UNA FOTO, UNA HISTORIA

LA SENSUALIDAD NO TIENE EDAD

belleza responsable

¿Puede la imagen de una mujer grande desnuda tener belleza?

Llevo más de medio siglo atendiendo mujeres como ginecóloga.

Me ha tocado acompañarlas en las diferentes etapas de la vida: su adolescencia,  ayudándolas en el nacimiento de sus hijos, la madurez y la vejez, mientras yo atravesaba las mismas etapas que ellas, con las mismas dudas, cuestionamientos e interrogantes, para los cuales mi título de médica no me servía para nada.

El despertar sexual, la formación de la familia, los logros personales tienen una connotación de proyección, de futuro, de expectativas, de metas.

Pero en la madurez y la vejez…….la cosa parece complicarse, al menos en la sociedad en la que yo crecí.

Las modificaciones del cuerpo en la adolescencia o en el embarazo son  promesas de eventos felices: transformarse en adultas, tener un hijo, conservar un cuerpo atractivo después de estas situaciones.

Por el contrario, los cambios que comienzan a sucederse promediando la cuarta década de la vida tienen otro carácter, en general bastante negativo, asociados a la pérdida de capacidades, de belleza, de funciones, de sexo, de atractivo, de decadencia, de posibilidades laborales o amorosas, de capacidad intelectual……. Solo que,  por suerte, esto no ocurre en todas las mujeres, y ese es el núcleo de los que quiero trasmitir a través de fotografiar a mujeres mayores.

En Oslo visité  Vigeland Park, que tiene un gran número de esculturas hechas en cemento, que representan seres humanos en diferentes etapas de la vida y en diferentes momentos o situaciones, desnudos. Uno de esos grupos era una pareja de abuelos, jugando con dos nietos de unos 5 años. Los cuerpos de los abuelos eran ostensiblemente viejos, la mujer estaba como en 4 patas y le colgaban las mamas fláccidas y había otros signos de senectud, y sin embargo  yo veía una increíble belleza en esos cuerpos. No sabía  por qué, pero eran realmente bellos. Creo que tenía que ver con la actitud amorosa hacia los niños y la vitalidad que emanaba de ellos en ese juego.

A partir de ver las esculturas y por otro lado de los comentarios que escuchaba de mis pacientes en relación a sus cuerpos, comencé a mirar las mujeres de edad que venían a mi consultorio de otra manera, buscando si en esos cuerpos también había belleza o la belleza es solo una piel tersa, sin celulitis ni manchas, firme, que no cuelga por todas partes.

Y pensé que quizás una mejor forma de comprenderlo era a través de la imagen fotográfica.

Comencé tomando fotografías a amigas muy voluntariosas que se presentaron generosamente. Luego probé con modelos profesionales pero no entendían la idea y cruzaban con mucha facilidad la delgada línea que separa la sensualidad de la pornografía.

Pude seguir con mi trabajo cuando comencé a fotografiar a mujeres de más de 60 años, que en conversaciones sociales se interesaban en mi proyecto y pedían ser fotografiadas.

Y allí apareció el tema de la sensualidad: que como dijo una compañera de fotografía: “El cuerpo en sí mismo no es sensual, lo que le da la sensualidad son los gestos” Eran los abuelos de Vigeland. Su belleza era el placer del juego con los nietos.

A través de este trabajo, (que ya lleva 6 o 7 años) pude encontrar respuesta a muchas de las preguntas que me formulaba:

¿Dónde está la belleza de las mujeres mayores? ¿En una mano que acaricia, en unos ojos vivaces aunque estén rodeados de arrugas?

¿Puede la imagen de una mujer grande desnuda tener belleza?

¿Qué dice el cuerpo de una mujer de esa edad: habla la edad o habla el cuerpo?

El desafío está en lograr imágenes en las que no importan las arrugas o las señas del paso del tiempo; en las que se ponga en evidencia que la belleza no tiene que ver con la perfección sino con los sentimientos, los gestos, las actitudes: eso que hace decir “no parece la edad que tiene”

Es tratar de capturar a través de la cámara la aceptación de los cambios, la serena sensualidad de esta etapa de la vida, esa llama secreta que muchas de ellas tienen.