UNA FOTO, UNA HISTORIA

Cuando el cuerpo nos habla

Cuando el cuerpo nos habla

Cuando Vanesa empezó a escuchar lo que su cuerpo tenía para decirle, un nuevo camino se abrió a sus pies.

Los dolores en el cuerpo la despertaban por la mañana, por la tarde o a medio dormir. Se presentaban para visitarla sin permiso e interrumpían un día cualquiera, ordinario. Fue el cuerpo con su grito quien la llevo a buscar una respuesta.

Y Vanesa comenzó a transitar un camino poco exitoso entre profesionales que miraban las partes y nunca el todo. Con respuestas esquivas, partidas, ella caminaba sin cesar. Buscando nudos añejos, saberes ocultos, aquello que la conciencia no podía encontrar. Dolores del alma que el cuerpo pedía de sanar.

Vanesa* empezó a comprender de a poco que aquello que le sucedía exigía una lectura distinta, una decodificación. Que se trataba de un jeroglífico riquísimo, bello, exquisito. Que cada dolor traía una información maestra, cada molestia un regalo, cada malestar una hipótesis. Y así aprendió. A fuego lento y no sin esfuerzo a mirar su espalda pesada, sus hombros quejosos, con una mirada de auténtica recepción.

Aquí estoy: cuéntenme. Aquí estoy.

Este proceso de conectar con lo que su cuerpo sabía y quería contarle la llevó por el camino de aprender más y más.  La llevo a leer sobre ese lenguaje infinito de lo que cada cuerpo tiene para contar. Porque contamos con nuestra biología una historia. La nuestra, la de nuestros ancestros y la de tantos cuentos más.

Así pasó de diseñar letras perfectas de computadora en su escritorio de diseñadora gráfica a diseñar coreografías de más y más profundidad en sus estudios de danza terapia. De un lenguaje escrito a uno que se escribe en cada movimiento. 

Vanesa cree en el movimiento del cuerpo y entiende que somos energía y que la misma necesita circular. Que lo que queda quieto se entumece y lo que movemos se dinamiza, circula, camina. Lo sabe porque lo ha atravesado en su vivenciar. Y así despertó, poco a poco, tras oír reiterados despertadores dolorosos y poco comprensibles.

Hoy Vanesa trabaja. Con ella y con otros.  Porque venimos al mundo a ofertar aquello que aprendemos, el don que se nos dio. En su trabajo ella danza, mueve, estimula, conecta, los cuerpos trabados, nunca mudos, siempre interesados en hablar. Ayuda a otros en una terapia basada en el movimiento, y quienes la conocen saben que curarán el alma en este modo de caminar.

 

Multipliquemos lo bueno

*Basada en la historia real de Vanesa, quien a partir de un diagnóstico de fibromialgia comienza su transformar. 

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