PERSONAS QUE INSPIRAN

Viajó a una misión humanitaria en Mozambique y adoptó a un chico de 17 años

Viajó a una misión humanitaria en Mozambique y adoptó a un chico de 17 años

Una historia de amor, solidaridad y empatía.

“No me imagino la vida sin Rivaldo”, dice Marina, su mamá del corazón. Para octubre de 2017 Marina Mendez (44) se encontraba realizando una misión humanitaria en  Mangundze, una zona rural ubicada a 240 kilómetros de Maputo, la capital de Mozambique.

Marina viajó junto al padre Juan Gabriel Arias que desde hace cuatro años se encuentra misionando en forma ininterrumpida en uno de los países más pobres de África. Un día el cura juntó a todas las personas que habían viajado desde la Argentina y les habló sobre Rivaldo, un adolescente de 17 que se destacaba como percusionista en las celebraciones de la parroquia. El padre les comentó que este joven soñaba con la posibilidad de que alguna familia argentina pudiera recibirlo ya que tenía un gran potencial para estudiar y poder desarrollarse, les explicó. Además, como había padecido varias veces la malaria, sus defensas no estaban óptimas. Rivaldo tenía cuatro hermanos y había sido criado por una de sus abuelas.

-¡Yo, yo! -le dijo Marina en ese momento al padre.

-Con todo respeto te lo digo: vos ya tenés tres hijos, estás separada, no tenés un trabajo fijo –le contestó el cura.

-Si usted hace todos los trámites, yo me lo llevo –le dijo convencida.

-¿Estás segura? –insistió el padre.

-Sí.

“Es bueno que le pongas rostro a tu futuro”

Marina parecía totalmente segura de lo que estaba haciendo. Y eso que lo conocía a Rivaldo de vista, ya que durante sus 17 días en Mozambique había estado solamente con niños más pequeños. Sin embargo, su corazón humilde, generoso y solidario no contemplaba la idea de negarse ante esta posibilidad que tenía al alcance de su mano.

-Marina, vení –la llamó el cura el día en que se tenía que volver a Buenos Aires junto al resto de la delegación.

-Sí -le contestó ella, tímidamente.

En ese momento apareció Rivaldo.

-Rivaldo: ¿todavía tenés la intención de ir a estudiar a la Argentina? –le consultó Juan Gabriel.

-Sí, claro –le contestó.

-¿La conocés  a esta mujer? –le preguntó el padre, mientras la señalaba a Marina.

-Sí, claro, Mana Marina, la conozco de la iglesia.

-Bueno, te presento a tu madre –lo sorprendió el cura. Es bueno que le pongas rostro a tu futuro.

Marina cuenta que en ese momento no paraba de llorar y que casi se desmaya de la emoción y de los nervios.  “Pensalo tranquilo, si vos llegas a querer, yo voy a estar encantada de recibirte como un hijo más”, le dijo a Rivaldo, mientras los dos se fundían en un abrazo que, sin saberlo, marcaría el inicio de una hermosa conexión que ya estaban teniendo.

Un mozambicano en Buenos Aires

Ese mismo día Marina regresó a la Argentina para reencontrarse con sus tres hijos: Nicolás (17), Lucca (15) y Sofía (7). No bien llegó les consultó sobre la posibilidad de adoptar a Rivaldo y recibió todo el apoyo de los chicos. Mientras tanto, a miles de kilómetros de distancia el padre se ocupaba de realizar todos los trámites para que la adopción se pudiera concretar lo antes posible.

Finalmente, el 11 de enero de este año Rivaldo llegó al Aeropuerto de Ezeiza. “Como era verano lo primero que hizo fue meterse en una pileta de natación, algo que nunca había hecho y al principio le daba miedo meter la cabeza debajo del agua. Nosotros aprendemos de él y él aprende de nosotros, comemos lo que él comía en Mozambique. Cuando vos adoptás un chico de África, estás adoptando a toda su familia porque él no puede estar totalmente abstraído de lo que sucede con sus hermanos. No puede pasarla bien si sabe que ellos están mal. El compromiso que yo asumí es para siempre con él y con todos”, expresa Marina.

Su mamá del corazón dice que Rivaldo es “muy bueno”, tranquilo” y “muy amistoso”. Que sus comidas preferidas son el pollo y las milanesas, que le gusta escuchar música, andar en bicicleta y salir a pasear en familia por Palermo y por Tigre. Además, la acompaña a ver a Huracán, el club de sus amores.

“Un vínculo totalmente amoroso”

Desde principios de año Rivaldo estudia Ingeniería Informática en la Universidad Católica Argentina (UCA) y lo curioso es que viviendo en un lugar en el que no había ni luz ni agua, nunca había podido interactuar con una computadora.

“Es un vínculo totalmente amoroso como con cualquier hijo, pero le sumás la nobleza total con la que él viene, no miente para decirte que no le gusta la comida si es que no le gusta, al principio era raro porque mis otros hijos no entendían. Para mí, tenerlo a él es una bendición muy grande. Aprendo todos los días de cómo interactúan entre ellos, como se prestan la ropa, los zapatos, es algo súper natural que solo la belleza del amor puede explicar”.

¿Sos consciente de que le estás cambiando la vida a este chico?

A veces me preocupa porque con la buena intención de ayudar a lo mejor se la estoy arruinando, tuve esas sensaciones en más de una oportunidad y hasta se lo planteé a él. Uno hace todo lo que considera lo mejor para sus hijos, pero con él tenía mucha claridad de que a lo mejor lo podía estar perjudicando o condicionando. Acá tiene un techo, luz, agua, comida variada todos los días, puede estudiar y no se va a contagiar de malaria. Eso es innegable, pero allá tenía los atardeceres y podía hacer percusión junto a sus amigos mientras miraba las estrellas. Lo que no quiero es que él se pierda la belleza del lugar en donde nació porque es hermoso. El padre Juan Gabriel tiene la teoría de que solo después de que los chicos terminan de estudiar vuelvan de visita a Mozambique porque si no les podría hacer mal y yo respeto lo que él dice.

Yo le digo a Rivaldo que me diga con libertad si algo le angustia en vez de hacerle bien, porque no vengo de una vida así y me puedo equivocar perfectamente.

¿Te imaginás hoy la vida sin Rivaldo?

No, para nada. Cuando tiene que estudiar mucho y viene tarde, todos lo extrañamos. Además, con cada uno de mis hijos tiene una relación diferente y única. Con Nico es más social, tiene una edad similar, con Lucca el vínculo está más relacionado con la música y lo artístico y con Sophia la relación es más a través del juego. Al venir de un lugar sin interacción tecnológica, disfruta mucho más el juego y es como más aniñado. No podía imaginarme una vida sin él, como sin ninguno de mis otros hijos.