PERSONAS QUE INSPIRAN

Por cuestiones de salud bajó 70 kilos y cambió su vida para siempre

Por cuestiones de salud bajó 70 kilos y cambió su vida para siempre

Te contamos la historia de Estefanía, que pese a su enfermedad nunca perdió la sonrisa.

Todos los 11 de cada mes, Estefanía Figueroa (26) sube imágenes a sus redes sociales comparándolas con fotos anteriores con la misma ropa previa a la cirugía bariátrica que se realizó en diciembre del año 2015 después de varios años de lucha tras padecer obesidad mórbida. “Veo como las remeras me quedan gigantes y ahora las uso como vestidos. Comparo todo el tiempo para mostrar lo que era antes, aunque haya gente a la que no le gusta y me diga que esa etapa ya la tengo que dejar atrás. Pero para mí es algo que no puedo dejar de mostrarlo porque estoy orgullosa de haber bajado 70 kilos. Antes me importaban los prejuicios de muchas personas en relación a qué ropa elegía para vestirle, pero ahora no me importa ponerme una bikini y que se me vean los colgajos de la operación ni cicatrices porque son batallas ganadas, es la lucha de mi vida y por lo que peleé durante tanto tiempo”.

Sin embargo, aún en los momentos en los que llegó a pesar más de 150 kilos, nunca dejó de sonreír, un buen antídoto en tiempos en que se encontraba triste. Esa sonrisa era la metáfora que Estefanía utilizaba como la esperanza de poder superar la enfermedad para empezar una nueva vida. Y a eso se aferró a los 19 años cuando un médico que la atendió le dijo que era la operación o esperar a que su corazón fallara. “Esa tarde llegué a mi casa y me mostré fuerte y cuando estuve sola me dije que no me quería morir. Siempre había soñado con recibirme de periodista deportiva y de locutora y formar una familia.  No me parecía una edad para morirme y más con una enfermedad con la que podía lucharla. Por eso nunca dejé de sonreír porque mi propuesta siempre era vivir”, recuerda, a la distancia.

 

La esperanza de una cirugía bariátrica

A partir de los 15 años Estefanía empezó a aumentar de peso y llegó a pesar 100 kilos. En ese momento concurrió a un centro para hacer una dieta y también participó de los grupos de pacientes de autoayuda de esa institución. De esa forma logró descender hasta los 78 kilos.

Sin embargo, una vez que terminó ese proceso engordó casi el triple de los kilos que había bajado. Además, no respetaba las comidas, no desayunaba ni merendaba y en el almuerzo y en la cena ingería todo lo que no lo había hecho a lo largo del día.

A los 19 años, un médico le planteó la posibilidad de realizarle la cirugía bariátrica, que es el conjunto de procedimientos quirúrgicos necesarios para tratar la obesidad.

Hasta ese momento, Estefanía realizaba una vida sedentaria y trataba de hacer la menor cantidad de cosas posibles con tal de no llamar la atención. Cuanto menos podía figurar, para ella era lo mejor. “Yo no estaba feliz con mi cuerpo, pero lo aceptaba, sabía que se trataba de una enfermedad y que en algún momento la situación iba a cambiar”.

Durante más de 4 años se la pasó yendo de médico en médico que le indicaban diversas dietas para ver si estaba apta o no para ser operada. “Tenía a mi abuela que era diabética insulinodependiente y, si yo no frenaba esa obesidad y esos grados de insulinemia, iba a pasar a ser diabética. No hacía ningún tipo de actividad física, estaba muy resguardada en mi casa, no caminaba, trataba de cerrarme para adentro, no me arreglaba”, confiesa.

Perseverancia, constancia y voluntad

A principio del año 2015, cuando ya tenía 24 años, su familia y sus amigos volvieron a insistirle para que se planteara nuevamente la posibilidad de la operación. En ese momento, su mamá dio con una médica con la que Estefanía realizó un tratamiento y bajó 27 kilos.  “La doctora me decía que se trataba de tener perseverancia, constancia y voluntad porque había mucha gente que pasaba por esa situación y que cuando se veía los colgajos (post operación) quería volver a engordar. Yo le aseguré que esa no era mi idea”.

Finalmente, una psicóloga que la atendió durante varias sesiones determinó que Estefanía estaba en condiciones de afrontar la operación conocida como gastrectomía vertical o simplemente la “manga”, un procedimiento que remueve de 75% a 80% del estómago para dejar un largo estómago tubular. 

 “Yo soy muy miedosa y no sabía cómo iba a quedar, tenía miedo que al final me cambiaran el procedimiento y me terminaran haciendo un bypass gástrico, estaba histérica y con muchos nervios. Estaba convencida que de esa operación dependía todo, había puesto muchas expectativas, era una decisión que iba a determinar mi futuro”, rememora.

“Cuando me desperté de la operación me emocioné mucho cuando vi a mi mamá, a mi papá y a mi hermano que siendo flaco y deportista jamás le había dado vergüenza sacarse fotos conmigo y subirlas a las redes sociales", asegura.

Cambios en su personalidad

Estefanía cuenta que a raíz de su descenso de peso tuvo que cambiar todo su placard porque tenía pantalones talle 60 y empezó a utilizar 46. Hoy en día, como cualquier mujer, dice que no le gusta repetir la ropa y que todo el tiempo le está haciendo gastar plata a su mamá para que le compre cosas nuevas y todo lo anterior lo donó a gente que lo necesitaba.
Sin embargo, lo que más rescata es el cambio interior que está viviendo a raíz de la intervención quirúrgica. “Antes me decían algo con lo que no estaba de acuerdo y yo me callaba, pero desde la operación discuto todo. Ahora me animo a salir de casa, a sacarme más fotos con todo lo que me pongo, acepto más fácil mi cuerpo, me veo más linda, antes pasaba desapercibida y ni me maquillaba. Empecé a aceptarme y a opinar de todo. También a hablar en público, empecé a incursionar en las prácticas de televisión de la facultad cuando antes no me animaba ni siquiera a que se escuchara mi voz”, cuenta.

Sueños por cumplir

En estos tres años que pasaron de la operación, Estefanía viene manteniendo los hábitos alimenticios, mezclado con la actividad física. Para fin de año tiene previsto una nueva cirugía reconstructiva del abdomen que, sin dudas, mejorará más aún su calidad de vida.

A raíz del tratamiento previo a la intervención y del postoperatorio tuvo que posponer los estudios de periodismo deportivo en el ISEC. “Si bien me dolió
mucho tener que dejar la carrera, no me arrepiento porque sabía que esa decisión iba a cambiar mi vida”, se enorgullece Estefanía, que el próximo año terminará de cursar las materias que le quedan para recibirse. “También quiero estudiar locución, todo esto es producto de la seguridad que siento hoy. Y en un futuro me gustaría ser madre”.
 

Por último, Estefanía se permite brindarles un mensaje a otras personas que se encuentran transitando alguna enfermedad u otro tipo de adversidad. “Siempre hay que mantener la sonrisa intacta porque un día sin sonreír es un día perdido, porque hoy no puede ser un gran día pero mañana va a ser mucho mejor”. Empezó a estudiar a los 18 y se recibió a los 25. "Creo que la carrera me sirvió en lo personal, entendí que nadie nos hace nada a nosotros, sino que cada uno toma sus propias elecciones y las consecuencias las paga esa persona. Siempre pienso que la persona tiene que tener un mínimo deseo de ganas o de buscar otra oportunidad", asegura.