UNA FOTO, UNA HISTORIA

Cuando la enfermedad ilumina

Cuando la enfermedad ilumina

Betina tuvo cáncer de mama y encontró una forma de brillar a través de esa experiencia.

¿Quién es Betina? ¿Cuál de ellas? ¿La anterior a la enfermedad o la que renació luego de la misma?

Un accidente o un evento traumático pueden resultar en un dolor que quede enquistado, guardado por siempre, lleno de moho creciendo en la vieja herida, o puede ser el paso obligado hacia otro camino, una puerta a un futuro diferente.

En Betina la enfermedad llegó como una especie de alarma, de esas que vale la pena escuchar porque nos avisan de un peligro. Ella lo hizo.

Lejos de quedar atrapada en el miedo y el enojo, eligió la transformación. La transmutación.

Y así abandonó viejos ropajes, cómodos pero inútiles, anclajes a formas que nada aportaban a su desafío vital. Se encontró ante la posibilidad de despertar, y eligió hacerlo.

Salir del adormecimiento de la anestesia es altamente costoso, y tiene un precio. Implica renunciar a lugares cristalizados que alguna vez sirvieron pero ya son añejos, ajenos. 

No salir de esa especie de confortable equilibrio conocido también tendrá su costo. Conlleva convivir con el automatismo de la respuesta que no sorprenderá.
Cuando el cáncer apareció en su cuerpo, Betina eligió sorprender/se, desafiar/se. En un cambio interno y externo que conmovió desde su imagen física hasta su alimentación.

Durante ese proceso se hizo de aliados que, cual faros, le indicaban el camino a seguir. Sus aliados: la meditación que le enseñó a co-crear nuevas realidades, sanando lo viejo y aceptándolo y el yoga, un encuentro con su cuerpo desde otra mirada. Sus maestros, quienes desde la experiencia y la coherencia le enseñaron que  todo era posible, los compañeros de ruta: buscadores incansables en la vida que, como ella, saben que el tesoro verdadero habita en el interior.

Y su aliada incansable: la sana alimentación, que nutre en lugar de llenar, que sacia en lugar de tapar. Así, Betina se fue iluminando y dejando que su luz interna se manifieste, irradie, atraiga.

Se fue iluminando y empezó a dar luz: a sus hijos, a su marido, a sus amigas. Después llevó esa luz a la comida y la cocina se transformó en un lugar para dar alimento sano, primero a algunos pocos y, paso a paso, a muchos más. Así fue y va prendiendo a otros en su andar.

Porque al encender en ella su propia luz, habilitó el don y la virtud de ayudar a otros a hacerlo. Creo que lo sabe pero es humilde, y se guarda para sí esa porción de saber que alimenta más un ego que un ser.

Ella es brillante porque tiene su interior vivo, atento. Claro que lo sabe, y los que estamos cerca de ella, recibimos ese don en silencio y agradecidos, porque esa es la cualidad de la energía que da.

 

*Este relato está inspirado en la historia real de Betina P. Una mujer inspiradora que, con su fortaleza y constancia, enseña que el renacer es siempre posible.