PERSONAS QUE INSPIRAN

Payamédicos: poner el corazón al servicio de los pacientes

Payamédicos: poner el corazón al servicio de los pacientes

Conocé los detalles de esta ONG y las historias de tres de sus protagonistas.

“Ser payamédica es una forma de encuentro con el otro desde el aspecto más tierno y saludable que uno tiene. Es una forma de entender la vida y de pararse ante el otro en la salud y sobre todo en la enfermedad. Hace 15 años que hago esto, casi la mitad de mi vida, me cuesta separar mi vida de la cuestión payamédica porque lo hago todo el tiempo no solo cuando me coloco la nariz de payaso”, dice la doctora Violeta Pérez Bromberg (33), Presidenta de Payamédicos, una Asociación Civil sin fines de lucro fundada en el año 2002 por el Dr. José Pellucchi con la  misión de contribuir a la salud emocional del paciente hospitalizado.

Para lograr ese objetivo utilizan recursos psicológicos y artísticos relacionados con el payaso teatral, juegos, música, teatro, magia y el arte humorístico en general. Los Payamédicos realizan intervenciones escénico-terapeúticas con un abordaje a través de la técnica del payaso teatral adaptándola al ámbito hospitalario con una ética, estética y deontología propia.

“En un principio hacíamos obras enfocadas a temas de prevención en salud en lugares carenciados y luego fuimos llevando esa idea a los hospitales. Paralelamente, fuimos investigando lo artístico mezclado con los conceptos que se ponen en juego en la internación. En la actualidad, Payamédicos se compone de más de 6000 integrantes en todo el país y, además, tenemos 100 miembros en las localidades chilenas de Temuco y Talca”, dice Pérez Bromberg, que se desempeña en el Hospital Rivadavia en la sección de Perinatología.

“Ser payamédico es mi lugar en el mundo”

Fabio Abalsamo (39) es periodista, productor, actor, director y profesor de teatro. Pero desde el año 2010 comenzó a incursionar como payamédico y a partir de ese momento es formador de Payamédicos en las provincias de Rio Negro, Chubut y Santa Cruz.

En la actualidad, se desempeña en el Servicio de Neonatología del Hospital "Dr. Andrés Ísola" de Puerto Madryn (Chubut), en donde realiza su trabajo como payamédico en 4 tiempos, siguiendo la metodología de la ONG. En una primera etapa (payapase) se reúne con el equipo médico donde les brindan la información del paciente para poder elaborar la estrategia de abordaje con un enfoque esceno-terapeútico. Un segundo tiempo, cuenta Fabio, es la intervención ya con sus vestuarios y la nariz de payaso color naranja, donde ingresan a las distintas habitaciones, siempre en dupla o tripla una vez que la persona les habilita el ingreso a la misma. “El tercer tiempo es el balance donde hablamos con nuestro compañero sobre cómo fue la intervención. Y un cuarto tiempo que lo denominamos payagrafía, donde a partir de técnicas propias trabajamos los distintos objetos de capturas emocionales de la intervención para metabolizar y producir aquello que, quizás, generó un estresor en una producción potente”, explica.

Fabio dice que la vinculación con los pacientes es siempre con mucho respeto y una aceptación del 100 %.

“Es algo maravilloso, lo que nos hace bien a nosotros le hace bien a ellos. Nuestra forma de pensar y de actuar hacen que ser payamédico se vuelva una filosofía de vida donde lo que nos convoca es el deseo de encontrarnos  para que todos puedan y se animen a ver la realidad desde un enfoque más potente  y menos faltoso para poder llevar a cabo la más maravillosas de la revoluciones y que esas revoluciones sean con más amor por un mundo mejor”.

Para él, ser payamédico es una convicción, una filosofía, una forma de pensar que traslada a todas sus actividades. “Es mi mayor satisfacción, ser payamédico es la síntesis de todas las cuestiones que alguna vez pensé, es una oportunidad de hacer lo mejor por los demás y para los demás. Es mi forma de aporte a la creación y conformación de una sociedad más justa, más creativa, más poética, más amorosa. Ser payamédico es mi lugar en el mundo”.

 “Lo ´Paya´ se cuela en mi espacio profesional, en mi actividad como docente, en la vida misma”

Mirta Elías (33) es salteña, licenciada en Psicopedagogía, actriz y a partir del 2009, por medio de una amiga de Córdoba que había realizado la formación, googleó en la página a “Los Payamédicos” y fue un amor a primera vista, como ella relata. “Visito todo tipo de pacientes. Por lo general, los mismos médicos que ya saben el día que van los payas son los que sugieren quiénes precisan un encuentro, sea porque están atravesando un posoperatorio, o porque están desanimados, tristes y allí viene uno de nuestros objetivos: mantener un estado de ánimo optimista sostenido”.

En el caso de Mirta, ejerce en el Hospital San Bernardo y, por lo general, su equipo improvisa en cada uno de los encuentros con los pacientes. “Nuestros encuentros son potentes y alegres. Tratamos de procurar que no sepan quienes somos desde “el real”, esto es sin nuestros vestuarios de payamédicos, para preservar nuestro personaje en la fantasía. Es una filosofía amorosa, micro revolucionaria, ya que “lo paya” se cuela en los intersticios de la cotidianeidad, en mi espacio profesional, en mi actividad como docente, en la vida misma”.

“El encuentro con el paciente es un momento de producción única y original”

Gustavo Macías (51) es Médico Endocrinólogo y Laboral y vive en la ciudad de Buenos Aires. En su formación tuvo muchos maestros con los cuales aprendió a tener una relación relajada y hasta risueña con el paciente, siempre dentro del respeto de esa relación.

“Con la experiencia te das cuenta que el paciente necesita ser escuchado. Más allá de ser diagnosticado y medicado, necesita muchas veces hablar y contar sus cosas, eso ya es terapéutico. Quienes me conocen siempre dijeron que tenía algo de payaso, alguna vez vi la película de Patch Adams y me dije: ´yo también quiero hacer eso, que el paciente hable y cuente sus cosas, juegue, imagine, todo con un payaso´. Sabía de la existencia de Payamédicos y hacia fines del 2009 me decidí e hice la formación”.

Gustavo, que se desempeña en el Hospital Naval Pedro Mallo, cuenta que desarrollan actividades que se suman a los dispositivos como payapaseos, donde concurren a eventos y/o lugares donde los convoquen; payasol, una instancia solidaria donde que se originó en el día de la donación de órganos como concientización. Y también una actividad teatral que se estrenó el año pasado con la obra Juguete Juguete, obra propia de Payamédicos, donde a través de la ética y estética de la ONG se relata la historia del juguete integrando tanto los juguetes tradicionales con  lo tecnológico de todos los tiempos.

“El encuentro con el paciente es un momento de producción única y original, de improvisación, un encuentro entre payaso y paciente; esto crea un espacio que llamamos de goce solo por el hecho de producir. Nosotros solo nos acercamos al paciente que lo desea (o familiar, a acompañante, o personal de enfermería, o camilleros, etc), nunca imponemos nuestra presencia. En mi vida, además de médico, el ser payamédico me payasiza el andar. La experiencia que tenemos muchos es que el payaso nos acompaña más allá de los días que vamos al dispositivo, su mirada inocente, simple, su forma de ver todo en positivo nos payasiza la vida y eso es muy lindo”, concluye Gustavo.

Si bien este tipo actitudes por sí solas no alcanzan para poder curar a los pacientes que padecen enfermedades crónicas, son muy importantes porque generan sentimientos de empatía y de solidaridad con aquellos que no están atravesando un buen momento de salud. Estos espacios logran que, a través de la risa, de la escucha y del interés demostrado por estos profesionales, los pacientes puedan tener mejores estilos de enfrentamiento y atravesar el mal trance con humor, optimismo y esperanza.