PERSONAS QUE INSPIRAN

Descubrió su lugar en el mundo rodeada de la pureza de sus caballos

Descubrió su lugar en el mundo rodeada de la pureza de sus caballos

Tras haber pasado una situación difícil, Victoria encontró un propósito para su vida.

“De repente, de la nada,

llegó un tsunami

Arrasó con todo

Con la fuerza de un tornado,

me hizo girar como loca por los aires,

soltándolo todo en cada vuelta,

mareando mi vista,

perdiendo la noción del piso

Para luego calmar,

y dejarme apoyar los pies, nuevamente,

en la tierra

Pero ya en otro lugar

Nuevo

Desconocido

Todo por reconstruir

Tanto por sanar”

 

Un tsunami. Un cimbronazo. Algo que la sacudió, pero que principalmente la hizo reencontrarse con ella misma. O descubrirse desde otro lugar. Así describe, poéticamente, Victoria Belaustegui (46) cómo irrumpió el cáncer en su vida. La enfermedad había llegado para que se hiciera preguntas, replanteos. Para que tomara decisiones. Para que encontrara, quizás, nuevos caminos. Para, en definitiva, enriquecer su vida llenándola con un nuevo sentido.

Victoria había estudiado Economía y se había dedicado al sector público. En el año 2006 le propusieron trabajar en la Secretaría de Medio Ambiente (en temas de sustentabilidad) en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Panamá. Entonces,  comenzó a vivir 15 días en el país centroamericano y los otros 15 en Buenos Aires junto a su marido y a sus dos hijos varones. “Pese a que los chicos eran chiquitos y era todo una locura, yo estaba feliz, no sentía culpa de dejarlos. Me encantaba lo que hacía”, recuerda Victoria.

Mientras buscaba ese tercer hijo que no llegaba, su marido le propuso comprar una casa en Chascomús, una ciudad ubicada a 120 KM de Buenos Aires, para pasar los fines de semana. Al poco tiempo, decidieron definitivamente instalarse en ese lugar y Victoria abandonó su trabajo en la ONU. Enseguida, quedó embarazada de Paloma. “Lo veía como una señal de que habíamos hecho bien en venir para acá. De repente, empecé a ser madre full time, dejé de ser profesional y pasé a ser la remisera de mis hijos para llevarlos y traerlos del colegio. En ese momento empecé a preguntarme qué quería ser, quién era. Y de esa forma arrancó mi noche oscura,  estaba muy angustiada, sentía algo así como un estado de desasosiego y pensaba que me iba a enfermar”.

A mediados del año 2013 Victoria descubrió que se le había agrandado un lunar que tenía en su pierna izquierda y como le empezó a molestar, fue a ver a un especialista que le indicó que era necesario extraerlo. La biopsia, que supuestamente debía demorar aproximadamente dos semanas para conocer los resultados, estuvo lista a los dos días. Y las noticias no fueron buenas. La primera palabra que leyó del informe fue melanoma. El cirujano que la vio le explicó que se trataba de un melanoma de grado 4, bastante avanzado. “Estaba shockeada. Al salir del consultorio tuve la sensación de que estaba yendo en cámara lenta, todo me resultaba irrelevante. La noticia me voló. Me dejó en blanco, aunque no pensaba en la muerte”.

En la primera cirugía le habían sacado el lunar y en la segunda intervención debieron quitarle un pedazo de muslo con tejido. Ese proceso, que duró casi dos años, le dio permiso para reinventarse. Entre otras cosas, empezó un trabajo de escritura en las clases de biodanza, donde se empezó a conectar con lo que le estaba pasando. Y de esa forma nació Serendipia, su libro de poemas. Su primer poema se llama “Libertad” y está intrínsecamente ligado con la transformación que estaba vivenciando a raíz de la enfermedad.

“Estallé en un grito eterno,

arranqué las cadenas

desde mis entrañas,

las estrellé contra el suelo,

liberé mis manos,

reinventé mi cuerpo,

levanté la cabeza,

vi polvo de estrellas

y después,

canté”.

Otra vez el cáncer

En julio del 2015 Victoria estaba por viajar a EE.UU. para participar de un curso de yoga cuando empezó a sentir como “una picadura de mosquito” en la otra pierna. En plena estadía norteamericana, una tarde empezó a llorar desconsoladamente encerrada frente al espejo dentro de un baño. Su sospecha era que lo que tenía no era bueno. “Mis emociones me habían avisado antes de tiempo. Me dije para mí misma que no iba a morir en un momento en que estaba en plena expansión. Sentí como que ese ejercicio interno me alivianó e hizo que le perdiera el miedo a la muerte”, confiesa.

Al regresar a Buenos Aires le quitaron lo que finalmente era un nódulo subcutáneo que se había agrandado: metástasis de melanoma. En ese tiempo estuvo muy para adentro, profundizando en la escritura.

 

“La vida me hizo estar quieta obligatoriamente. La muerte me estaba conectando más con la vida, con elegir la vida desde donde yo quería, ser sincera conmigo misma, empezar a ver cuál era mi propósito, ver a la enfermedad como una gran posibilidad. Era una privilegiada porque si me había llegado nuevamente el cáncer era porque lo podía pasar. Ese segundo tramo de la enfermedad fue como una bendición”.

Durante ese lapso, Victoria había comprado unas potras para domar. Si bien se había criado con caballos, quería experimentar en esta nueva actividad. Y en esos instantes de introspección, los caballos resultaron una excelente compañía para calmar su dolor. “Cuando estaba muy mal, me iba entre ellos, me tiraba en el piso yo lloraba de emoción, yo misma me entregaba y era puro amor. Descargaba mis miedos, lloraba desconsoladamente, ellos se me acercaban, me fueron ayudando. Los caballos son simples, son puros, son amorosos, el amor que integra y que une está presente en ellos y ellos están dispuestos. Cuando estoy con ellos percibo la sensación de plenitud, de tranquilidad, de paz interior y eso es impagable”.

“Siento que este es mi propósito y mi misión en la vida”

A raíz de esa transformación que estaba realizando y de ese acercamiento que tenía con los caballos, Victoria comenzó a pensar en la posibilidad de crear un emprendimiento que tuviera a estos animales como verdaderos protagonistas. Y, de paso, le permitió ir encontrando el sentido a su vida, al tiempo que fue empezando a contestarse, en un proceso, cada una de las preguntas que se había hecho en el peor momento de la enfermedad. Y de esa forma surgió “Caballo Alado”, unos talleres para acompañar el proceso de cambio a nivel personal incluyendo el autoconocimiento, la salud, la autovaloración, los conflictos de relaciones (pareja, familia, laborales), miedos, bloqueos, búsqueda de sentido, crecimiento personal y desarrollo de capacidades para un liderazgo consciente.

Los talleres vivenciales están destinados para apoyar el camino de transformación personal. Hay distintas modalidades de encuentros, con caballos, yoga y biodanza, meditación, cocina consciente, sanación, etc. Al principio de cada encuentro, ya sea individual o grupal, Victoria realiza una presentación, que incluye una meditación corta en el lugar y técnicas de Mindfulness. En su rol de facilitadora, su único trabajo es que los caballos se habitúen a estar con la gente y, obviamente, traer la dimensión espiritual a la vida cotidiana. Ella observa el comportamiento de los caballos y su objetivo es tratar de hacer reflexionar a las personas sobre las reacciones que suceden en esas interacciones.

“Siento que este es mi propósito y mi misión en la vida. Me siento plena y siento que ayudo con lo que hago. Los caballos son parte de mí. De mis recuerdos de la infancia, amo sus olores, sus sonidos. Me transmiten libertad, pureza, fortaleza. Me siento una más entre ellos, son mi cable a tierra. Paso bastante tiempo entre ellos, simplemente tirada en el suelo entre ellos, 'conversando', observándolos o trabajando. Cada vez que necesito descargar o armonizar, me voy entre ellos y enseguida me acomodan aunque no sepa bien qué es lo que pasa, me armonizan. Lloro, río, los abrazo, los hago correr, me divierto con ellos. Me sacan una sonrisa todo el tiempo”.

Fotos: gentileza Guillermina Gómez Romero