UNA FOTO, UNA HISTORIA

Todo hijo es un maestro

Todo hijo es un maestro

Agustín tiene capacidades diferentes y el resto de la familia aprende día a día con esta experiencia.

Agustín es un maestro. Sin saberlo ,enseñó a quienes lo aman valientes verdades que no se roban ni se hurtan: se conquistan.

Enseñó saberes milenarios de acceso difícil y empinado. Y paso a paso Karina, su mamá, aprendió.

Primero aprendió del dolor. Que lo que duele, duele. Un hijo enfrentado a dificultades vitales, de validamiento personal  e independencia, duele en las vísceras, duele en la piel, en la uña también. Y con este sentir Karina caminó la vida por un rato.

Pero separó lentamente y, no sin esfuerzo, el dolor del sufrimiento y se quedó sólo con lo primero para dejar de sufrir extras en ese devenir cotidiano.

Después aprendió de la frustración. Al ver a Agustín enfrentarse una y otra vez a sus propios límites, se marchitaron de a poco algunos  sueños cargados de ilusión. Así caminó Kari de la mano de esta verdad. Y así entendió que la frustración no es evitable, pero que en toda caída mora una gran oportunidad.

Más adelante aprendió acerca del fluir. De la entrega a lo que la vida trae sin permiso y sin aviso. Y tuvo que despedir ideales de viejas estructuras previsibles y amigarse con lo inesperado, con el imprevisto. Deambulo así por dias soleados y tormentas hasta que fue de a poco integrando una a una las emociones diversas que forman parte de este transitar.

Agustín es un maestro. Está lleno de capacidades. Diferentes. Aun sin saberlo tuvo y tiene la capacidad inmensa de ayudar a su mamá en el despertar.

Y así Kari camina la vida hoy. Despierta, transformada.

Agustín es un maestro y lo seguirá siendo. Enseña que para él existe el diálogo aunque no se hable, que los ojos expresan mares de sentimientos, que un gesto, un detalle mínimo, valen más que mil palabras, que el amor de madre a hijo no tiene condiciones. Enseña a saber pedir ayuda, a que a veces no podemos solos, también muestra cuánto podemos, aunque a veces no seamos conciertes. Nos señala la propia potencia, y también los límites.
Pero lo principal: obliga a aprender que la felicidad no adviene de las conquistas externas sino de estar conectados con nuestro centro, creando la mejor versión con aquello que por destino nos ha tocado. Tarea ardua, cotidiana, dificil. 

¿Pero acaso no son aquellos maestros difíciles de los que más aprendemos? Kari se transforma a través de Agustín y eso la hace vital, radiante, potente.
Eso es lo que hace que sea una mujer sabia, con unos ojitos azules brillantes que, como un sol con luz propia, cada día iluminan más y mas.

Multipliquemos lo bueno

Basada en la historia real de Agustín Rozenberg y sus papas, Karina Merkier y Marcelo Rozenberg.

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