PERSONAS QUE INSPIRAN

Cumplió el sueño de ser voluntario en un orfanato en Uganda

Cumplió el sueño de ser voluntario en un orfanato en Uganda

Conocé la historia de Gustavo y cómo pasó un mes en África cuidando a niños y bebés.

“Fue una experiencia que está entre las tres mejores que tuve en la vida, es algo que me pegó muy hondo. África es un lugar en donde se te abre la cabeza, los sentimientos y las emociones explotan. Paisajes hermosos, inmensos, la gente es excelente, sus costumbres, su historia, fue lo más lindo que me pasó en años. Fue maravilloso y volvería a hacerlo. Si uno paga por voluntariar, trabaja gratis en esos lugares y desea repetirlo, eso significa que vale la pena realizarlo".

Así arranca a contar su experiencia como voluntario en Uganda Gustavo Bernardi, un jardinero de 48 años de la ciudad San Jorge, Santa Fe, que hace unos meses cumplió, como él mismo dice, con el sueño del pibe de poder ir a ayudar con su granito de arena en uno de los países más pobres del continente africano.

Del Impenetrable a Uganda

Desde hace varios años que Gustavo viaja al Impenetrable (Chaco) solo o en compañía de otras personas llevando diferentes tipos de donaciones y asistencia alimentaria, sanitaria y humanitaria. Además, desde hace tres años apadrina una escuelita indígena y a un par de comunidades Wichís del noreste de Salta.

Sin embargo, a su espíritu solidario parecía no alcanzarle con todo el amor y el tiempo que les dedicaba a los aborígenes de nuestro país. Gustavo soñaba con poder cumplir un nuevo desafío.

“Siempre quise estar en un orfanato y sobre todo en un país de África por los saqueos al continente de los recursos naturales, por la esclavitud, toda esa historia me atrajo siempre. Comencé interesándome por las tareas que realizaban distintas ONGs hasta que una de ellas se interesó por lo que yo hacía en el norte y me invitaron a participar en un programa de orfanato en Uganda”.

Cuando Gustavo habla de que lo invitaron, en realidad se refiere a que le propusieron que permaneciera un mes colaborando en la pequeña ciudad de Fort Portal en un orfanato donde vivían unos 30 niños de entre 0 y 5 años, todos huérfanos o por lo menos de uno de sus padres y con problemas familiares (maltratos, violaciones, abusos y abandono).

En realidad, Gustavo tuvo que juntar entre $ 70.000 y $ 80.000 para poder pagar el costoso de los pasajes y otros gastos para cumplir con su gran anhelo. Previamente, habló con su mujer y con sus dos hijos para comentarles de la decisión que estaba a punto de tomar. Y le dieron el visto bueno. “Pude conseguir sponsors de algunos comercios que me dieron dinero para que pudiera pagar parte de los gastos. Como contrapartida, yo les hacía la publicidad a través de las redes sociales y de los canales locales”, cuenta Gustavo.

“Fui a vivir desde adentro con ellos”

Gustavo confiesa que apenas llegó a Uganda sintió algo de miedo. Se encontraba algo desconcertado ya que era el único argentino entre los voluntarios que iban a convivir en un albergue a unos 3 KM del orfanato. Sin embargo, a medida que empezó a conocer a los chicos, comenzó a entregarse por completo a esa nueva aventura. “Yo fui a convivir con ellos y a vivir desde adentro como ellos lo hacen dentro de la pobreza extrema, pero también a ser parte de la felicidad porque ellos son felices teniendo nada, pero no fui a salvarlos”, aclara.

La rutina de Gustavo arrancaba a la mañana donde se ocupaba de los bebés, mientras los niños más grandecitos estaban en el jardín. Él los cambiaba, les daba la mamadera y, si era necesario, los llevaba al hospital. Además, ayudaba a preparar la comida y al mediodía iba a retirar a los chicos que salían de la escuela. Y por la tarde se trasladaba a las distintas comunidades a brindar apoyo escolar a los chicos o simplemente a jugar con ellos y a entretenerlos.

“Exploté de vida durante esa experiencia”

“Varias veces con otros voluntarios íbamos a una aldea a las afueras del pueblo y realizábamos distintos trabajos con las mujeres del lugar. Por ejemplo, les hablábamos de distintos temas relacionados con artesanías, legales, educación sexual y primeros auxilios. La relación con los niños fue maravillosa, increíble y con toda la gente ugandesa en general”.

Gustavo cuenta que quedó fascinado por los paisajes, las recorridas, las comidas, los pasillos, la vegetación y, especialmente, por la gente de ese país que tuvo la suerte de conocer. Y sus palabras no parecen sonar exageradas al observar la gran cantidad de fotos que tiene subidas a su muro de Facebook rodeado de niños y niñas que en muchos de los casos se le cuelgan como no queriéndolo dejar partir.

 

“Son tan alegres, son tan ricos en sentimientos, simpáticos y muy divertidos. Si vos les demostrás confianza, a ellos les sale solo de abrazarte, de treparse arriba tuyo. El afecto con la gente es muy grande, me relacioné muy bien con los grandes y con los chicos. Exploté de vida durante esa experiencia”.

Fue tan fuerte e inolvidable lo que vivió Gustavo en esos días en Uganda que a pesar de tener una invitación para ir a Tasmania, su idea es en unos años volver a viajar a ese lugar que probablemente haya marcado un antes y un después en su vida.