PERSONAS QUE INSPIRAN

Emotiva historia: perdió la visión pero nunca bajó los brazos

Emotiva historia: perdió la visión pero nunca bajó los brazos

Johana triunfó en el deporte cuando era adolescente y hoy sueña con ser periodista.

“Estoy conforme porque muchas cosas que hice durante mi vida no las hubiera podido hacer si no tuviera esta discapacidad. Está bien, lo tengo bastante asumido”.

Antes de llegar a los 7 meses de gestación del embarazo, la mamá de Johana Díaz tuvo un desplazamiento de la placenta por lo que se tuvo que  adelantar el parto. Ella debió permanecer dos semanas en una incubadora, mientras que los médicos pensaban que no iba a resistir ya que, además, tenía anemia. Como todo bebé que tiene que estar en esa situación debía recibir una protección en los ojos para evitar los inconvenientes con la luz ya que el oxígeno puede afectar a la retina. Pero a raíz de un descuido de los profesionales Johana no contó con esa defensa.

A los tres meses su abuela se dio cuenta que Johana no veía. En un centro oftalmológico de su ciudad le dijeron que tenía Cataratas, pero cuando la trasladaron al Hospital Santa Lucía en Buenos Aires le diagnosticaron Retinopatía del Prematuro, una enfermedad en la que se observa en los niños prematuros y se da por un desarrollo anormal de los vasos sanguíneos de la retina. La mayor parte de casos de Retinopatía del Prematuro se resuelven sin causar ningún daño a la retina, pero cuando la retinopatía es severa puede causar posible ceguera.

“Lo superé bien porque sabía que en algún momento me iba a pasar”

Mientras era chiquita Johana no distinguía la diferencia entre lo que podía ver entre un ojo y el otro. Hasta que una tarde estaba jugando con su hermana a que se tapaban un ojo y miraban con el otro. “Al taparme el ojo izquierdo me di cuenta que con el derecho ya no veía nada. Mucho no me acuerdo de ese momento pero lo superé bien porque sabía que en algún momento me iba a pasar, usaba anteojos y el ojo que más tenía visión era el izquierdo”, rememora Johana a la distancia. En relación al ojo izquierdo, incluso hasta en la actualidad,  afortunadamente ve luces y sombras a cierta distancia.

A partir de los 7 meses empezó a ir a una escuela especial a la que asistían chicos con parálisis cerebral, cuadripléjicos, hipoacúsicos y no videntes como ella. En ese lugar recibía estimulación visual, aprendía a moverse dentro de su casa, le ensañaban a prender y a apagar las hornallas para poder prepararse el desayuno y la merienda, a pelar las frutas y verduras y a atarse los cordones, entre otras cosas.

Pero, paralelamente, hizo toda la primaria y la secundaria en una escuela normal. Al principio, cuenta, fue complicado adaptarse pero en primero y en segundo grado todavía podía escribir, en tercero fue aumentando el tamaño de la letra y ella misma se grababa los materiales que le daban para leer. Y pudo seguir escribiendo hasta quinto grado. “Recién ahí fue que tuve que aprender a escribir en el sistema braille en muy poquito tiempo, fue un desafío importante pero se me hizo bastante fácil y en un mes ya lo había aprendido”.

 

30 medallas de oro

Cuando tenía 12 años, una profesora de la escuela especial a la que asistía la invitó a participar de una competencia de atletismo (50 y 80 metros de carrera) que se hacía en el municipio de General Roca (Río Negro), donde ella vivía, para personas adaptadas. Hasta ese momento Johana no lo sabía, pero ese torneo era clasificatorio para participar de los juegos rionegrinos. Compitió, ganó la medalla de oro y tuvo que viajar a los juegos provinciales donde volvió a salir en primer lugar. Luego, clasificó para disputar los juegos Evita a nivel nacional donde corrió los 100 metros. Otra vez había vuelto a brillar en una carrera para quedarse con el oro.

“La verdad que empecé sin saber para qué eran esas competencias pero la sensación que se siente antes de correr es indescriptible y cuando empecé a ganar las medallas fue muy lindo, un logro muy importante y a partir de ahí me animé a seguir compitiendo”.

En el año 2007 compitió en los Juegos Patagónicos en velocidad de 100 metros, la posta (donde participan los atletas con mejores tiempos de la provincia) femenina, la mixta y la integrada. También participó en lanzamiento de bala, de jabalina y de salto en largo.

Johana siguió compitiendo con mucho éxito y satisfacciones hasta el año 2010 cuando dejó a raíz de una distensión de ligamentos. A lo largo de su carrera deportiva, obtuvo 38 medallas, 30 de ellas doradas.

Su sueño de ser periodista

En la actualidad Johana, que tiene 24 años, forma parte de una agrupación de la Facultad de Derecho y de Ciencias Sociales en la Universidad del Comahue donde recibe diversos cursos y capacitaciones semanales sobre jardinería, carpintería y primeros auxilios para poder tener una salida laboral en dichas áreas.

“Me encantaría ser periodista deportiva pero la carrera no está en esta universidad así que voy a empezar a estudiar Comunicación Social porque es lo que más se acerca. Me gusta mucho la radio, vivo escuchando radio y mi deseo es poder trabajar en ese medio”, se ilusiona.

Johana mantiene un vínculo con varias de sus amigas de la secundaria, como así también con personas que padecen algún tipo de discapacidad a las que conoció en los años en los que se destacaba en el deporte.

 A la hora de los hobbies, confiesa que le gusta mucho escuchar música y cantar. Y dice que le “encantaría poder recibirse de periodista para poder comunicarle y contarle a la gente acerca del deporte adaptado porque es algo muy lindo y muchos no lo conocen”.