un diagnóstico de situación para luego continuar con un proyecto a largo plazo que logre mejorar la calidad de vida de los niños institucionalizados.

En Marzo de 2019 y por 20 días viajó junto a otros médicos pediatras argentinos: Anelen Benitez, Cynthia Urtasun, Ezio Tracanna. Además, se sumaron Sebastián Ghioni (miembro de APNI) y Mar Granyer (miembro de Familias sin Fronteras por la Infancia, ONG Española que coopera desde hace varios años en Haití.

 “La realidad en Haití es muy cruda e impactante. Recorrimos gran parte del país y el común denominador es la pobreza y la desidia de un estado ausente. No hay salud ni educación pública. Los días se ordenan según la entrada y la salida del sol. Hay pocas familias que poseen generador para tener un par más de horas de luz, todo el comercio es callejero, la comida es sumamente cara”, se entristece Andrea.

¿Cómo era la rutina de trabajo?

Desde que nos levantábamos, bien temprano por la mañana, realizábamos los controles de salud a cada uno de los niños, pesábamos y tallábamos, detectamos patologías agudas que pudimos tratar y patologías crónicas que al día de hoy continúan en seguimiento. Principalmente desnutrición, infecciones de piel, parasitosis, disminución de la agudeza visual y evaluamos la salud bucodental.

¿Qué fue lo mejor que te pasó en el viaje?

La mejor experiencia fue haber permanecido siete días en Castaches, población selvática a 30 km de Jeremie, de difícil acceso por la condición del camino. Solo se llega en 4 x 4. Es una comunidad de un poco más de 1000 habitantes de los cuales vimos 450 niños y adultos con patologías. Hicimos base en la escuela, visitamos las viviendas habíamos llevado medicación y equipamiento médico. Llevamos, además, donaciones que fuimos consiguiendo durante todo el año previo. El pueblo de Trevelín, que es donde yo vivo, viene trabajando desde hace dos años en el proyecto de colaboración con Haití. Un grupo de mujeres que realizan costura confeccionaron 300 capas de lluvia ya que Castaches es área selvática y de mucha lluvia. También juntamos botas porque los niños caminan descalzos hasta 10 km de montaña para llegar a la escuela. También se confeccionaron cartucheras que llegaron con útiles escolares que todo el pueblo donó.

¿Qué cosas te impactaron?

Visitamos el Hospital de Cité Soleil, una de las ciudades más pobres y peligrosas de Haití, con un gran número de habitantes en casas muy precarias, dirigido por grupos armados y violentos, que lideran los barrios, acostumbrados a enfrentamientos armados, lugar de paso de drogas y prostitución, donde es fácil para los inocentes encontrar la muerte a la vuelta de la esquina. Un hospital totalmente desprovisto, con niños gravemente enfermos y médicos impotentes que saben cómo, pero que no pueden resolver los problemas de salud de los niños por falta de insumos.

Andrea, por último, confiesa que el viaje marcó un antes y un después no solo para ella, sino para todo el equipo de trabajo. “El accionar médico a más de 800 personas, que en muchas oportunidades nunca había tenido acceso a un profesional de la salud, no se compara con haber transmitido la sensación de lo importante que cada uno significo para mí. Dejamos más que algunas soluciones y medicinas para enfermedades, regalos y donaciones.  Para mí, una experiencia única, con una mezcla de sentimientos increíbles, con un plus extra, ya que desde hace tres años inicié los trámites de adopción internacional a la espera de la llegada de mis hijos. Sin dudas, nos trajimos más de lo que llevamos: sonrisas, miradas cómplices y el compromiso de regresar. El aprendizaje de vivir con lo necesario, de valorar lo imprescindible y de que la familia ocupa un lugar indiscutible”.

Para conocer más sobre esta experiencia que transformó la vida de Andrea pueden seguirla en su cuenta de Facebook: Andrea Saglimben

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here