PERSONAS QUE INSPIRAN

Andy Clar: “Emprender es lo más parecido a estar enamorada”

Andy Clar: “Emprender es lo más parecido a estar enamorada”

Una charla íntima sobre pasiones, proyectos y compromiso con el empoderamiento femenino.

Andy Clar es directora general creativa de la agencia de publicidad: aschen, la cual fundó junto a su marido hace 20 años. Además es mamá y mujer  emprendedora, su proyecto más conocido es Chicas en New York, que comenzó como una serie de mails con tips personalizados para amigos que viajaban a la mítica ciudad estadounidense, se convirtió en un archivo de Word que adjuntaba por mail, luego se transformó en un pequeño blog con tips y consejos, hasta convertirse en la plataforma #1 sobre la temática en Latinoamérica.

Comenzó a organizar viajes con mujeres, a ofrecer servicios personalizados, esto escaló a tener suplementos alusivos en revistas como OhLaLá, un libro best seller y un programa de televisión, entre otros proyectos derivados de esta idea inicial. El concepto se expandió a Chicas de Viaje y a Chicas Foodie, con muchísimo éxito también.

En su libro se describe como “personalidad inquieta, observadora, obsesiva con los detalles, inspiradora y motivadora para quienes aman viajar o sueñan con hacerlo”.

Andy es imparable, una fuerza creativa que no tiene techo. Si lo puede soñar, lo puede lograr. También es resiliente, cuando era muy jóven fue atropellada por un colectivo y le dijeron que nunca más iba a caminar pero ella decidió torcer su destino y le prometió a su mamá que iba a caminar porque quería recorrer el mundo. Con mucho esfuerzo y una larga rehabilitación, lo consiguió y no paró nunca más. A partir de ese momento, siempre pasos firmes y certeros, siempre dejando su huella.

¿Siempre fuiste emprendedora o es una pasión que encontraste con el tiempo?

Soy emprendedora desde muy chica. Es una de las cosas que me caracterizan. Lo que hago ahora es la consecuencia de eso, desde que iba al colegio le vendía labiales a mis compañeras, siempre tenía un motivo para emprender. Una necesidad. El hecho de venir de una familia con un poder adquisitivo bajo y no poder acceder a las cosas que quería tener o que me gustaban, a mí nada me detenía y le buscaba la vuelta.
Empecé a trabajar a los 14 años y siempre fue mi aspiracional emprender, a pesar de que trabajé muchos años en relación de dependencia, siempre tenía mis proyectos paralelos.

Está la fantasía de emprender y ser tu propia jefa pero de todas las jefas que tuve, yo soy la peor (risas). No me doy respiro y soy muy exigente conmigo misma.

 

andy clar chicas en nueva york new york

Cuando vos hacías esto, no estaba tan incorporado el concepto de emprender. ¿Cómo reaccionaba el afuera?

No estaba bien visto, era como ser “busca”, a mí me pasaba que buscaba un trabajo fijo para poder mantenerme pero siempre tenía algo que me gustaba hacer o me divertía.
A los 18 años me gustaba la moda, estudiaba diseño de indumentaria y trabajaba en una empresa relacionada con la ropa. Entonces me puse un emprendimiento con mi primer novio, nos hicimos una marca de ropa. Su mamá cosía, yo diseñaba y él vendía. Nos iba recontra bien (risas). Era lo que a mí me gustaba hacer pero no podía dejar mi trabajo fijo, la plata con la que me mantenía y esa seguridad por ir atrás de ese emprendimiento. Entonces trabajaba el doble y lo hice hasta que esa relación se terminó, me fui a vivir a Córdoba y me puse otro emprendimiento relacionado a la moda, que era mi pasión.

¿Cómo lograbas que convivan la seguridad y la pasión?
Siempre busqué el equilibrio entre mantenerme y hacer lo que me apasionaba. Siempre le digo a las emprendedoras que yo entiendo cuando me dicen que no pueden dejar su trabajo, que tienen miedo de no tener plata para vivir y ese tipo de inquietudes. Pero lo que les digo también es que, especialmente ahora con las redes sociales, hay un montón de recursos que ayudan a mostrar lo que hacés.
Mientras trabajaba en mi agencia, que fue mi emprendimiento más exitoso, tenía que llegar a casa, darle de comer a mi bebé y, además de todo eso, trabajaba en los inicios de Chicas en Nueva York. Le dedicaba 2 o 3 horitas por noche, cuando todos se iban a dormir. Cuando realmente querés hacer algo, te aseguro que no hay nada que te detenga.

Emprender es lo más parecido a estar enamorado. Arrancás y pensás todo el día en tu proyecto, no te podés dormir, te moviliza, sentís las mariposas en la panza, hacés conjeturas sobre cómo va a ser el futuro, al igual que cuando estás enamorada, es una energía muy difícil de mantener (risas).

Cuando uno genera algo que le gusta mucho y pone toda su energía, también aparecen cosas que te van desmotivando y es difícil no frustrarse.
El emprendedorismo es un camino muy complejo, no termina el trabajo a las 6pm, se trabaja las 24hs y todo depende de vos.

 

Además ahora con las redes sociales, pensar en desconectarse suena como una misión imposible…
¡Ni hablar! Hay momentos en los que yo me pongo una alarma y decido no mirar el celular para dedicarme a mi familia y hacer otras cosas porque sino es un trabajo muy esclavo porque depende absolutamente de mí misma.

Con todo el suceso de Chicas en NY y todo lo que derivó de eso, ¿en qué momento pasó de ser un hobbie a una posibilidad real de trabajo?
Cuando arranqué jamás me imaginé nada de todo esto pero yo soy muy de proyectar. Hay que tener mucha cintura para detectar las oportunidades, aprovecharlas y ver para donde te va llevando el emprendimiento.
Todo cambia todo el tiempo, al principio hice un blog para mandarle el link a mis amigos porque todos me pedían consejos sobre Nueva York y ya me había cansado de escribirles un mail uno por uno con los tips. Eso creció y se convirtió en un lugar de referencia para personas que querían viajar y ahí empecé a armar los viajes a medida. Disfrutaba mucho de los primeros viajes, se me empezaron a ocurrir mil ideas que después se convirtieron en el libro, en el programa de tele, en la tarjeta (risas).

Cuando era chica yo quería ser cantante pero me daba vergüenza decirlo porque sentía que era un sueño que me “quedaba grande”. Tenía 10 años y era mega fanática de la película Annie, hicieron un casting en Argentina para hacer el musical y le pedí a mi mamá que por favor me llevara, me moría por ir, yo cantaba todo el tiempo “El sol brillará mañana, lo sé”, que era la canción “Tomorrow”, el clásico de la película, y mi canción preferida hasta el día de hoy (risas) pero bueno, mi mamá no me llevó, y yo seguía teniendo mucho miedo de soñar con algo tan grande.

Después crecí y me di cuenta de que cuando soñás en grande, siempre teniendo algunas metas alcanzables a corto plazo para no desmotivarse, es muy probable que lo logres.

No tengo techo, no tengo miedo de pensar en grande. Entonces hay que tener cuidado porque cuando se hace realidad, tenemos que estar preparados para ese momento.

Vos trabajás principalmente haciendo productos para las mujeres y, en tu equipo, la mayoría son chicas. ¿Cómo vivís este momento clave de empoderamiento femenino?

Armé una agencia que se llama Aschen Superwoman, pensada por y para mujeres. Ahí el talento es 80% femenino porque siempre está bueno que sea para “todes”. No creo en el extremo y la opinión está buenísima desde todas las perspectivas. En el proyecto de Chicas en Nueva York sí somos todas mujeres, la verdad es que parte del éxito de este proyecto, tiene que ver con eso porque siempre hablé específicamente para las mujeres.

Tenemos nuestra forma de viajar, me gusta dar el mensaje de “animate a viajar, atrevete a dejar a tus hijos por unos días y hacé lo que te den ganas de hacer, animate a empreder” y esto lo hacemos desde antes que se pusiera de moda el concepto del empoderamiento. No había muchas comunidades conocidas que le hablen a mujeres desde un lugar lúdico cuando empezamos. A mí me sale natural.

 

Encontraste el lenguaje para hablarle a un grupo de chicas que tenían tu misma sensibilidad...

Es que el proyecto de viajar entre chicas surgió de un viaje de amigas que nos fuimos solas sin los chicos, ¡y estuvo buenísimo tener ese espacio para redescubrirnos! Por eso el mensaje es muy genuino y me da muchísima satisfacción hacerlo. Cuando me encuentro con mis seguidoras o lectoras, se me acercan y me dicen “Andy, gracias a vos dejé mi trabajo y armé mi propia empresa” o “Me animé a separarme”, y yo estoy convencida de que no sirve de nada quedarte  en donde no estás bien o estás sufriendo. Cada uno lo vive diferente pero escuchar que mi mensaje les sirve para animarse me da alegría pero también siento que es mucha responsabilidad y así lo tomo.

Vos misma manejás las redes sociales del proyecto, ¿es para hacerte responsable del mensaje que querés dar?

Sí, es 100% así. ¡No pienso relegar mis redes sociales! Me lleva mucho trabajo pero es súper importante que todas sepan que detrás de cada posteo o cada consejo estoy yo, de verdad.

Me gusta responder cada mensaje privado, e incluso, muchas veces les respondo con un mensaje de voz por instagram para que sepan que realmente soy yo (risas). Además tengo cuatro redes (@chicasennewyork @chicasdeviaje_ @chicasfoodies y @AndyClar_) así que la comunicación con la gente es fundamental, te cambia absolutamente la perspectiva.

Hablabas de ser mamá y conciliar eso con el trabajo y las pasiones. Tenés un hijo varón, ¿sentís más responsabilidad a la hora de criarlo, teniendo en cuenta el momento histórico que está atravesando la mujer?

Yo creo que los chicos aprenden inmediatamente del ejemplo de lo que vos hacés. Lo hacen automáticamente. Mi hijo ve que soy una mujer independiente que lucha por las cosas que le gustan, que trabaja por sus sueños, que cree que lo más importante es el amor, y ve que todas esas cosas que digo, también las pongo en práctica.

Me ve feliz y es feliz, los chicos viven y sienten cosas, las captan y después las replican cuando son más grandes. En casa, por ejemplo, no creemos en que el rosa es un color de nenas y el azul de varones. El otro día, escuché que él le decía a otra nena, más chiquita que él, que quería un juguete rosa porque era mujer. Entonces mi hijo le dijo “Vos podés elegir el color que quieras, no hay colores para nene o para nena” y eso me impresionó, me mató de amor.

Después de tantos viajes, ¿qué cosas te siguen sorprendiendo?

¡Yo no pierdo la capacidad de asombro! Veníamos de hacer un viaje espectacular a Dubai, nos habíamos alojado en el hotel más alto y más lujoso del mundo. Dos días después, tuvimos que viajar a Rosario y nos tocó quedarnos en un hotel boutique, precioso pero chiquito. ¡Un contraste total!

Apenas entré, me encantó la deco del lugar y empecé a sacar fotos y a decir “Ay, qué divino esto, me encanta lo otro” y mis amigas me miran y me dicen “¿venís del hotel más lujoso del mundo y te encanta esto?”. Es que yo siempre encuentro algo, un detalle que me emociona, realmente tengo el ojo puesto en eso. Cuando veo que algo está hecho con amor o con pasión, siempre me sorprende, esté en el lugar que esté.

Cada vez que con mi marido estamos de viaje, jugamos a sacar una foto en el mismo lugar y nos intercambiamos el teléfono porque es increíble descubrir qué cosas ve el otro. Él nunca puede creer lo que yo retrato, pero estamos los dos, uno al lado del otro. Es así (risas).

 

El año pasado lideraste la iniciativa #PonerleElPecho, para concientizar sobre el cáncer de mama. ¿Cómo surgió la campaña?

Es la campaña que más satisfacción me dio hacer y me movilizó un montón porque quiero que todas las mujeres sepan que el cáncer de mama agarrado a tiempo tiene un 90% de posibilidades de cura. Si no se detecta a tiempo, avanza muy rápido. Especialmente en las mujeres más jóvenes.
La campaña nació el año pasado cuando fui a visitar a mi mamá, charlando con ella le mostré mi tatuaje nuevo, ella se levantó la remera y me mostró su “tatuaje”: un puntito de marcación que se hace para realizar la masectomía. Ella tuvo cáncer y  le sacaron una mama. Entonces me dice “yo también tengo un tatuaje” y me lo muestra. Yo me quedé helada, por supuesto que yo la había acompañado en todo el proceso pero nunca había visto esa cicatriz ya curada, después de un año, ya sanada.

Ella estaba bien, contenta, sana y viva. Ahí entendí que si todas las mujeres pudiéramos ver una cosa así, saldríamos corriendo a hacernos una mamografía. Ahí empecé a investigar, llamé a mi amigo fotógrafo Gabriel Machado y se nos ocurrió convocar a tanto a mujeres famosas y a mujeres no famosas para posar con una cicatriz en un pecho -en alusión directa a la marca que deja una mastectomía.

Algunas marcas eran reales y otras no, lo que importaba era que todas las mujeres tomaran conciencia de que nos puede pasar a todas. Esto se viralizó en las redes sociales y el apoyo de las mujeres famosas ayudó a que se instale el tema en los medios.

Quiero aprovechar el “mes de la mujer” para retomar el tema porque, por año, en el país, se mueren se 7.000 mujeres, el equivalente a la caída de 24 aviones. ¡Es una locura! En algún punto, esto también es violencia de género, el 70% de los mamógrafos en argentina son analógicos, esto significa que no detectan la enfermedad a tiempo.

Viví esto en carne propia porque, mucha gente no lo sabe pero mientras estaba en plena campaña, yo ya tenía mis estudios al día y se me ocurrió volverme a hacer una mamografía pero con una máquina digital.
¡La sorpresa fue que me detectaron micro calcificaciones de alto riesgo! Sí, mientras me paseaba por los canales para difundir la iniciativa, sabía que me tenía que operar y, por suerte salió todo bien, pero también esta movida me obligó a concientizarme a mí misma.

Es la campaña que más satisfacción me dio hacer y me movilizó un montón. Quiero que siga siempre, no es un tema para hablar en octubre sólo cuando las cosas son publicitarias. Todos los días me llegan mensajes de mujeres que se hicieron la mamografía a partir de esta campaña y por eso tengo el compromiso de que siga vigente.