UNA FOTO, UNA HISTORIA

La música, un lenguaje universal

La música, un lenguaje universal

Claudia despidió en poco tiempo a dos hijos que la vida le regaló por un rato.

Claudia es una mujer de batalla, una combatiente. Años entregada a la lucha que la vida y la muerte libraban delante de sus ojos.
Despidió en poco tiempo a dos hijos que la vida le regaló por un rato y hoy, habiendo aceptado a la muerte como parte de su vida, necesita recomponer el vínculo con su otro hijo, tan vital como esquivo.
Encuentra en la música una aliada, y allá va. La música es un canal, un río, un mar.   
Un cauce a las emociones revueltas, que navegan en las melodías y así van nadando, viajando y dejándose llevar.

En la vida de Claudia y Matias las palabras sobran, no entran.
Cuando hay mucho dolor suele ocurrir que no hay cómo nombrar. Ninguna letra alcanza para traducir semejante magnitud de acumuladas sensaciones.
Y ahí aparece : Su Majestad, la música, porque ella sí puede alojar cualquier vaivén, una paleta entera de sufrimientos y de alegrías.

Cuando Claudia descubrió la música en su hijo, se encontraron para compartir el arte de entregarse a la magia de enhebrar en cada acorde un dolor, o un amor. Ella con el canto y con su voz, Matías con su rítmica conexión, ambos saben que tejen cada día un poco más de historia en cada canción.

Claudia entiende hoy que el silencio es un tempo, y que la distancia es parte del compás. Que está con su hijo en un diálogo intenso, continuo, nunca olvidado, sólo acompasado, para que tenga la posibilidad de ser.
Si ella lo apura se perderá la maravillosa oportunidad de encontrar el puente que la conduce al alma plena de amor de Matías.

¿Si la invitación a acercarte a tu hijo sucede a través del arte, no es acaso una maravilla?

Semejante invitación es un honor al espíritu, lo enaltece. A través del arte, la persona se desfigura, puede dejar su atuendo y amasa en cámara lenta las emociones que se alojan en la panza, en la mente y en el cuerpo.

Emociones que, cual ocupas peligrosos, invaden el territorio e intentan no circular. Se trata de movilizarlas para que quede espacio, para poder respirar, fluir, vivir.

Claudia sabe, hoy sabe, que el diálogo existe porque lo sintió. Sabe que con su hijo pueden danzar un dolor, escribir un poema o tallar un amor a través de los vientos, las cuerdas y los tambores.
Sabe y se tranquiliza. No hay prueba más verídica que la vivencia, esa que cala los huesos y que penetra directo, sin pedir permiso, se aloja en el corazón y se revela como una verdad muda y elocuente.

Claudia sintió esa verdad: que el amor entre ellos está vivo, que existe entre ellos un lenguaje que traspasa toda frontera y que es inmortal.

Me inspira ver a Claudia lunes tras lunes llevando adelante su historia y su destino.
La fortaleza de su alma para no dar tregua al desafío de, a pesar de todo, vivir una vida feliz.

 

*Inspirado en la vida real de Claudia B