PERSONAS QUE INSPIRAN

Pateó el tablero, se fue dos años de viaje y su vida cambió por completo

Pateó el tablero, se fue dos años de viaje y su vida cambió por completo

Te contamos la historia de Nadia que tras varios años encontró su lugar en el mundo.

“Siempre me gustó viajar, pero vengo de una familia de clase media en la cual  nadie viajaba a gran escala, solo de vacaciones y cuando se podía. El mandato familiar era estudiar, recibirse, conseguir trabajo, casarse, tener tu casa, hijos y hasta perros. Hablando con dos amigas de la facultad, de las cuales una se iba a trabajar a Nueva Zelanda y la otra a estudiar a España, me dije para mí misma: ´La única que se queda trabajando acá soy yo´ y por primera vez en mi vida surgió un deseo mucho más poderoso. Yo no tenía ni la plata, ni la visa, ni la idea de que hacer de mi vida cuando llegara, apenas hablaba inglés, pero lo que sí había entendido es que el mundo era para recorrerlo y que necesitaba hacerlo para cambiar mi vida, para confiar en mí y demostrarme que la vida me daba una nueva posibilidad. En ese momento tenía 23 años. Y Nueva Zelanda era un destino completamente exótico y lejano”.

Cuando terminó el colegio secundario, Nadia Gamboa comenzó a estudiar licenciatura en Marketing y se recibió a los 22 años. “A los pocos meses logré terminar una relación de pareja de cuatro años muy conflictiva, violenta y posesiva. En ese tiempo mi pareja me hacía sentir que yo era todo y a su vez no era nada, me decía para qué estudiaba sino iba a llegar a ningún lado. Cosas que una adolescente cree y luego se convierte en tu propia prisión. Esta relación desató una gran desvalorización en mi vida. Yo sentía que no soportaba más esa situación”, rememora Nadia, a la distancia.                        

En la actualidad, Nadia tiene 33 años y una vida muy diferente a la de aquella joven que se aventuró a patear el tablero y los mandatos familiares para poder encontrarse con ella misma, redescubrirse y transformar su vida.

¿Qué significó para vos “patear el tablero"?

Patear el tablero fue dejar todo atrás y todo es todo: comodidad, seguridad, estabilidad, familia y fue una de las decisiones más importantes y difíciles que tomé en mi vida. Yo tenía un trabajo "seguro", con un "buen sueldo", en una empresa "reconocida" y con toda la posibilidad de ir creciendo. El tema es que no era feliz,  día a día el estrés me consumía y me había convertido en una workaholic con el Blackberry laboral prendido las 24 horas y contestando mails hasta las 12 de la noche.

 

¿Cómo fueron los primeros tiempos del viaje?

Me fui por un año, me quedé dos. Viví en Nueva Zelanda un año y medio y luego viaje por Australia, Tonga (Polinesia), Tailandia, Laos, Camboya y Vietnam.
Los primeros tiempos en Nueva Zelanda fueron muy duros porque si bien estaba cumpliendo mi sueño, había situaciones a las cuales no fue simple adaptarme. Cuando llegamos con mi amiga Gabriela habíamos reservado un hostel base doble por una semana, obviamente como toda habitación privada era insostenible económicamente en el tiempo. Así que a la semana, y ya habiendo hablado con algunas personas que estaban en la misma situación, aprendimos el primer concepto del viaje: "work for accomodation" (trabajo por hospedaje) y caímos en un hostel a limpiar, a cambio de dormir gratis.

¿Cómo se fueron acomodando?

Después nos hicimos amigas de otros argentinos, chilenos, canadienses, ingleses, y con Gabriela compramos una camioneta, tipo van, para vivir ahí y empezar a viajar. Así fue que un mes después dejamos la ciudad y empezamos a viajar hacia el campo. Trabajamos juntando arándanos, empacando manzanas en una fábrica, y haciendo cosecha de uvas.

¿Cómo fue vivir 9 meses en una camioneta?

La camioneta estaba en la calle o en el estacionamiento de algunos amigos y conocí gente increíble. Cuando entendí que tenía mucho para dar, mi mundo se abrió, me llené de amigos de otros países. Pasé el mejor año de mi vida, recorrí lugares exóticos, me llené de amor y de sabiduría y, por sobre todo, me llené de poder porque pude cumplir mis sueños. Lo había logrado, yo podía.

Trabajando en una empacadora, Nadia conoció a muchas personas de Tonga que la llevaron a aprender claves de su cultura, de su comida y del idioma. Con varias de ellas, estableció vínculos afectivos y duraderos en el tiempo.

¿Qué te enseñaron esas nuevas relaciones?

Que el idioma es cultura. Lo que vale es la intención, la voluntad, el amor, una sonrisa, una mano, un buen gesto. Aprendí que se puede confiar. Que cuando das de corazón, siempre recibís más. Que no importa a lo que te dediques, valés por quién sos, no por lo que sos. Y lo más importante es que aprendí a ser yo (en todo mi ser), me amigué con mi sombra y de ahí en más vamos juntas.

¿De qué manera ese viaje te permitió redescubrirte?

Entendiendo que vamos cambiando todo el tiempo y que eso está buenísimo. No podemos ser estáticos en la vida, ni querer tener el control de todo lo que pasa. Es imposible e inútil al punto que frustra. Encontré mi eje, mi poder personal, mi valentía y fortaleza. Y, por sobre todo, aprendí lo que era "soltar".

Cambió todo. Mi vida hasta los 23 años era un librito de "como ser feliz". Y con el tiempo entendí que esos libros nunca funcionan. Hoy el libro lo escribo yo. Con mis miedos, con mis sombras, con mi valentía y poder. Hoy son mis objetivos los que quiero alcanzar, ya no los de los mandatos familiares o los que la sociedad impone.

¿Qué pasó cuando volviste a la Argentina?

Cuando regresé a la Argentina no entendía nada.  Estaba tan acostumbrada a vivir en una camioneta o de hostel en hostel que sentarme a ver la televisión en un sillón o disponer de una ducha de agua caliente cuando yo quería era casi mágico.
A nivel laboral se me complicó terriblemente, en ese momento nadie valoraba el hecho de haber viajado tanto tiempo. Me decían que no había estado en el mercado por dos años y que eso me jugaba en contra. Durante los primeros meses me deprimí y solo pensaba en volver a irme. Al tiempo, conseguí reinsertarme en la empresa que estuve durante cinco años.

Nadia cuenta que durante los primeros meses estaba contenta, pero con el correr del tiempo se fue dando cuenta que estaba perdiendo la felicidad que había tenido durante los días que estuvo de viaje. Evidentemente, todas esas vivencias habían hecho un clic en su interior. Por esa razón comenzó a hacer cursos de meditación en “El arte de vivir”, luego entrenamientos en liderazgo basados en el coaching, cursos de programación neurolingüística, y terminó formándose como coach ontológica. Un año después conoció lo que era la Decodificación Bioemocional y comenzó ese camino.

 

¿Cómo es tu vida laboral en la actualidad?

Hace dos años que trabajo de manera independiente con sesiones de Decodificación Bioemocional, Coaching ontológico y doy charlas, cursos y seminarios de Inteligencia Emocional. Siempre sentí que parte de mi transformación era ayudar y guiar a otros que estaban en situaciones similares a la mía, a salir adelante, a sanar y a animarse a ser quienes quieren ser. Por primera vez en mi vida estoy haciendo a nivel laboral lo que me gusta y elijo con el corazón, estoy siendo fiel a mis principios y a mi ser más profundo.

Pensando en las personas que no tienen la posibilidad de viajar. ¿Qué cosas pueden hacer si quieren darle un giro a su vida?

Yo recomiendo a quien quiera salir de su zona de confort, y a quien quiera tomar las riendas de su vida que mire a su alrededor, que reconozca que es, lo que no lo está haciendo feliz y pleno, y después que empiece a accionar para resolver esa situación, y si solo no puede que pida ayuda para empezar su cambio. Hay miles de técnicas, no todos vibramos con lo mismo. Lo importante es el accionar, el movernos y el tener en frente un objetivo lo suficientemente poderoso que nos  sostenga para poder atravesar el proceso de cambio.

 

 

Datos de contacto:

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