¿Hablaste con los árboles alguna vez?

Les contaste tus deseos, tus anhelos, tus miserias, tus dolores?

¿Intentaste oír sus murmullos? ¿Sus saberes ? ¿Sus respuestas silenciosas pero tan elocuentes?

La naturaleza nos re-conecta.

Nos orienta cuando hemos perdido el diálogo con nuestro interior.

La naturaleza es un puente 

maravilloso hacia nuestra casa, hacia lo divino que mora en cada quien.

Las montañas, los ríos, las piedras, forjan coreografías  perfectas, armónicas.

Basta con mirar detenidamente  el cielo y se impone el agradecimiento.

Las gracias por ser.

Por la vida.

Por lo enorme y rica que es la experiencia de estar vivos.

La naturaleza nos da la sensación de riqueza y de abundancia. 

Nos empondera y magnifica.

Envuelve nuestro cuerpo de energía y realza nuestra inmunidad.

Ser partícipes de un todo que nos pertenece y del cual somos parte nos otorga sensación de unidad, de completud.

Depende de nosotros abrir los sentidos para que el intercambio ocurra .

Cuando las emociones nos atrapan: el agua que limpia y lava nos rescata.

Cuando nos hundimos en los recovecos de la mente: el viento que mueve y agita nos 

despabila.

Cuando perdemos la brújula y el sentido: el fuego se enciende e ilumina el camino para regresar.

Cuando soltamos el ancla y no habitamos nuestro territorio: los árboles y sus raíces nos ayudan a enraizar.

Agua-aire-fuego-tierra.

Los 4 elementos que la naturaleza oferta. 

Cada uno espera a ser convocado,  porque  tiene mucho para dar.

Aprendamos a escuchar el idioma que hablan, es sin duda un arte exquisito abrirnos a dialogar con ellos.

¿Hablaste con los árboles alguna vez? 

Elegí uno, sentí la mutua atracción, sentite  elegida también.

Probá. Y viví la experiencia.