Día Nacional del Músico: Volver a escuchar y encontrarse con la música

Alguien se preguntó qué pasa cuando las personas que padecen de hipoacusia son implantadas y se encuentran con su propia voz. ¿Pueden estas personas desarrollar el oído musical y practicar algún instrumento como alguien que no padece esta enfermedad? Máximo demuestra que es posible volver a escuchar y también encontrase con la música, luego de una cirugía coclear.

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En el Día Nacional del Músico queremos destacar la historia de Máximo, un niño de 6 años oriundo de General Roca-provincia de Río Negro-, que padece de hipoacusia neurosensorial bilateral.  Luego de haberse sometido a dos cirugías de implantes cocleares, Máximo no solo pudo volver a escuchar, sino que también pudo encontrarse con la música y así comenzar a practicar una de sus pasiones: la batería.

“La hipoacusia neurosensorial afecta el oído interno y suele ser permanente e irreversible. Este tipo de pérdida auditiva presenta diferentes grados: leve, moderada, severa o profunda. Para los casos de hipoacusia severa y/o profunda, el implante coclear puede resultar una excelente opción de tratamiento” destacó la Lic. Micaela Constanzo, audióloga de MED-EL.

Este fue el caso de Máximo, quién ahora es usuario de implantes cocleares bilaterales. Aunque los síntomas fueron descubiertos por su madre cuando el niño tenía apenas 5 meses de vida, la primera cirugía se llevó a cabo cuando Máximo cumplió 1 año y  8 meses y la segunda  en octubre del año pasado. Cabe destacar que ambos implantes fueron provistos por MED-EL, compañía líder en tecnología para soluciones auditivas.

“Ambas experiencias fueron completamente distintas, ya que se trata de un camino largo que requiere de un proceso de adaptación”, cuenta Karina que, si bien no puede olvidar lo angustiante que fue todo este proceso para su familia, recuerda con emoción la primera vez que su hijo le dijo: “Mamá, escucho”.

Asimismo, Karina cuenta que el niño desarrolló desde muy chico su pasión por la música. Esta comenzó cuando ella lo empezó a llevar a la iglesia y él apoyaba sus oídos en los parlantes para sentir las vibraciones del sonido. Una prueba más de que la música no solo se escucha, también se siente. Vale mencionar que por ese entonces el niño no contaba con ninguno de sus dos implantes.

 “Al no contar con el sentido de la audición, Máximo pudo desarrollar otros sentidos y otras formas de comunicarse, por ejemplo, él es muy observador: aprendió a marcar el ritmo de la música viendo a su tío tocar la batería y también aprendió a leer muy bien los labios”, dice Karina emocionada. Ya con su primer implante, Máximo comenzó a tocar la batería de una forma muy rudimentaria: con las ollas que había en la cocina de su casa.  

 A partir de la segunda operación, el niño de 6 años se encontró con la música desde otro lugar. Por primera vez pudo comenzar a tomar clases de batería, lo cual en principio resulta bastante extraño, ya que se trata de un instrumento fuerte y poco recomendable para los oídos.

Karina cuenta orgullosa que el profesor lo felicita constantemente y le dice que «lleva la música en la sangre», porque tiene mucha facilidad para aprender y “sacar” las canciones que le enseñan.

Hoy en día, Máximo “cuida sus implantes como oro porque sabe lo importantes que son para él”, dice su mamá. Después de casi cuatro meses, desde la última operación, Máximo toca cada vez más fuerte la batería y siempre que visita al médico pide que le suban un poco más el volumen de sus implantes. «Máximo siempre, aun cuando no tenía implantes, encontró la forma de hacerse escuchar», concluyó Karina. 

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