POR EL MUNDO

HIgh Line, una transformación urbana

Unas vías abandonadas son recuperadas por los vecinos para realizar un parque aéreo que se convertirá en un nuevo foco artístico. 

¿Qué nos gusta de nuestra ciudad? ¿Hay lugares que nos ayudan a encontrarnos? Cómo influyen estos espacios en nuestro día a día? ¿Puedo transformar mi barrio a partir de pequeñas acciones junto a mis vecinos? 

“Cuando la gente piensa en las ciudades, piensa en cosas concretas. Piensa en edificios, calles, rascacielos y taxis ruidosos. Cuando yo pienso en las ciudades, pienso en la gente. Principalmente, las ciudades tienen que ver con la gente: adónde va y dónde se reúne está en la esencia de lo que hace que una ciudad funcione. Así que, aún más importantes que los edificios son los espacios públicos entre ellos. Hoy en día, algunos de los cambios más transformadores de las ciudades se dan en los espacios públicos” cuenta la planificadora urbana Amanda Burden en su charla TED. Uno hito dentro de las transformaciones urbanas contemporáneas es la High Line de Nueva York. 

Al comienzo, lo que hoy es el High Line, era una línea de tren que iba por la 10ma avenida de Nueva York. Era conocida como la Avenida de la Muerte por la cantidad de personas que morían atropelladas. Para evitar los accidentes, la empresa contrató a un hombre para que cabalgue delante del tren, pero aún así moría una persona por mes. Es por esto que en 1929 decidieron elevar la vía. La construyeron a diez metros de altura en el medio de la ciudad.  A medida que fueron pasando los años el tren se usaba cada vez menos, hasta que en 1980 pasó por ultima vez un tren. Cuentan que transportaba pavos congelados para el Día de Acción de Gracias. A partir de entonces, las vías quedaron abandonadas.

High Line - Paisaje Silvestre

Nueva York planeaba tirar abajo la High Line, cuando Robert Hammond conoció a Joshua David y sugirieron: ¿Por qué no transformarla en un parque? Fue así que comenzaron con la organización Amigos de la High LIne (Friends of High Line). En principio el objetivo solo era preservarlo pero, poco a poco, descubrieron su potencial. Cuenta Hammond en su charla TED,  “lo primero que me atrajo o me interesó, fue esta vista desde la calle, que es esta estructura de acero, medio oxidada, esta reliquia industrial. Pero cuando subí, eran más de 2 kilómetros de flores silvestres corriendo por el medio mismo de Manhattan con vistas al Empire States, a la Estatua de la Libertad y al río Hudson. Y ahí fue que empezamos realmente; la idea se unificó, hagamos de esto un parque, y dejemos que esté un poco inspirado por este paisaje silvestre”.

Y así fue. La High Line se convirtió en uno de los espacios públicos más visitados. En el 2009 abrió la primera sección, en 2011 la segunda y en 2014 la última. Con un total de 2.33km recibe cada año alrededor de 5 milllones de personas. Se convirtió tanto en una atracción turística como un espacio de recreación de los vecinos. Con su rediseño silvestre invita a que sus murales sean intervenidos, a utilizar la vía para performances interactivas o a denunciar el descuido (y por ende, la contaminación) de Río Hudson.  Robert nos cuenta que cuando abrieron la High Line se encontró con mucha gente que caminaba de la mano. Y los neoyorquinos no se toman de las manos en publico, pero lo hacen en la High Line. “Ese es el poder que puede tener un espacio público para transformar la forma en que la gente experimenta su ciudad e interactúa con los demás”.

High Line

Ahora, que la High Line es extraordinariamente popular puede que algunos empiecen a ver algo más que un parque. Burden cuenta que estos espacios públicos siempre se prestan a intereses comerciales. Si tanta gente viene a caminar por el parque, ¿por qué no sacar las plantas y poner negociosos? ¿No sería estupendo? ¿No traería mas dinero a la ciudad? A lo que Burden sentencia: ¡Pues no! No sería estupendo. Sería un centro comercial, no un parque”.

 Los lugares públicos -esta es la parte rescatada- siempre necesitan defensores atentos, no solo para reclamarlos para el uso público, sino para diseñarlos para la gente que los usa, luego para mantenerlos, para garantizar que sean para todos, que no sean violados, invadidos, abandonados o ignorados. Si algo he aprendido en mi carrera como planificadora urbana, es que los lugares públicos tienen poder. No solo por el número de personas que los usan, sino por el número aún mayor de personas que se sienten mejor con su ciudad simplemente por saber que están ahí. Los espacios públicos pueden cambiar cómo vives en una ciudad, lo que sientes por esa ciudad, si la prefieres a alguna otra. Son una de las principales razones por las que te quedas en esa ciudad. Yo creo que una buena ciudad es como una fiesta fabulosa. La gente se queda porque la está pasando bien.