PERSONAS QUE INSPIRAN

Silvia Freire: “El espejo te muestra algo que definitivamente está en vos y no estás pudiendo ver”

Silvia Freire: “El espejo te muestra algo que definitivamente está en vos y no estás pudiendo ver”

Qué significa “romper los espejos” y qué lugar ocupa la mirada del otro en la conformación de la autoestima.

       

¿Qué fue lo que te motivó a escribir el libro "Dejá de romper los espejos"?

Estamos todo el tiempo echándole la culpa al afuera: a la humedad, a tu pareja, al barrio, al gobierno de turno. La idea tiene que ver con romper los espejos que te muestran tus propias ideas, tus condicionamientos, tus pautas y toda tu historia. Lo que el otro te muestra es una página de tu libro. Lo que te está mostrando el espejo es algo que definitivamente está en vos y que no lo estás pudiendo ver. Lo que sí ves es lo que te muestra el otro que seguramente está en algún lugar de tu mente.

Una de las frases más interesantes del libro es: “La forma de cambiar la realidad exterior, es que yo cambie internamente; porque cuando suceda, lo exterior se acomoda". ¿Podrías ampliar este concepto?

Lo visualizo igual que en el cine. Cuando yo era adolescente me llamaba mucho la atención que en ese cuadradito que estaba allá atrás viniera ese foco proyectado en la gran pantalla y me permitiera ver la película. A mí me quedaba muy clara la imagen de que si yo quería cambiar a Kevin Costner por otro actor no tendría nada que hacer en la pantalla. Me suena muy ridículo acercarme a la pantalla y gritarle: “Kevin, amigo”. Para cambiar eso que está proyectado tendría que ir al proyector que está detrás de mí. Lo que yo estoy proyectando es mi manera de ver. No es que allí no haya un árbol, ese árbol puede no significar nada para mí. Pero cuando el árbol toma un significado para mí, ese significado estaba adentro. El árbol en sí mismo no tiene un significado. De nada me sirve talarlo porque cuando camino dos cuadras y vea otro árbol voy a seguir proyectando acerca de lo que yo pienso acerca de los árboles. Lo voy a proyectar en todos los árboles que se parezcan. Lo que yo tendría que cambiar es esa emoción que me genera porque no puedo ir por la vida talando árboles.

Cuando yo pueda cambiar desde mi interior y lo que termino proyectando en el afuera, obviamente cuando entre al cine si yo saco entradas para ver a ver Kevin Costner, me voy a encontrar con él. Si no tengo ganas de ver una película donde actúe él, debo elegir en el momento qué es lo que realmente deseo ver porque si seguís eligiendo ir al cine a ver Kevin Costner, cuando te sientes en la butaca lo vas a ver a él todas las veces.

¿Los demás nos ven como realmente nos vemos nosotros?

Yo no puedo hacerme cargo de la distorsión del otro ni de lo que el otro ve. Pero si una persona me dice “otra vez estás más gorda” yo no sé la devuelvo tan fácil. A mí me gusta quedarme con lo que me dicen. Entonces, me puedo preguntar a mí misma. ¿Otra vez volví a aumentar de peso? ¿Hoy a la mañana me sentí disgustada con lo que me devolvía el espejo? ¿Me sentí angustiada cuando me probaba una remera y no me entraba? Ahí es donde yo puedo entender que el otro captó mi vibración negativa, lo que yo estoy emanando en ese momento.

Hay un idioma que es vibracional donde sobran las palabras. El lenguaje gestual lo explica claramente. Si uno tiene el entrenamiento empieza a tener la capacidad de distinguir pupilas. La pupila se defiende o se relaja y tiene un permanente movimiento de achicarse y de agrandarse. Achico cuando quiero enfocarme mejor porque hay peligro. Agrando cuando relajo. Entonces, cuando la pupila está grande yo te miro a los ojos y puedo sentir que estás a gusto y relajado. Cuando yo empiezo a agredirte puedo medir tu pupila y me doy cuenta que lo que te acabo de decir no te gustó en lo más mínimo.

El otro puede captar mucho mejor que yo mis ánimos y en su defensa puede atacar con eso que capta que a mí me puede llegar a molestar. Entonces, el otro termina armando un concepto en base a la información que vos le diste basándote en el concepto que vos tenés de vos mismo.

¿Qué porcentaje tiene la mirada del otro en la composición de nuestra autoestima?

Cuando lo que yo tengo es una baja autoestima y un concepto bajo de mí lo que el otro me devuelve es el concepto que yo ya tenía porque si no es así no lo recibo. Si yo voy caminando y me dicen: “qué querés si esta es una idiota” te juro que no me doy por aludida porque no me siento que soy una idiota. Me ha pasado con personas que han entrado a mi casa y yo he elogiado con un “hay que linda que estás” y siguen caminando creyendo que se lo estoy diciendo a la que entró por detrás. Es muy difícil que alguien me diga algo que yo no crea de mí.

¿Por qué creés que nos pasa esto de que nos cuesta creérnosla (en el buen sentido) acerca de lo que somos, de nuestras habilidades y potencialidades?

Esos conceptos se forman desde la niñez. No conocí ningún campeón al que sus padres de chico le hayan dicho “sos un tarado”, “sos un tarado”, “sos un tarado”.

Hay una mujer que viene a mis charlas que de chica tuvo que dejar de ir a Inglés porque la profesora le decía que se vestía muy mal. Con los años ella fue forjando un concepto basado en lo que les decían los demás acerca de su desprolijidad. Ayer, ella le escribió una carta del perdón a su mamá donde le decía que le había hecho pasar mucha vergüenza por la forma en la que la vestía, por cómo combinaba su ropa, sin armonía y sin atención. La mamá leyó la carta y le pidió perdón. Yo creo que hoy es el día de mayor elegancia de Claudia, nunca la había visto tan bien vestida.

El objetivo de las cartas del perdón es que el otro pueda arrepentirse y expresar ese arrepentimiento. “Si yo hubiera sabido que a mi hija la iba a marcar por todas esas cosas que le dije, no se las hubiera dicho”.

Más allá de todo lo que nos dicen nuestros padres cuando somos niños. ¿Podemos de adultos romper con esos mandatos?

Hoy somos tutores, ya el adulto no puede seguir echándole la culpa a mamá y a papá. Hoy tiene que ir uno hacia la página 22, agarrar la goma y empezar a escribir sobre eso que ya estaba escrito. Y si lo que estaba escrito era: “sos estúpido, sos estúpido, sos estúpido”, voy a escribir: “soy brillante, soy brillante, soy brillante”.