PERSONAS QUE INSPIRAN

Fabiana Araujo: "La vida es minuto a minuto"

Fabiana Araujo:

Entrevistamos a la modelo y conductora. Conocé su historia de superación y resiliencia luego de atravesar dos enfermedades.

Fabiana Araujo es una modelo y conductora de televisión muy reconocida que durante muchos años supo cautivar la admiración en las pasarelas, pero también la calidez humana, su simpatía y esa buena energía que irradia en cada una  de las emisiones de su programa de TV “Donna Moda”.
Sin embargo, durante los últimos años debió afrontar dos situaciones adversas, batallas como ella misma las denomina, que atravesó con mucha fortaleza.

Una señal de alerta

Para el año 2011 Fabiana estaba atravesando un muy buen momento en su relación con Marcelo (se habían casado en 1990), con su familia y con su trabajo. “Una mañana de marzo estaba en el río, me estaba colocando el protector solar y sentí como un bultito, una especie de lentejita, en unas de mis mamas, era algo que antes no estaba. Esperé que me viniera la menstruación, me volví a palpar y noté que estaba más chiquito, pero seguía ahí. Tenía como una intuición, se me había encendido una señal de alerta”.

Tres meses atrás se había realizado la ecografía mamaria y la mamografía anual que no habían arrojado nada extraño. Sin embargo, Fabiana se trasladó a la guardia del Hospital Alemán donde le recomendaron que se repitiera los estudios. Y en esa ecografía apareció una imagen que había que estudiar. En ese momento se puso en contacto con el Dr. Jorge Gori, Jefe del Departamento de Ginecología, Mastología y Obstetricia de ese hospital, que le indicó una punción cuyos resultados debió ir a buscar a los 20 días.

Su doctor, Roberto Castaño, le expicó que tenía cáncer pero que, por suerte, se podía operar y que tenía muchísimas chances de curación.

Primera batalla

Los primeros días de mayo de ese mismo año Fabiana fue intervenida quirúrgicamente y le realizaron una biopsia en ese mismo momento que dio negativa. Los médicos le indicaron radioterapia y luego tomó medicación.

En todo ese proceso estuvo muy acompañada por su marido de aquel entonces y por las hijas de él, que ella había criado desde los tres años.
La única que no supo hasta que finalizaron los rayos fue su mamá (que vivía en Santa Fe) ya que en ese momento tenía una salud “muy precaria”.

“Nunca me pregunté por qué a mí porque en realidad uno nunca se pregunta eso cuando nos pasan cosas buenas, entonces tampoco lo hice en esos instantes. Lo primero que hice fue aceptar lo que me estaba sucediendo, confiar plenamente en los médicos que me estaban atendiendo y en los tratamientos. Y también le puse la mejor actitud porque yo no me iba a acostar hoy y a despertarme dentro de un mes y medio como si los rayos ya hubieran pasado. Era una realidad que estaba y no tenía que negarla. Ya que tenía que atravesar esa situación, me propuse tener buena onda porque la gente que estaba a mi alrededor tampoco tenía la culpa”, rememora.

Más allá de que durante un tiempo prefirió que su enfermedad no trascendiera en los medios, con el tiempo se fue dando cuenta de la importancia del discurso que alguien conocida como ella podía brindar. “Entendí que estaba bien contar esta historia porque la mayoría conoce a alguna persona que tuvo cáncer y está bueno poder dar el mensaje que se trata de una enfermedad que si la detectan precozmente, y si uno tiene la bendición de poder tratarla, tiene un altísimo porcentaje de cura”.

Síndrome de Guillain-Barré

Una noche hacia finales de octubre de 2016 Fabiana había ido a cenar a un restaurante con Alejandro, su actual marido, y en el viaje de vuelta sintió nauseas. Estuvo descompuesta dos días y luego comenzó a sentir un ardor muy fuerte en las piernas. Al día siguiente estuvo en un evento y le costó mucho poder caminar con tacos. “Esa noche me bañé tres veces porque sentía fuego, yo le decía a Alex que había algo que me comía por dentro. Fuimos al Hospital Alemán, me dijeron que parecía un cuadro viral, me hicieron estudios y me pidieron que volviera al día siguiente para que me viera un neurólogo”.

Ese viernes le realizaron otros estudios y al día siguiente volvió al hospital en donde le efectuaron una punción lumbar para confirmar la presunción de la parte clínica que indicaba que padecía el Síndrome de Guillain-Barré.

El Síndrome es un trastorno auto-inmunitario grave que ocurre cuando el sistema de defensa del cuerpo ataca parte del sistema nervioso por error.
Afecta a una de cada 200.000 personas y puede presentarse a cualquier edad, pero es más frecuente en personas de ambos sexos entre los 30 y 50 años.
Esta enfermedad daña partes de los nervios ocasionando debilidad muscular y parálisis. Afecta sobre todo la cubierta del nervio, cuya consecuencia inmediata es que las señales nerviosas se movilicen de manera más lenta.
Pérdida de reflejos en brazos y piernas, control deficiente de la presión arterial, debilidad muscular o pérdida de la función muscular (parálisis), entumecimiento, cambios en la sensibilidad, falta de coordinación, visión borrosa, torpeza y caídas y dificultad para mover los músculos de la cara son los principales síntomas.

“No podía mover las piernas”

Fabiana debió permanecer 11 días en terapia intensiva porque debían monitorearla y hacerle estudios.

“Estaba consciente, pero, sin embargo, no recuerdo muchas cosas que me fueron sucediendo en ese lapso. Hay episodios de dolor que yo no me los acuerdo, hay gente que me dice que me fue a ver y yo no lo registro. Desde la cintura hacia abajo tenía paralizado, no podía mover las piernas. En ese momento no me asusté ni tampoco pensé si me iba a quedar para siempre de esa forma, yo me acuerdo que me levantaba la pierna con los brazos y se me abrían, estaba absolutamente paralizada”, confiesa.

Una mañana Fabiana estaba tomando agua y notó que el líquido se le desparramaba hacia los costados de la boca. Se tomó una selfie y cuando se vio se dio cuenta que tenía una parte de la cara paralizada. En ese momento sí se asustó. Sin embargo, enseguida entraron los médicos con cara de “felicidad”. “De qué está contenta esta gente si yo tengo la mitad de la cara paralizad”, pensaba ella para sí misma. Y la respuesta era que el síndrome ya había pasado el riesgo de generarle inconvenientes en la parte respiratoria. Se había salvado de que la enfermedad se metiera en sus pulmones y de que tuvieran que realizarle una traqueotomía, entre otras complicaciones.

“La rehabilitación fue dura”

Cuando comenzó la rehabilitación, lo primero que hicieron los kinesiólogos fue lograr que se parara. Más adelante empezó a caminar con la ayuda de un andador.

“La rehabilitación fue dura, me caía. Tuve que aprender a caminar de nuevo, no me respondían las piernas. Esta batalla fue peor que la que había dado contra el cáncer. Creo que la fuerza que tengo la llevo desde chica, me la enseñaron mis padres, no conozco otra manera, nunca pensé en abandonar esta lucha, desde chica todo me costó un poco más”.

En diciembre de ese 2016 Fabiana volvió a hacer una vida medianamente normal. “Me sentí libre cuando pude manejar de nuevo que fue lo más rápido que recuperé porque estando sentada yo podía”.

Una referente en este tema

A partir de ese suceso, la empezaron a contactar por las redes sociales muchos familiares de personas que se encontraban transitando Guillain-Barré para preguntarle qué podían hacer.

 

“Me sentí un poco referente de esta gente y trataba de tranquilizarlos. Les hablaba sobre la importancia del apoyo de toda la familia, que los acompañen, que los asistan, a veces para el que está enfermo no es fácil pedir ayuda y al que acompaña le es muy difícil encontrar ese punto medio de asistir sin abrumar”, dice.

A Fabiana le quedó un dolor crónico y actualmente sigue tomando medicación y haciéndose estudios. “Me quedó como una especie de cansancio muscular, yo no puedo ir a un shopping y caminar y subir escaleras como lo hacía antes. Lo que es sentada puedo más, por eso salgo a andar en una bicicleta asistida que es eléctrica y hago menos esfuerzo”. Además, practica yoga dos o tres veces por semana.

 “Yo soy de educación católica, tengo mucha fe en Dios y estaba convencida de que no me iba a encomendar algo que no iba a poder superar. Cuando tenés la certeza de que de alguna manera estás como protegida o acompañada por algo más que lo terrenal todo lo adverso que te toca vivir se te hace un poco más liviano”.

 

Por último, una reflexión final:

“La enseñanza que me dejaron las situaciones adversas que tuve que afrontar en los últimos años es esto de que la vida es minuto a minuto, es un segundo en el que abrís el sobre de una biopsia y te pueden cambiar los planes. Me di cuenta que somos finitos y que lo más importante es aprovechar el hoy, el momento en que estoy viviendo, no hacerme problemas por cuestiones que no valen la pena porque hay cosas más profundas a la hora de organizar mis prioridades que son mis afectos, la gente que tengo a mi alrededor, el cariño que recibo de muchas personas y mi trabajo”.