Es ciego y trabaja dando talleres sobre vulnerabilidad social y discapacidad.

“La idea es que se puedan poner en el lugar del otro. Hacemos experiencias vivenciales como taparles los ojos y andar con un bastón o en una silla de ruedas”, dice Inti Costanzo.

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Tener discapacidad visual nunca fue un obstáculo para Inti Costanzo (25), un joven con muchas inquietudes que se recibió de politólogo y está a punto de terminar la carrera de Sociología en la UBA. Además, desde hace dos años trabaja en una ONG brindando talleres de sensibilización vinculados a situaciones de vulnerabilidad social y discapacidad.

Por cuestiones hereditarias y congénitas Inti nació con una discapacidad visual aunque hasta los 15 años logró mantener un resto de visión importante. A partir de ese momento comenzó a utilizar un bastón verde, que simboliza la baja visión. Sin embargo, siempre siguió adelante en busca de sus sueños.

“En ese momento comencé a utilizar los lectores de pantallas, el sistema que se usa en las computadoras y celulares para que un software determinado te lea todo el contenido de la pantalla”, dice Inti, en diálogo con Lado H.

Dar clases en la cárcel

Una vez que finalizó la secundaria, comenzó a estudiar Ciencias Políticas y se recibió a los 23. “Las personas con discapacidad, en general, nos encontramos con barreras que tienen que ver con recursos, cuestiones arquitectónicas, si los edificios están hechos o no de manera accesible, si las cátedras pueden garantizar o no el material digitalizado que es lo único necesario para que lo pueda leer un lector de pantalla, ya sea en Word o PDF. Por suerte, la UBA tenía bastante digitalizado. Muchas veces, las carreras no tuvieron estudiantes con discapacidad y no saben cómo lidiar con esa situación, lo cual habla de una población muy importante que no accede a los estudios universitarios. Por suerte, encontré muchas respuestas solidarias de mis compañeros y de mis docentes de querer acompañar, preguntar, de estar pendientes de cualquier necesidad que pudiera tener”.

Una vez que se recibió de politólogo, Inti empezó a dar clases ad honorem en el marco de UBA XXII, un Programa de la Universidad de Buenos Aires, dependiente de la Secretaría de Asuntos Académicos, que dicta carreras de grado con modalidad presencial y actividades de Extensión en establecimientos del Servicio Penitenciario Federal. Tiene por finalidad garantizar el acceso a la formación universitaria curricular y extra curricular de personas que se encuentran privadas de su libertad ambulatoria. Su metodología de cursada es la que lo distingue del resto de las propuestas universitarias y le otorga la condición de experiencia única en el mundo.

“Estuve dando clases a en la cárcel de Devoto y de Ezeiza. La experiencia que tuve fue muy positiva, las personas que padecieron situaciones difíciles en la vida son las que más empatizan con situaciones vinculadas a la discapacidad. De hecho, me encontré cuando entré a Devoto que los presos tenían organizado un programa para digitalizar textos para personas ciegas que lo enviaban a la biblioteca de personas ciegas de Capital. La recepción fue muy buena, en general la experiencia fue de mucho respeto y cuidado. Ellos valoraban este especio porque era como un puente hacia el afuera, uno de los pocos espacios de libertad que tenían”, afirma Inti.

“Ayudar a romper algunos mitos en relación a la discapacidad”

Desde hace dos años trabaja en la ONG CILSA, cuyos objetivos son promover la inclusión plena de personas provenientes de sectores marginados de la sociedad como niños, niñas y adolescentes en situación de vulnerabilidad social y personas con discapacidad.

Inti brinda capacitaciones en el ámbito educativo, da talleres de sensibilización, de diálogo, debate y reflexión sobre distintos temas vinculados a situaciones de vulnerabilidad social. Los ámbitos en los que se desarrollan estos talleres van desde universidades, escuelas, lugares públicos y empresas. “Tiene que ver con ayudar a romper algunos mitos en relación a la discapacidad y también que la gente pueda ponerse en el lugar del otro, hacemos experiencias vivenciales como taparles los ojos y recorrer con un bastón o en una silla de ruedas el establecimiento”.

¿Cómo reacciona la gente ante estas propuestas?

La respuesta de la gente suele ser de cierto miedo, de inquietud y de desconocimiento. La mayoría de las personas no saben bien cómo acercarse y vincularse. Esa sensación de desconocimiento muchas veces hace que elijan no vincularse. En los talleres se rompe con esa situación, se crea un espacio de mayor confianza para acercarse a la temática desde un lugar más ameno, lúdico y divertido.

¿Cómo se da la experimentación de colocarse en el lugar del otro?

Vivencian concretamente las barreras que tenemos las personas con discapacidad. Intentan dar una vuelta manzana en la silla de ruedas y se dan cuenta que se encuentran con obstáculos y con la mirada de la gente. Perciben que el mostrador que tienen está muy alto para llegar con la silla de ruedas o que no tienen un baño adaptado.

¿Posteriormente realizan una puesta en común para expresar las diferentes sensaciones vivenciales?

Si, en buena medida además de la experiencia vivencial el taller consiste en debatir, realizar una lluvia de ideas y discutir en relación a las nociones previas que trae cada uno sobre el tema. Se produce mucho intercambio.

Creo que, en general, rompemos algunas barreras y eso está bueno. La reflexión suele ser invariablemente que hay muchas cosas que habría que hacer aunque faltan los recursos. Más que nada vinculadas a cuestiones más públicas. En otros casos, se rompe el mito de que se tienen que hacer cambios enormes para que una persona con discapacidad pueda estar en un trabajo cuando simplemente se trata de instalarle un programa en la computadora.

Otras veces, se reflexiona acerca de los cambios sociales que se necesitan en algunos temas. Hay ciertos casos en los que las personas con discapacidad no solemos estar, por ejemplo, manejando un taxi, dando clases o  atendiendo en un kiosko. En general, la respuesta suele ser negativa porque hay como una serie de espacios que no están del todo habilitados para determinados colectivos.

¿Cómo se puede acortar esta brecha?

En general, hay varias herramientas posibles. Por un lado, lo indispensable son las políticas públicas, de pensar desde los organismos estatales o de los distintos espacios que más o menos delinean los trazos gruesos en educación, salud y trabajo. La idea es pensar que la educación sea inclusiva, que pueda contener a personas con discapacidad y no hacer escuelas para personas con determinadas discapacidades. Que los trabajos estén pensados de manera accesible. Tiene más que ver con empezar a pensar a la sociedad de otra manera.

Después, hay un trabajo más cultural y social de toda la gente que hacemos un ejercicio permanente por intentar ser mejores personas y ciudadanos y eso implica asumir cierta conciencia y hacer cosas en consecuencia. También hay aportes chiquitos que se pueden hacer como, por ejemplo, no dejar el auto estacionado en una rampa para personas con discapacidad hasta cuestiones como los valores que les transmitimos a nuestros hijos como, por ejemplo, si ayudamos o no, si somos o no solidarios en la forma en que nos vinculamos con personas con discapacidad.

¿Qué mensaje les darías la gente que, tal vez, por miedo o por ignorancia no se anima a vincularse con personas con discapacidad?

Tenemos que intentar empezar a pensarnos como una sociedad diversa y, por lo tanto, no generalizar ni pensar que una persona por tener una determinada característica va a ser de una determinada manera. Por ejemplo, que todas las personas ciegas reaccionan de la misma forma. Hay como una tendencia a pensar eso y a veces puede pasar esto de que prefieren no ayudar porque la persona con discapacidad se puede enojar ya que, quizás, alguna vez les sucedió que esa persona se enojó porque no querían que lo ayudaran a cruzar la calle. A veces, está presente la «sobre-ayuda», que es lo que más ocurre: una cierta tendencia a infantilizar a las personas con discapacidad y pensar, a priori, que están en una situación de dificultad. Y no siempre es así.

Contacto:

inti_1994@hotmail.com

Es ciego y trabaja dando talleres sobre vulnerabilidad social y discapacidad

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