PERSONAS QUE INSPIRAN

Escuela de surf inclusiva adapta tablas para alumnos con diferentes capacidades

Escuela de surf inclusiva adapta tablas para alumnos con diferentes capacidades

El proyecto "Fábrica de sonrisas" busca que todos puedan disfrutar del mar sin impedimentos.

En abril de 1990 Luciano Llosa (41) tenía 13 años y vivía en San Miguel del monte, un pueblo ubicado a 100 km de Buenos Aires. Por accidente, a un amigo suyo se le escapó un tiro de una pistola que le ocasionó una herida de bala que le lesionó la médula espinal a la altura de la octava vertebra dorsal. También le había dañado el pulmón. Luciano estuvo al borde de la muerte y desde ese momento quedó en silla de ruedas ya que no tiene movilidad ni sensibilidad. Se recibió de abogado en la universidad Católica de La Plata y desde hace 10 años se desempeña en una oficina del poder judicial en la cárcel de Batán. Se casó y tuvo a Antonia, la “luz de sus ojos”, que en agosto cumple 7 años.

A principios de este año se mudó junto a su esposa y a su hija a un departamento cerca de la playa en Mar del Plata y le dieron muchas ganas de tener alguna tablita de surf para cumplir el sueño de barrenar.
A través de un muchacho de Miramar que hacía surf adaptado, lo conoció a Lucas Rubiño que es Acompañante Terapeútico e instructor de Surf y que desde hace 14 años fundó el proyecto “Fabrica de sonrisas”.
Allí trabaja con alumnos ciegos, amputados, con sobrepeso extremo, sordos, con síndrome de down, con parálisis cerebral en diferentes niveles, TGD, Autismo, espina bífida, problemas medulares, secuelas de ACV y accidentes de todo tipo. Su objetivo es que estas personas, sin límite de edad, puedan conocer el mar o volver a disfrutarlo.

“Lucas brindó una charla, éramos varias personas discapacitadas y luego preguntó quién se animaba primero a meterse al mar. Él me transmitió mucha seguridad, yo me ofrecí a probar, me dejó elegir una tabla ancha que me permitió hacerlo en forma muy cómoda. En ningún momento tuve miedo, lo disfruté muchísimo y me di cuenta que había empezado algo muy lindo. El mar tiene una energía positiva, estoy contentísimo. Cuando uno pasa la rompiente la sensación de esperar a la ola en la profundidad es alucinante, es una terapia muy linda, difícil de expresar con palabras, es una sensación única. Esa experiencia me cambió la vida”, dice Luciano.

 

Fábrica de sonrisas

La fábrica de sonrisas nació en el año 2004 a través de Lucas Rubiño, surfista profesional, campeón Argentino de surf en categoría Longboard y pentacampeón de surf en categoría Tándem. A las clases, que son gratuitas, asisten personas de todas las edades, desde los 18 meses hasta los 90 años.
“Nuestro objetivo principal es contagiar y demostrar con el ejemplo y la acción que es posible ser más solidario diariamente. Que el verdadero cambio está en la actitud que cada uno tome como parte de la sociedad. Buscamos compartir con las personas que tuvieron alguna dificultad en la vida todos los beneficios que el surf brinda. Utilizándolo como diversión y terapia para superar el trauma, el estrés y la depresión que, en algunos casos, traen consigo estas personas. Partiendo desde las posibilidades y no desde las limitaciones de cada alumno bajo el lema ´Remando juntos no hay diferencia´ generamos acciones positivas que mejoran la calidad de vida integral, promoviendo así su desarrollo y potenciando sus capacidades”, explica Rubiño.

Rubiño y la gente que colabora en su emprendimiento se capacitaron y trabajaron en la invención y adaptaciones de tablas de surf.  Cuentan con equipos específicos para cada persona y los alumnos pueden hacer surf acostados, de rodillas, sentados o de pie, de manera segura y cómoda. 
Además, poseen el primer vestuario móvil y adaptado del país. El mismo cuenta con baño y rampas para sillas de ruedas, botiquín, desfibrilador, calefacción, agua caliente, sillas anfibias, etc.

El desafío de descubrir que son capaces 

“Para muchos de ellos es un desafío descubrir que son capaces de lograrlo. Para nosotros es un hecho que lo van a lograr. Hay que trabajar la ansiedad y acompañarlos hasta que lo logran y una vez que lo hacen no los para nadie. La sensación principal es de felicidad, emoción y agradecimiento. Pero es un sentimiento mutuo y reciproco. Sin duda, ellos nos enseñan y nos dan mucho más de lo que nosotros hacemos por ellos”, dice Rubiño.

Georgina Melatini (19) padece mielomeningocele, un defecto de nacimiento en el que la columna vertebral y el conducto raquídeo no se cierran antes del nacimiento. Esta afección es un tipo de espina bífida con secuela motriz. Este inconveniente le permite caminar, pero no puede correr, saltar, ni andar en bicicleta. A través de un amigo guardavidas de su mamá, se enteró de la escuelita de surf.
“Me pareció re linda la idea, me animé porque quería probar cómo era. Entonces, lo fui a visitar a Lucas a la playa, participé de esa primera clase y él me vio potencial para poder practicar este deporte. Fue una muy linda experiencia que me hizo sentir libre porque estaba en el medio que a mí me gusta que es el agua. Al poco tiempo empecé con los entrenamientos cerca de casa y a viajar a Mar del Plata varias veces al año. En poco tiempo voy a competir en Chile”, cuenta Georgina, orgullosa.

 

En abril de 1972, Luis Pompeo sufrió un accidente automovilístico y desde ese momento no pudo volver a caminar. Si bien a lo largo de todos estos años pudo rehabilitarse, trabajar y manejar un auto adaptado, tenía un sueño pendiente: volver a entrar al mar, una de sus pasiones. Un amigo le comentó sobre “Fabrica de sonrisas”  y se animó a vivir esa experiencia. Cuando llegaron a la playa, Luis estaba muy nervioso, le temblaba todo. El primer paso fue colocarle el traje de neoprene. Con una silla preparada para la playa, que Luis llama “anfibia”, lo llevaron hasta la profundidad del mar, lo volcaron y entró al agua, se puso las gafas y comenzó a nadar. “Esa sensación fue tan fuerte que me recuperé del bajón que había tenido. Según mi asistente, había estado una hora y media en el agua, para mi habían sido solo 20 minutos. Disfrutaba en el agua como un bebé. Fue algo que en mi vida pensé que iba a hacer. Había estado un montón de veces en ese lugar, con mucho calor, que se me caían las gotas, que me encantaba el mar y no podía meterme. No me quería ir del mar. Son sensaciones buenísimas”, recuerda Luis  a la distancia.

Rubiño cuenta que cada clase y cada alumno lo marcan. Y confiesa que se siente afortunado de estar cerca de ellos cada vez que le brillan los ojos, gritan o levantan los brazos de emoción al bajar su primera ola.

“Me siento agradecido de poder vivir y compartir lo que amo. Toda la fábrica de sonrisas y cada historia de vida que pasa por aquí es gracias al trabajo en equipo de muchas personas y empresas que ayudan para que sea posible.  Sin ellos la escuela no sería lo que hoy es. Es difícil poder darle continuidad durante tantos años a una actividad gratuita y abierta para miles de alumnos. No se logra dando solo el tiempo libre o cuando no hay otra cosa que hacer. La fábrica de sonrisas es la prioridad y como tal hay que trabajar duro para que se mantenga, crezca y mejore día a día”, cierra Rubiño.

 

 

Contacto de la Fábrica de Sonrisas Mardelsurf:

Teléfono: 2236000892

Mail: escuelamardelsurf@hotmail.com