UNA FOTO, UNA HISTORIA

“Toda vida tiene un sentido”

“Toda vida tiene un sentido”

El escenario es un hospital Israelí, cercano a la frontera con Siria y Líbano.

Testigo de misiles que van y que vienen, que vienen y que van, el hospital se erige como una bandera de la Paz, llorando por la humanidad, esperanzado por la humanidad.
Allí nadie baja los brazos en la lucha por hermanarnos en esta vida tan preciada como finita.
La lucha por compartir pacíficamente el territorio que nos ha sido prestado por un rato, con la humildad de saber que es sólo eso, un préstamo, y que de nada somos dueños.
Alejandro trabaja día a día en ese mundo paralelo, en esa otra realidad. Quizá el mundo que se ríe de un afuera enloquecido, ensangrentado, diabólico.
Alejandro se mancha las manos de sangre, intentando sanar las heridas de guerra que la historia no para de contar.
Y con conciencia es que entrega su arte para enmendar los dolores del cuerpo y del alma.  
Ansía en cada costura enhebrar una historia posible en donde sus hijos y los de enfrente puedan jugar en la vereda alguna vez.
Alejandro logró recientemente el reconocimiento de la humanidad, al ser nominado como uno de los pre-candidatos posibles a recibir el próximo premio Nobel de la Paz.
Dicha nominación es fruto de un gran trabajo y esfuerzo personal.
Es fruto de la coherencia de su sentir y su pensar puesta en acto, día a día, cada mañana.
Es fruto de la humildad de saberse parte, nunca el todo, nunca el único, de un proceso que abarca a cientos y a miles de humanos luchando por la misma causa.
Para Alejandro  se trata de un desafío personal.
Aquel que nadie le puede prestar, porque es una conquista individual, exclusiva de cada quien. 
Cuando encontramos un sentido todo toma otro color.
Es como encontrarle el verdadero sabor a la vida. 
Ayuda a no marearnos con la cantidad de sinsabores que sin duda acontecerán, sea lo que sea que intentemos hacer para evitarlos.
El propósito no estará necesariamente de la mano de lo que hemos creído de nosotros mismos, o de lo que nos han contado que somos desde nuestros días tempranos.
Porque no somos sólo lo que vemos. Ni lo que ven. 
El espejo engaña y hay que mirar profundo y agudo para vernos. 
A veces el camino se revela cual un hallazgo, un descubrimiento azaroso (sabemos que no lo es), que nos desvía de nuestro andar rutinario, cotidiano y nos ubica en un recorrido nuevo, alternativo, con diferentes matices y colores.
En otras ocasiones es a raíz de una larga búsqueda que la dirección se muestra sin vestiduras ni disimulos y nos dice: “es por ahí!”
Cuando el propósito del alma se devela aparece el verdadero desafío de lo que vinimos a hacer.
El corazón sabrá de inmediato si se trata de una verdad, porque se enciende, se despierta, se acelera. 
El entusiasmo es la medida. Se vivencia cual un fuego interno que ilumina hacia adentro y hacia afuera. 
Alejandro vive despierto, y agradecido.
Con la gratificación por haber encontrado su destino. 
Elige ser parte de un mundo en donde no hay fronteras para el dolor ni para el amor.
Y allí se encuentra. A el mismo y al sentido de su propia existencia.
No hay mayor paz que aquella que deviene de saber que estamos en donde tenemos que estar, caminando hacia la evolución de nuestra alma. Porque el alma es sabia y conoce el camino. 
Confiemos en nuestra sabiduría interna, el camino de la evolución no es fácil.
Es altamente costoso. 
Y así de gratificantes serán sus recompensas.

Basado en la historia real del Dr. Alejandro Roisentul, médico argentino que trabaja en el Centro Medico Ziv en Safed.
Más de 1500 heridos sirios han sido atendidos del 2013 a la fecha en dicho hospital.
El Dr.A.Roisentul se encuentra hoy entre los elegidos para integrar la campaña para la nominación por el Premio Nobel de la Paz por su labor humanitaria. Podés sumar tu voto en: 

https://www.change.org/p/jewish-christian-communities-nobel-peace-prize-...