PERSONAS QUE INSPIRAN

“Ser voluntario te cambia la vida”

“Ser voluntario te cambia la vida”

Sonia estuvo un año trabajando con niños y adolescentes en Camboya. Te contamos cómo vivió la experiencia.

“Si puedes soñarlo, puedes hacerlo”. Es una de las frases preferidas de Sonia Palma (47). “Aunque siempre vas a encontrar pros y contras en el camino, lo importante es tener el objetivo claro, si hay ganas y mucho amor, las cosas se van acomodando”.

Desde muy joven Sonia tenía el sueño personal de salir a misionar, de ayudar a la gente en cualquier lugar del mundo. Si bien colaboró durante un tiempo en Caritas, sentía que tenía que hacer algo más.

Sonia vive en Comodoro Rivadavia (Chubut) y es profesora de Educación Física. Hace unos años conoció en uno de los colegios en los que trabajaba a la monja Marisol Verna, que repartía su tiempo haciendo caridad en la Argentina y en Camboya, un pequeño país ubicado en el sudeste asiático.

-¿Es necesario ser religiosa para poder ofrecerme como voluntaria? –le preguntó Sonia a Marisol en una charla que tuvieron allá por el año 2014.

-No, no es necesario. En Camboya hace falta gente solidaria –le contestó.

-Me estás dando una muy buena noticia.

-¿Sabés inglés? –le preguntó la monja

-Está medio complicado, la verdad que mucho no sé –le contestó Sonia.

Hola Nom Pen

A partir de ese momento Sonia se puso a estudiar inglés en un instituto y empezó a ahorrar dinero durante tres años para poder costearse los pasajes y sus gastos, ya que las hermanas salesianas de los colegios don Bosco le iban a brindar el alojamiento y la comida.

El 21 de septiembre de 2017 Sonia arribó a Nom Pen, la capital de Camboya, un país “muy pobre y sufrido”, que tiene casi las mismas dimensiones que toda la provincia de Chubut.

“Yo hablaba el idioma pero de a poquito fui aprendiendo algunas palabras en jemer, la lengua local, con la ayuda de los chicos. La conexión con ellos fue a través del lenguaje universal que es el amor del bueno. Es hermoso e inexplicable porque surge espontáneamente con una sonrisa, con una mirada. En Camboya no se saludan ni con un beso ni con un abrazo, era empezar a tocar la cabeza o el hombro a los chicos, me llevó su tiempo porque no están acostumbrados, pero fue muy lindo”, cuenta.

Sonia tuvo la posibilidad de enseñar Educación Física en todos los niveles: jardín, primaria, secundaria y también en la escuela de oficios. Además, por inquietud de unas adolescentes que querían empezar a jugar al básket, la convocaron para poder entrenarlas en este deporte todos los domingos muy tempranito en las afueras de Nom Pen.

“Yo trataba de brindarles mi tiempo con mucho cariño, con amor del bueno, les servía la comida, los acompañaba mientras almorzaban, cuando hacían la siesta, no me quedaba solamente con darles la clase, quería compartir más cosas con ellos”.

“Esa sonrisa que me llenó el alma”

Sonia trabajaba junto a otras voluntarias que eran más jóvenes que ella: dos chicas de Austria, una de Estados Unidos y otra de Singapur. “Ellas me felicitaban porque decían que en sus países la gente de mi edad estaba más dispuesta al confort sin pensar en la posibilidad de realizar este tipo de misiones. La verdad es que yo no lo pensaba así, me encantaba ver gente joven trabajando para los chicos”.

Como sucede en la mayoría de los casos de quienes se entregan para ayudar al otro, Sonia se siente feliz por todo el amor que recibió durante los 11 meses que duró su misión. “Esa sonrisa del camboyano que es hermosa y que a uno le llena el alma, ellos me demostraban el cariño cuando me buscaban y me decían ´heyteacher´. Por mi parte, les enseñé para que dijeran ´hola amigo´ y ellos me saludaban de esa forma”, cuenta, orgullosa.

La sensación que Sonia tenía antes de volverse a Chubut era que se quería quedar un tiempo más porque ya había allanado bastante el camino y podía seguir haciendo más cosas. “Ser voluntario te cambia la vida, te cambia muchas cosas. A lo mejor uno lleva muchos años trabajando para adquirir bienes personales, pero yo sentía que me faltaba algo y no era lo material, era simplemente dar. Ese espíritu solidario te surge así y te llena el alma el hecho de poder darle una mano a la gente que lo necesita, un poco de cariño, de atención”, se emociona.

Por último, Sonia agradece el trabajo que está llevando a cabo Marisol Verna en Camboya y dice que está orgullosa como amiga y como argentina de toda su labor solidaria.