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“Caminos Solidarios”: ayudan a la gente que vive en la calle y que no tiene para comer

“Caminos Solidarios”: ayudan a la gente que vive en la calle y que no tiene para comer

Te contamos 3 historias de una recorrida que hicimos por el barrio de Almagro.

Es martes. Son las 20.30hs. Es una noche típica de invierno donde la sensación térmica marca 6 grados. El punto de encuentro es en Av. Rivadavia y Castro Barros, justo enfrente a la emblemática confitería “Las Violetas”, en pleno corazón del barrio de Almagro. Son entre 40 y 50 personas que van a buscar un plato de comida. Algunos están en situación de calle, otros tienen la suerte de poder alquilar una vivienda. También están los que se vienen desde muy lejos para que sus hijos puedan acostarse con la pancita llena.

A las 20.35hs desciende de un taxi Graciela Ramírez, una de las colaboradoras de “Caminos Solidarios”, una ONG creada por Mariela Fumarola que desde el año 2011 se ocupa de asistir con comida, ropa y juguetes a personas en esta situación en distintos puntos de la ciudad de Buenos Aires.

Graciela preparó en su casa esa olla gigante de guiso que guarda dentro de un bolso rojo. Mientras tanto, ya se observa la fila de adultos y de niños esperando para probar ese plato que por su aroma huele muy rico.

8 años viviendo en la calle

Uno de los primeros en llegar es Martín, un muchacho de 42 años, que tiene puesta una campera negra, un gorro del mismo color y un jean azul. Desde hace 8 años está en situación de calle, aunque de vez en cuando hace “changas” como albañil. “Estoy en eso, tratando de buscarme un lugarcito, a veces me presta unos días la casa algún amigo pero no quiero molestar a la gente. En una parte de mi vida me lancé a buscar ese trabajo que no llegó nunca y dejé de buscar porque no te llaman nunca y te cortan el rostro, es como que bajás la guardia, no es que soy exquisito pero es como que te sacan las ganas. Al principio, comencé revolviendo los tachos de basura de los locales de Mc Donald´s y después encontré a un conocido que me fue pasando datos de comedores o de voluntarios que dan de comer a la gente”, dice Martín. Como se hace presente todos los martes en el mismo lugar, ya se siente para de la familia de personas con las que comparte la cena y también las charlas. “No sueño mucho, solo cosas alcanzables como poder conseguir un trabajo y alquilar una piecita”.

También está Soledad, una mujer de 34 años que vino desde Lomas de Zamora con sus 5 hijos. Ella es soltera, está sin trabajo, cobra la asignación familiar por los hijos y un subsidio por estudiar. Está terminando la primaria y piensa seguir la secundaria. “Estoy estudiando porque para trabajar de lo que sea te piden de todo, yo sé que lo voy a lograr. Todos los martes nos traen comida, ropa, calzados, cosas de higiene. Para gastar lo menos posible venimos en tren desde Lomas hasta a Haedo, de ahí hasta Caballito en otro tren, caminamos hasta Plaza Miserere en Once y luego tomamos un colectivo que nos deja a unas cuadras”, relata, sin perder la sonrisa en su rostro.

“Siempre fue fácil vincularme, es gente que quiere estar con gente”

Cerca de las 21.00hs se hace presente Mariela Fumarola, que es profesora de Educación Física, trabaja como personal trainer y tiene dos hijos, con una bolsa llena de juguetes y peluches  para repartir entre los chicos que se acercan, la saludan y se quedan hablando. Ella los abraza, les sonríe. Les brinda mucho cariño, al igual que a sus padres. Y se acerca una por una a cada una de las personas que ya está sentada o parada saboreando el guiso en la calle. Pero, además, trae una especie de budín en forma de torta que ya viene cortado en porciones para que todos puedan comer el postre. A un costado, uno de los voluntarios está sirviendo jugo de naranja mientras se va formando una cola de unas 5 o 6 personas.

“Nos queremos mucho con la gente, siempre fue fácil vincularme, es gente que quiere estar con gente, no hay mucho misterio. Los conozco, sé sus nombres, un poquito de sus vidas, es un vínculo de cariño,  casi todos tienen mi teléfono o son mis amigos de Facebook. Ellos saben que pueden contar conmigo, hay un montón de gente que nos necesita y la idea es poder contagiar porque es algo que no nos cuesta, solamente la presencia de alguien para esta gente es un montón”, expresa Mariela.

Una de las personas mayores que se puede apreciar es Mario, que tiene 77 años. Él estuvo dos años y medio en situación de calle hasta que en el año 2016 con la jubilación y tras haber conseguido un trabajo en un garaje tres veces por semana logró alquilar un departamento con la ayuda de uno de sus hijos. Sin embargo, es un agradecido a los voluntarios de “Caminos solidarios” por todo lo que hicieron cuando él estaba en la calle. “Los martes vengo a comer pero también soy como una especie de voluntario. Me gusta ayudar como lo hicieron otros conmigo, charlar con la gente, conocer sus historias”, dice.

Actualmente, “Caminos Solidarios” cuenta con aproximadamente 100 voluntarios que trabajan en la calle divididos por zonas. Además, hay muchas personas que colaboran cocinando, consiguiendo platos y vasos descartables, frazadas, cuellitos de polar y juguetes, entre otras cosas.

Para poder continuar con su obra, “Caminos Solidarios” necesita de la ayuda de aquellas personas que puedan donar alimentos no perecederos (fideos guiseros, puré de tomates, arvejas, lentejas, te, café, mate cocido, leche en polvo o larga vida, jugos en polvo) pañales y elementos de higiene. También pueden colaborar con calzados, medias, frazadas, gorros y guantes.

 

Contacto de Caminos Solidarios

Facebook: https://www.facebook.com/CaminosSolidariosArgentina/

Twitter: @CaminosArg