PERSONAS QUE INSPIRAN

“Cuando estoy perdonando al otro, a quien perdono es a mí mismo”

“Cuando estoy perdonando al otro, a quien perdono es a mí mismo”

Silvia Freire habla sobre sentimientos, expectativas y balances para fin de año.

¿Cuáles son los sentimientos que suelen aparecernos cuando se acercan las fiestas?

El sentimiento más común tiene que ver con la reconciliación y eso a mí me da casi la certeza de que está presente realmente el famoso espíritu de la Navidad que nos pone a todos en un lugar de decir “deseo perdonarme”,  “me gustaría olvidar esto”. Puedo reconocer que todo el mundo está predispuesto al perdón y a la reconciliación.

¿La reconciliación y el perdón son hacia uno mismo o hacia los demás?

Creo que en definitiva cuando estoy perdonando al otro, a quien perdono es a mí mismo y perdono también por haberlo juzgado y por haber creído que yo tenía algo para perdonar por esa soberbia de pensar que ese otro me había hecho algo cuando en verdad sabemos que el otro fue “contratado” por mí para revivir algunas cuestiones.

Siento que no estamos tan cerca como creemos de sostener la idea de que es uno con uno, de igual a igual con uno mismo, en verdad soy a la primera que tengo que perdonar. Yo veo que muchas veces el razonamiento es hacia afuera, con el otro y no en la consciencia de uno. Y para las personas que sí tenemos esa consciencia siento que todavía nos falta sostenerlo todo el tiempo porque yo me veo a mí misma cayendo en la tentación de creer, por ejemplo, “podés creer lo que me dijo éste” y me cuesta conjugar correctamente ese le hice decir o yo lo escuché porque era para mí porque otras personas no lo escucharon. O yo interpreté lo que él dijo porque tengo una audición o una visión distorsionada. No sé si lo que quiso decir fue lo que dijo.

¿A qué te referís con el espíritu navideño? ¿Qué cosas nos provoca?

Creo que se trata de un inconsciente colectivo. Ya cuando uno está en un shopping en noviembre y ve el árbol de Navidad inevitablemente te bajan un montón de recuerdos. Cuando ves esos estímulos te bajan recuerdos agradables de la infancia, de encuentros compartidos, la mesa larga donde toda la familia se reunía, una inconsciencia de cuáles eran los problemas, si había o no había plata eso no importaba, las patas en la zanja eran divertidas, jugar con agua era muy lindo. No había una consciencia en la infancia de todo lo que vino después.  Entonces, esos recuerdos te remiten a los regalos, a las sorpresas, a salir a la calle con amigos y todo eso nos pone nostálgicos, nos sensibiliza, todos estamos pensando en esa infancia, recordando a los que ya no están. Y en relación a este último sentimiento, nos aparece también un “le hubiera dicho” o “me hubiera gustado decirle”. Yo puedo decir: si mi mamá estuviera viva, la visitaría más seguido pero si estuviera viva ahora la visitaría igual o menos porque uno haría lo mismo y caería en esa zona de rutina, de confort en la que todo nos parece que es eterno. También podríamos mirar para el costado y decir: “andá a saber hasta cuándo va a vivir mi hermano, yo lo llamaría, tampoco fue tan grave, quizás hasta no fue él”. Me parece que ese es el espíritu de la Navidad.

¿Qué ocurre con las personas que este año perdieron a algún ser querido? ¿Cómo puede afectarles ese dolor en Navidad y Año Nuevo?

Yo soy una persona que me levanto del bajón. Entonces, le recomiendo a la gente que no se quede en la tristeza. En lugar de mirar la silla vacía del ausente me dedico a mirar las que están ocupadas. Por ejemplo: mi marido me ama y en la noche de Navidad o de Fin de Año suele prepararme algo especial porque sabe lo que me gusta y hace todo para que esté feliz.  Y si yo me paso toda la noche llorando porque mi mamá murió el año pasado y no la puedo olvidar, me parece un acto de sumo egoísmo y desamor no considerar que el otro, si me ama, va a padecer mi tristeza. No tengo derecho porque el año que viene, quizás, el que no está en esa silla es él.

Otra de las cuestiones que afloran en estos días son los conflictos familiares que se pueden agudizar para esta época. "No quiero pasarlo con tu mamá", "No pienso ir a lo de mi cuñada", etc. ¿Cuál es tu opinión al respecto? ¿Se puede negociar estos sentimientos para pasarlo de la mejor manera?

Primero te voy a dar una respuesta muy general, bien mundana. Cuánto de mi malasangre te voy a regalar a vos, que encima que no te banco, me voy a hacer problema porque vos venís a mi casa. Yo no le voy a dedicar a esta persona ni dos minutos de mi malasangre. Si viene, la saludo con dos besos como en Francia y me sentaré lo más lejos para no escuchar esa voz que me saca de quicio y me pondré a charlar con alguna otra persona con la que tenga afinidad. Y sé que la fiesta dura apenas cinco o seis horas y se acabó.

Siendo un poquito más profunda, yo la voy a aprovechar a esta persona porque algo de mí me está mostrando. Y me haría la siguiente pregunta. ¿Todos odian a esta mujer? Su hija no, su marido no, su madre tampoco. Ese que está ahí se lleva bastante bien con ella. ¿Cuáles son los rasgos que tanto me disgustan? La idea es poder reconocer eso y decir: “que jugosa la presencia de esa persona en mi vida” o “acabo de darme cuenta de que lo que veo en vos está en mí y no lo hubiera podido reconocer si no me lo hubieras mostrado tan claramente”.

En ésta época de balances es muy común que haya gente que sienta que no pudo cumplir con los objetivos o metas que se propuso lo que puede generar tristeza o depresión. ¿Qué le dirías a estas personas?

Creo que en este punto el deseo que no se cumplió me invita a revisar si he pedido correctamente para repasar si es que hubo algún error. No para flagelarme por haber cometido un error, sino para asumir qué cosas no se hicieron bien y encarar otra elección. Se trata de iniciar el año que viene de este modo. Quizás no lo deseaba tanto, quizás no era oportuno para mí en este año, quizás yo no estaba en condiciones de recibirlo o no le transmití al universo que estaba capacitada y que tenía ganas. Algo pasó, me investigo y arranco el año con una renovada fe porque si no es así me deprimo y si es así no sigo a nadie, mucho menos a mí.