PERSONAS QUE INSPIRAN

El poder de las canciones para acompañar a quienes más lo necesitan

El poder de las canciones para acompañar a quienes más lo necesitan

“Música para el alma” es un emprendimiento solidario y gratuito, conocé esta iniciativa.

Se llama “Música Para El Alma” pero también podría ser música para la vida, música del corazón o música de la esperanza.
Es difícil describir con palabras lo que se siente presenciando un concierto en vivo en donde más de 20 músicos -que se destacan en las principales orquestas de la Argentina- se trasladan para tocar en forma solidaria, independiente y gratuita en hospitales de niños, hogares de ancianos, escuelas de educación especial e instituciones de bien público en general, para acompañar con su música a personas que pasan por situaciones de vida difíciles.

“Música Para El Alma” (MPA) festeja sus primeros 6 años de vida y el concierto número 374 se lleva a cabo en el Hogar de Ancianos “San Martín”, que depende del gobierno de la ciudad. Mientras los músicos ensayan y afinan los acordes, los abuelos van entrando al auditorio. Muchos ingresan ayudados por las enfermeras, otros caminan con sus andadores y algunos son trasladados en sillas de ruedas.

Debajo del escenario se ubican, a ambos lados, los solistas y la gente del coro. En total, serán unas 60 personas. Todos (los que están arriba y abajo) lucen la remera blanca con la inscripción  “Música para el alma” que resalta con una clave de sol en color negro y con un corazón rojo.

El primer tema que tocan es la Sinfonía 40 (Primer Movimiento) de Mozart. Después de los primeros aplausos y emociones, aparece en escena Cecilia Pastawski, mezzosoprano solista que canta ópera en el Teatro Colón y en el Teatro Avenida. En ésta oportunidad va a interpretar Habanera de Bizet. Cecilia es carismática y talentosa, de eso no hay ninguna duda. Se mueve por todo el auditorio, recorre las dos filas de asientos y se acerca a varios de los ancianos cuyos rostros, emocionados, no pueden creer lo que están disfrutando. Les canta para ellos, los mira a los ojos, les toma las manos. “Siento mucha emoción, esa comunicación tan directa que uno puede tener con la mirada y percibir como se agradece. Yo me llevo mucha alegría de cada uno de los encuentros, me voy muy emocionada con ver el poder de la música, eso es muy fuerte”, dice Cecilia.

El origen de Música Para El Alma

Desde muy joven Jorge Bergero toca el chelo como parte del elenco estable del Colón. En ese teatro conoció a María Eugenia Rubio, una joven y talentosa flautista. Se pusieron de novios y se fueron a vivir juntos. Sin embargo, al poco tiempo a ella le detectaron un cáncer de mama, la operaron, pero al año y medio retornó la enfermedad. “En el último trayecto de su vida los médicos no nos daban muchas esperanzas y solo quedaba por hacerle quimioterapia paliativa. De ahí, surge la idea de ir a la Fundación Salud (que tiene un programa de recuperación para pacientes con enfermedades graves) donde María Eugenia encontró un para qué. Ya no podía tocar, tomaba clases de tango, pero en el último tiempo comenzó a pintar. Era conmovedor ver como el cuerpo estaba cada vez más comprometido pero ella pintaba con unos colores increíbles y con una expresión de paz en su rostro, todo con una situación de dolor. Paralelamente, me fue surgiendo la necesidad de agradecer y empecé, junto a un grupo reducido de músicos, a brindar conciertos para las personas que como ella estaban en esa situación. María Eugenia no participaba activamente, pero generó la conciencia en todos nosotros para que naciera el germen de “Música Para El Alma”, recuerda Jorge. María Eugenia falleció en diciembre del 2011 a los 34 años. Sin embargo, los conciertos, inspirados en su memoria, recién estaban comenzando.

En agosto del 2012, cuenta Jorge, surge la posibilidad de hacer un concierto en una institución pública, la escuela de niños ciegos Santa Cecilia. En ese evento una nena pidió acompañar en el piano, una maestra la filmó, eso se compartió y al poco tiempo muchos colegas de Jorge se acercaron para preguntarle cómo se podían sumar al próximo concierto, aunque en realidad no tenía uno próximo a la vista. Entonces, habló con la directora del Hospital de niños Ricardo Gutiérrez y ahí arrancó oficialmente “Música Para El Alma”. Las fotos y los videos inspiraron a que más gente se animara a participar, fue así que crearon una página web (musicaparaelalma.org), digitalizaron las partituras y se fue organizando la Asociación Civil.

“En el Garrahan nos pidieron de entrar a determinadas habitaciones y vi chicos con problemas muy serios que uno no está acostumbrado a ver. Por dentro se me cayó toda la estantería, pero yo estaba con una sonrisa y la verdad es que me acercaba, me sentaba en la cama, empezaba a charlar con los chicos, hablábamos de fútbol, comenzaba a sonar la música y todo eso pasaba a un segundo plano. El compartir con la música crea una conexión más allá de la situación de vida de la persona”, dice Jorge.

O Sole Mio 

Los ancianos del hogar “San Martín” no pueden estar más felices. Se emocionan, disfrutan, aplauden. También están presentes algunos pacientes del Hospital Alvear. El auditorio está repleto. Eliana Damato y Alejandro Meerapfel se lucen con una magnífica interpretación de Papageno Papagena, un clásico de Mozart. No solo cantan como los dioses, sino que también actúan en forma brillante. Cuando finaliza el tema, ambos salen tomados de la mano sorprendiendo y entremezclándose con el público. Mientras tanto, arriba del escenario la orquesta se luce bajo la dirección de Javier Más.

Es el momento de un clásico: O Sole Mio interpretado por Miguel Ángel Drappo, que durante 26 años fue tenor en el Colón. “Yo entendí que no podía ser mezquino y cantar solamente en el Colón, hay gente que no tiene acceso a esto. El vínculo con la gente es maravilloso, tenemos infinidad de tarjetitas donde nos envían mensajes. Ellos están tratando de que les arreglen el cuerpo y nosotros les caemos de arriba, es  algo inesperado y se dan cuenta que les estamos arreglando el espíritu. A mí me hace muy bien, tengo 66 años, me nutro de esto para seguir cantando y para seguir viviendo”, expresa Miguel Ángel.

Hay dos mujeres sentadas en silla de ruedas visiblemente emocionadas. Una de ellas es Margarita, que tiene 83 años. “El concierto me parece espectacular, me siento enormemente agradecida, estoy muy emocionada. No me imaginé que podía ver a una orquesta así con tantos músicos”. A su lado se encuentra Élida, de 86 años. “Es la tercera vez que veo este concierto, está muy bien puesto el nombre, éstas son canciones para el alma porque nos hacen sentir muy bien, me emociono al hablar porque esto es una maravilla”.

 

Ese maravilloso ida y vuelta

Cerca del final, Soledad de la Rosa (que es cantante lírica y trabaja en el Coro Polifónico Nacional hace más de 20 años) realiza una magnífica interpretación de otro clásico: Brindis de La Traviata. “El ida y vuelta es una maravilla porque una observa a la gente como disfruta  en los conciertos, de golpe llorando, otros aplaudiendo, algunos tratando de sacar fotos con los celulares, es super lindo, la parte artística es importante, pero lo más importante es que estén bien ellos y que la pasen bien. Y se crea siempre un clima muy lindo”.

 

Para el final del espectáculo, que dura unos  40 minutos, MPA sorprende con Sobredosis de Chamamé, momento en el cual varios integrantes del coro se alistan para recorrer todo el auditorio al ritmo de acordes y de aplausos. Algunos, incluso, se animan a bailar. El concierto es tan espectacular que toda la gente pide, inevitablemente, un bis. Ahí es donde de la Rosa se luce cantando “Volver”, uno de los tangos emblemáticos de Carlos Gardel.

Tras saludar y escuchar los aplausos que se multiplican por todo el teatro, los músicos se dirigen a compartir parte del concierto a los pabellones donde se encuentran los ancianos que por razones de salud no pudieron trasladarse hacia el auditorio. “Me acabo de bajar de la cama y me senté en una silla porque los estaba esperando y quería verlos de más cerca”, le comenta una mujer a uno de los músicos. Es el momento en que vuelve a entrar en escena Drappo presentando una original y novedosa versión de funiculi funicula, con una letra inventada por él para la ocasión: “Yo digo: ´vamos a esquiar a la montaña y ustedes repiten a la montaña´”. Y los ancianos observan, escuchan, contemplan y admiran su música. Y, claro, hacen el eco para beneplácito de Drappo y de toda la orquesta que disfruta con una sonrisa.

Es increíble como a medida que los intérpretes se acercan a sus camas y les toman las manos, ellos mágicamente sonríen. Es el poder de la música. “Cada uno de los eventos son especiales, es bonito que la música una a las personas y ver que la gente que está pasando un mal momento se alegra aunque sea por un ratito. No hace falta que ellos lo digan porque lo ves, a lo mejor están en sus camas pero aplauden, ves sus ojos que les brillan”, dice Sarai Pintado, violinista, que hace un año llegó desde España.

 

MPA mundial

MPA comenzó con apenas 10 músicos y la base de datos actualmente ya cuenta con más de 2500 que se van anotando para los diferentes conciertos. A raíz del éxito de los conciertos, empezaron a escribirle a Jorge Bergero profesionales de otras ciudades para poder llevar la música a eso lugares. Es por eso que MPA estuvo tocando en Montevideo (Uruguay), Santiago, Concepción y Temuco (Chile) Lima y Trujillo (Perú), La Paz, Santa Cruz de la Sierra y Cochabamba (Bolivia) y Quito y Guayaquil (Ecuador).  Además, se han hecho conciertos en Italia, Francia e Israel con músicos locales que fueron asesorados por los profesionales de “Música para el alma”.

“Música para el alma tiene una gran parte en mi vida, me gustaría que en algún momento el proyecto siga solo porque lo hacemos con mucho amor pero crece tanto que a veces no damos abasto, tenemos cientos y cientos de pedidos. Estaría bueno tener mucha gente que ponga un poquito de dinero para poder colaborar con nosotros y podríamos tener una sede, administrarnos mejor y hacer más conciertos”, se ilusiona Jorge.

Al año y medio de empezar con MPA, Jorge viajó junto a otros músicos para brindar un concierto en Bahía Blanca y allí conoció a Carolina Gallo, violinista de la sinfónica de Bahía Blanca que había quedado viuda para la misma época que él con un nene de apenas dos meses. Se conocieron, se enamoraron y desde ese momento están juntos. Hace 3 años que viven los tres en Buenos Aires. Jorge y Carolina, que también es parte de MPA, comparten la vida y el amor por la música.

Ya son casi las 13:00hs. El último destino de MPA en el hogar de ancianos San Martín es en uno de los comedores donde unos 30 adultos mayores almuerzan mientras disfrutan de algunos de los temas que los músicos ya interpretaron. Sin embargo, por la puesta en escena, por la energía, por las sonrisas y por el amor que le dedican a la tarea no parecen cansados ni mucho menos. Al igual que sus espectadores, ellos también se van muy contentos, felices de haber sido partes de ese momento. Y esperando la fecha del próximo concierto para poder decir presente y llenar los corazones de otras personas en algún otro lugar donde vuelva a brillar la magia de “Música Para El Alma”.

Como cada vez se suman más músicos a MPA tienen la idea de formar una estructura más amplia. A través de las donaciones online que están recibiendo les permite poder trasladar los instrumentos y comprar las remeras con la insignia del proyecto. Con este fin, el próximo 10 de septiembre a las 20hs van a realizar un concierto en el teatro Del Globo (M.T de Alvear 1155 CABA).

Quienes quieran colaborar puede hacerlo ingresando a: Web: http://musicaparaelalma.org/