UNA FOTO, UNA HISTORIA

Sanar las heridas del pasado

Sanar las heridas del pasado

Conocer y mirar los dolores de nuestros antepasados puede ayudarnos a comprender nuestro presente.

La historia -no tan lejana- repartió familias enteras por distintos continentes.
Las guerras, el hambre y las persecuciones desmembraron a hijos de padres, hermanosy  amigos, separados todos de la tierra que los vio nacer.

Cuando una familia se parte quedan fragmentos desparramados por ahí. Piezas de rompecabezas que navegan solas en otras latitudes ansiando algún día reencontrarse. Añoranzas que se prolongan por días, por noches, por meses y por años. Por generaciones enteras.
Pero en algún momento, alguien en ese árbol genealógico entretejido por una red de humanos, ocupa un lugar privilegiado y reparador de una historia trascendental. Ser consciente o no de ésto no cambiará los hechos pero si la mirada sobre de los mismos, la comprensión y por lo tanto el modo de vivirlos. Y de sentirlos. 

Cuando Roxana* decidió emigrar de Argentina hacia Estados Unidos no suponía lo que estaba por venir. Su mudanza no transcurrió sin pena ni gloria.
Trasladar las pertenencias a otro lugar es mucho más que eso. Es ir mudando de a poco partes de uno mismo, pedacitos esparcidos en el espacio que deberán juntarse para estar enteros en otro lugar. Roxana se mudó, pero su familia de origen se separó en ese traslado. Se repartió. Vivieron lejos sin darse cuenta que el destino de re-unión los haría volver a juntarse. 

Roxana eligió emigrar, rearmar con su marido y sus hijos  una nueva vida en un nuevo lugar.
Y de a uno, lentamente, fueron llegando... primero una hermana, luego la otra y por último los padres. Y así familia se reencontró.
Cómo no pudo ser antes, en la vida de sus ancestros, de sus antepasados. 

Ser descendiente de familias que emigraron sin desearlo, atravesadas por el miedo y el horror, trae consecuencias. Son historias de rupturas, de agujeros sin zurcir, de separaciones nunca deseadas y reencuentros nunca logrados.
Sin saberlo, Roxana repara las lágrimas de un árbol al revivir ahora con otro destino, aquello que dejó huellas sin borrar.
Re-junta las piezas en otro lugar, felices del reencuentro.  ¿Cuántos rostros que no se han vuelto a ver?¿Cuántos corazones doblados? ¿Cuánto dolor esconde aquella familia que fue obligada a despedirse por auto-salvación ? ¿Por preservación? Mucho, sin duda.

Y son esas heridas con sus efectos las que viajan en la trama de las generaciones, ocupando pequeños recovecos invisibles en el alma de un grupo familiar.
Sanar los dolores del pasado: los vividos y los  heredados, es absolutamente necesario para vivir una vida plena, entera, no fragmentada.

Multipliquemos lo bueno

*Basada en la historia real de Roxana, quien emigró a Miami en marzo del 2003 reuniéndose toda la familia finalmente en el año 2010.

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