PERSONAS QUE INSPIRAN

Retroceder nunca, rendirse jamás: cuando los sueños se hacen realidad

Retroceder nunca, rendirse jamás: cuando los sueños se hacen realidad

Aunque Manuela tiene un serio problema renal, su gran pasión es correr.

“Tengo algo lindo para contarles, quiero transmitirles un mensaje de lucha. Correr es una pasión, actualmente tengo un problema renal crónico, tengo un solo riñón, pero busco los medios para seguir haciéndolo. Soy ultramaratonista y a pesar de mi problema en el 2017 logré hacer el Cruce. A los sueños hay que seguirlos. Soy una corredora que no puede tomar ninguna medicación, tengo que manejar todo con la cabeza y con el corazón, bancar los dolores, saber que esto para mí es lo mejor que me pudo haber pasado en la vida. Mi mensaje es que corran, hagan deporte, diviértanse, disfrútenlo. Si encontraron una pasión sigan adelante pese a todo lo que les pueda suceder, esto es hermoso: es salud, es vida, es diversión, es conocer gente, lugares, es abrir caminos. Cuando mi médico me pregunta por qué sigo a pesar de todo sabiendo que puede haber complicaciones, le digo que cuando estoy en la montaña no siento nada, no sé ni quien soy, no siento dolores, soy el agua, soy el aire, soy el sol, soy el viento”.

Cuando a Manuela Frick (53) le pidieron hace unos meses que dijera unas palabras tras haber corrido una carrera de 10K en Banfield (en el sur de la provincia de Buenos Aires) tomó el micrófono y habló desde el corazón, improvisadamente, pero su mensaje, sin dudas, emocionó a todos los que la escucharon. Ella es un ejemplo de fortaleza, de superación personal, de nunca bajar los brazos, de perseguir sin límites sus sueños.

Así es Manuela. Sensible, luchadora, guerrera, solidaria.

Primer golpe

A los 22 años Manuela practicaba taekwon-do. En uno de los entrenamientos recibió una patada de un compañero que la hizo golpear contra un vidrio. En ese momento sentía mucho dolor pero cuando regresó a su casa no quiso contarle a su mamá hasta que a la madrugada el malestar se tornó insoportable. A través de un estudio descubrieron que había una obstrucción renal. Le hicieron una cirugía porque tenía casi dos litros de infección en su riñón derecho, el paso previo a una septicemia.

A Manuela le habían sacado el riñón que prácticamente ya no existía a raíz de la infección. Cuando le realizaron el estudio de anatomía patológica descubrieron que tenía una malformación, que su riñón no tenía el tamaño real y que en realidad había dejado de funcionar hacía dos años.

Le costó tomar la dura decisión de dejar el taekwon-do ya que había encontrado una veta, quería competir y pasar a ligas mayores. Sin embargo, comenzó a hacer yoga y ciclismo.

“Yo soy luz, yo soy energía, yo tengo que llegar”

A los 42 años sufrió una neumonía que le había afectado su pulmón izquierdo. A raíz de ese episodio decidió comenzar a correr porque sentía que eso le iba a permitir mejorar su salud. A los pocos meses empezó a probar 20 minutos en la cinta en un gimnasio. Se entusiasmó tanto que comenzó a soñar con poder llegar, algún día, a correr una maratón. Y desde ese momento arrancó a entrenar por su cuenta.

La primera carrera en la que participó fue en los 7K de Unicef. “Cuando entré al kilómetro 6 se me llenaron los ojos de lágrimas, me empecé a ahogar, miré al cielo y al sol y dije ´yo soy luz, yo soy energía, yo tengo que llegar, yo puedo´. Y llegué”, cuenta emocionada.

Posteriormente, probó el desafío de hacer los 10K en Buenos Aires y más adelante llegaron los15K.

-¿Qué estás haciendo vos? –le preguntó el neumonólogo mientras observaba uno de sus estudios de rutina.

- Estoy corriendo doctor –le respondió Manuela.

-Seguí corriendo.

Y Manuela no solo le hizo caso al doctor, sino principalmente a su corazón y al poder de sus sueños. En 2010 participó en sus primeros 21K. Su próxima meta era convertirse en maratonista. “El esfuerzo iba a ser mucho mayor porque se trataba de 42K, 195 metros, implicaba un entrenamiento mucho más duro, una alimentación exigente. Quería llegar a ese desafío. Me acompañaron tantas amigas que es el día de hoy que les agradezco porque sola no hubiera podido. Cuando crucé esa meta me di cuenta que todo lo podía”.

Diálisis, ¿la única salida?

Una vez que finalizó una carrera en Buenos Aires en octubre de 2016 en la que había hecho podio en su categoría, comenzó a sentir un hormigueo en el cuerpo. Temblaba, se sentía muy mal. No podía respirar. Una doctora amiga, que también había participado, la revisó ahí mismo y le dijo que el problema era en su riñón. De inmediato, la trasladó a una clínica donde le diagnosticaron una infección renal muy intensa.

“En ese momento me dijeron que iba a pasar a diálisis porque el riñón que me quedaba ya no funcionaba y había que revertir eso. Con la diálisis podía legar a revertir la situación o terminar en un trasplante. En mi cabeza no entraba todo eso”, asegura.

-Doctor: yo no voy a diálisis, yo tengo una carrera en marzo del 2017, tengo que hacer el Cruce –le dijo convencida.

-Yo no puedo luchar contra tus sentimientos, contra tu pasión, la verdad que sos única. Lo que sí tengo la obligación de advertirte es a lo que vos te arriesgás, a que termines con un trasplante. Yo no quiero que tengas un riñón para 6 meses, yo quiero que tengas un riñón para 50 años más.

Sin embargo, Manuela  no podía asimilar la enfermedad porque en su cabeza ella se sentía sana, con mucha energía y quería cumplir una de las metas que se había planteado.  Después de darle vueltas al asunto, conversó con su nutricionista y con su nefrólogo para que trabajaran en equipo.

“No era compartible la actividad de correr con mi enfermedad renal, hubo que tomar decisiones para ver hasta donde se podía llegar. Entonces, busqué todas las alternativas posibles como controlarme cada dos meses para que la enfermedad no avanzara. Es algo raro: mi riñón no retiene la proteína, pero mi cuerpo a medida que hago un esfuerzo tan grande como prepararme para correr 100K pierde proteínas, entonces el músculo se debilita”. A partir de ese momento, Manuela empezó a modificar su dieta, incorporando más hidratos de carbono.

Llegar a la meta

El objetivo de la carrera El Cruce es cruzar Los Andes uniendo la Argentina y Chile. Es una distancia de más de 100K, divididos en 3 etapas. Es como la meca de cada corredor, una competencia que se realiza con la presencia de atletas de otros países. “Yo decidí hacerla con una amiga a la que adoro como si fuera mi hija. Nos acompañamos, nos contuvimos, nos asistimos y logramos hacer los 100K. Cuando llegué a la meta le dije al animador de la carrera, que sabía de mi historia,  que este logro eran los no de kilómetros que fui sumando y que se puede, que los sueños no hay que abandonarlos. Podés tener un montón de palos en tu vida, pero si vos tenes ese sueño, no existe ese no”, insiste.

Hace unos meses un amigo formo un grupo solidario, Soham, y la convocó a Manuela para que formara parte. Tenían que arrancar con alguna movida para empezar a cristalizar esa idea y como se acercaba el día del niño ella propuso hacer una sonrisa por un juguete. Todos los integrantes del equipo se pusieron a conseguir juguetes que ella misma llevó a un comedor en González Catán. “Llegamos a más de 200 regalos, para mí fue maravilloso, nunca antes me había sentido tan querida, es impresionante recibir el cariño de los niños que son los seres más sinceros que pueden existir en la tierra. Y yo, de pronto, estaba rodeada por 50 nenas que se peleaban por agarrarme de la mano. Es emocionante, saber que se puede hacer eso, encontrar la sonrisa del otro, esos rostros que se iluminan, en lo mejor que te puede pasar en la vida, no se puede explicar con palabras”.

Actualmente, Manuela se encuentra en una etapa de su vida en la que a raíz de la complicación renal debe evitar correr largas distancias porque no retiene proteínas. Su nefrólogo le propuso pasar a ser triatleta, carreras que duran aproximadamente 1 hora y media, a diferencia de las 6 o 7 que pasa en la montaña. “Eso no va a afectar tanto a tu riñón”, le dijo.

Aunque no le gusta mucho nadar y es una actividad más exigente porque tiene que realizar cuatro disciplinas, está entrenando bicicleta, natación y musculación. “Es un gran desafío, recién estoy empezando, luchándola para que la técnica de natación me salga bien, pero ya lo visualicé y sé que voy a llegar porque el sueño está”.

Y con el corazón, el empuje, la garra y el amor que le pone Manuela a todo lo que hace, seguramente muy pronto va a poder anotar un logro más a los tantos sueños que ya lleva cumplidos.