PERSONAS QUE INSPIRAN

Transformó en poesía el dolor por la muerte de su marido

Transformó en poesía el dolor por la muerte de su marido

A través de sus escritos Iris también ayuda a otras personas que afrontan un duelo.

Iris y Paul conocieron a los 16 años en un viaje que compartieron. Se hicieron amigos y cada tanto se juntaban a cenar para ponerse al día.
Para el año 2001 ella estaba en pareja con un muchacho que decidió terminar con la relación y, a partir de ese momento, se empezaron a ver más seguido.

“En ese momento él estaba abocado a un examen internacional de inglés que tenía que rendir y, paralelamente, empezamos a salir. Creo que me conquistó por la comida, yo venía de un novio medio loquito y él me trataba tan bien, me cuidaba y creo que fue como el gran acuerdo que tuvimos: yo veía cosas de él que él no veía y él me traía su estabilidad, su acompañamiento y esa paz que yo no había tenido nunca y que tanto necesitaba. A su vez, yo era su gran motor para ir para adelante”, rememora Iris.

Entre tantas visitas a la casa de Paul, al poco tiempo tomaron la decisión de que ella se mudara definitivamente. Mientras tanto, él, que era Administrador de Empresas, había aplicado para una beca para estudiar en una universidad de Navarra, en la ciudad de Barcelona.

-Te venís conmigo –le propuso Paul.

-Obvio –le contestó su novia.

En marzo del 2003 se casaron y se fueron a vivir a Barcelona en donde permanecieron hasta el 2005. Un año después nació Teo (12) y luego tuvieron a Manu (9) y a Sol (4).

En 2017 Paul empezó a tener dolores de espalda. Como pensaron que podría tratarse del colchón, decidieron comprar uno nuevo. Sin embargo, las molestias persistían, empezó a ir menos a jugar al fútbol, fue a consultar a dos médicos que no le encontraron nada y uno de ellos le dijo que posiblemente las molestias fueran producto del estrés.

A pesar de los dolores que sentía, unos meses después Paul aprovechó una promoción y le propuso a Iris que viajaran los cinco a un all inclusive en Punta Cana. En esas vacaciones, cuenta ella, los chicos disfrutaron de la pileta, de la playa, de los partidos de vóley y de las palmeras. Sin embargo, cuando salían a pasear, su marido caminaba más despacio y era ella quien cargaba las valijas para que él no realizara mayores esfuerzos. “En un momento me fui a hacer unos masajes y cuando salí lo vi a él con los tres chicos en la orilla y me dije para mí misma que no necesitaba más en mi vida, ya tenía todo lo que quería”, recuerda.

Tiempo después, Iris inmortalizó ese instante de felicidad con este poema.

Fue un viaje a puro goce, 
lo soñamos despiertos. 
Fue un encuentro sublime 
lleno de lunas llenas, 
de horas de pileta 
y canciones sonando, 
de olas abrazándonos, 
de los 5 siendo familia. 
Fue como si el destino 
sospechara el final 
y nos regalara este viaje 
fuera del calendario 
como un adiós 
en este plano”.

“Vamos a batallar lo que haya que batallar”

Cuando regresaron de Punta Cana fueron a consultar con un médico que les dijo que el problema de Paul no estaba en la espalda, sino en la cadera. Se hizo una resonancia cuyo resultado arrojó que había algo que en principio no era bueno.

“Vamos para adelante, vamos a batallar lo que haya que batallar, no nos vamos a entregar”, le dijo su marido a Iris cuando supo que tenía un tumor.

“En ese momento él empezó un trabajo de transformación enorme y me dijo que finalmente iba entendiendo muchas cosas. Yo había llamado a una señora que le hacía reiki a mi mamá y fue su maestra. Le enseñó a meditar y me decía que nunca había visto a alguien meditar de la forma en que lo hacía él. Paul abrió las puertas de casa y yo tenía todos los días a sus amigos que entraban y salían, tuvo las mejores conversaciones que pudo haber tenido. Él sanó su alma en esos cuatro meses”.

Iris decidió contarle la verdad a sus hijos y no ocultarles la realidad porque Paul era un padre súper involucrado con los chicos: los bañaba, les cambiaba los pañales, toda su parte blanda la ponía en ellos. Sus amigos le decían ´el Doc´ porque era muy inteligente.
"Trabajó muchos años en gestión de recursos. Era el administrador de mi negocio (un local de accesorios) porque yo no sabía nada de números. Nos apoyábamos en nuestras decisiones, él sacaba lo mejor de mí”, cuenta Iris, emocionada.

Unos días antes de su muerte, los tres hijos pudieron ir a despedirse de su papá. Pasaron todos sus amigos, nos sentamos al lado de la cama en donde estaba él, le contábamos anécdotas, reíamos y llorábamos. Él ya estaba en otro plano”.

Escribir sobre lo desgarrador del dolor

“Estuve dos meses tirada en una habitación en la casa del country, no paraba de llorar, la gente venía a verme y lloraban conmigo. La familia se ocupaba de los chicos. Lloré que él no estuviera, lloré que se vaya, lloré mi vida vieja, él era tan presente como padre que sabía que se me venía una terrible y yo lo necesitaba: yo quería que él hiciera la comida, ¡yo qué sabía de números!

Estaba enojada por pensar en que tenía que crecer, pero a su vez, yo lo sentía tan presente que no lo extrañaba. En ese momento me despertaba a las tres de la mañana y empezaba a escribir como una loca en el celular"

En medio del duelo Iris comenzó a escribir con la idea de atravesarlo y ver cómo podía transformarse a partir de esas vivencias.
Uno de los primeros poemas lo tituló “Instrucciones”.

“No me digas que voy a salir adelante.

No me hables del tiempo.

No me inventes recetas mágicas.

No me quieras llevar de paseo.

No me busques respuestas inexistentes.

No me ocultes tus penas, yo también puedo acompañarte.

No me expliques lo que debería hacer para sentirme mejor.

Solo abrazame. Si es posible, dejame que yo decida cuánto va a durar ese abrazo.

Solo preguntame, ¿qué necesitas hoy?

Dejame que duela.

Quedate disponible, cerquita.

Que pueda estirar el brazo y encontrarte si lo necesito.

Confía en el misterio de la vida, que yo confío”.

“Tuve que empezar a salir al mundo”

“Cuando terminó el verano, entre tanto dolor y desborde, tuve que ir a hablar en el colegio de los chicos, no paraba de llorar ni de agarrar pañuelos. Fui a una psicóloga para que me contara cómo era el duelo de los niños. Necesitaba herramientas e información para poder acompañar y resolver. Y así tuve que empezar a salir al mundo hecha pedazos”.

Mientras tanto, seguía escribiendo y subiendo los poemas a su Facebook personal y a su Instagram. Mucha gente le decía que tenía que hacer algo con todos esos escritos. A través de una amiga periodista se contactó con Carina Durn que brindaba talleres de escritura.

-Hola Cari: no me interesan tus talleres, no tengo otro tema más que el mío y quiero ir a verte mano a mano para leerte los escritos. Yo necesito eso, ¿vos podés? –le preguntó por teléfono.

-Sí, obvio –le contestó Carina.

A partir de ese momento todos los miércoles comenzó a ir a su casa. Mientras tomaban mate Iris le iba leyendo cada uno de sus poemas. Fue un bálsamo.

-¿Por qué en medio de tanto dolor, estoy esparciendo tanto amor? –le preguntó Iris a Paul  en uno de los sueños que había tenido.

-Lo que pasa es que vos sos puente, porque ese es el amor que nació en mí no podía quedar trunco, vos lo tenías que esparcir.  –le contestó Paul.

Soy mujer Arcoiris

“Y ahí surgió el nombre @soymujerarcoiris por mi nombre, pero especialmente por ponerle colores a una situación tan negra. Con lo que la gente se queda es con la forma en que expreso con la carne viva del dolor, pero con mucho amor, esa es la esencia más allá de la poesía”.

Iris ya lleva más de 110 poemas escritos.

“Yo quiero hacer de esto un libro, quiero que les sirva a los demás para poder nombrar lo que van viviendo. El intercambio con la gente es magia, es tan amoroso. Que una mujer me escriba y me diga: ´reivindicaste mi duelo´ para mí ya es sanación, siento que estoy siendo útil con mi dolor para otros. La gente necesita que haya otro que le cuente que hay otra manera de hacer un duelo. Me parece que la cultura no tiene conocimientos de lo que la muerte significa en una persona. Existe el día y la noche, la luna y el sol y la vida y la muerte. Yo sé que le tenemos pánico, pero es ridículo negarla. La muerte no es un fracaso, es el final de una vida física, yo me puedo quedar con muchas otras cosas. Somos una totalidad, no somos el cuerpo físico, yo siento el alma de Paul. A través de mis escritos la gente se anima a cuestionarse, a pensar las cosas desde otro lugar, a permitirse modificar su sentir”.

“Soy frágil, endeble, blanda, inconsistente.

Soy rota, incompleta, soy imperfecta.

Soy dolor, soy lágrimas, soy en pedazos.

Soy inestable, soy desborde, soy enchastre.

Y también…

Soy valiente, profunda, soy volcán.

Soy fortaleza, soy corajuda, soy resiliente.

Soy conciencia, soy potencia, soy revolución.

Soy presente, soy entrega, soy aceptación.

Soy dolor y soy amor.

Soy mujer arco iris”.