PERSONAS QUE INSPIRAN

“Tuve que trabajar para identificarme con el tipo de mujer que yo quería ser”

“Tuve que trabajar para identificarme con el tipo de mujer que yo quería ser”

Hablamos con “Yuyito” González que comparte cómo vivió esos cambios que la llevaron a ser la mujer feliz que es hoy.

En este caso la protagonista de la historia es Amalia “Yuyito” González quien en un determinado momento de su vida se dio cuenta que su trabajo no la hacía feliz. A partir de entonces, dio un giro de 180 grados que le permitió redescubrirse y convertirse en la mujer con la que ella se identifica y se siente a gusto. Esta nota puede servir como un disparador o como inspiración para aquellas personas que tengan ganas de cambiar de rumbo, ya sea laboralmente o en otras áreas de su vida. Porque, en definitiva, todos tenemos la capacidad para poder hacer esas modificaciones que nos lleven a sentirnos mejor con nosotros mismos.

En 1983 Amalia González comenzó a formar parte del programa La peluquería de Don Mateo, que por aquellos días alcanzaba los 60 puntos de rating. ¿Cómo convivías con eso de ser una sex symbol y objeto de deseo para muchos hombres?

De alguna manera ya venía condicionada. El contrato, la aceptación y la lucha con el rechazo venía a través de poder ser una mujer linda, una mujer complaciente que sea aceptada físicamente, que sea un buen adorno, una buena compañía visual. Con todo ese bagaje de creencias luché, trabajé y acepté esa propuesta. No hay casualidades, no me lo cuestionaba, vinieron cinco tapas en la revista Playboy y yo, con mayor o menor incomodidad, las hacía. Seguí avanzando como por inercia.

Esa situación de tanta lucha con la aceptación y el rechazo la notaba adentro mío, en mi sistema emocional, en mi carácter, en los celos, en las inseguridades, en las reacciones, en la falta de cuidado de mi persona, de mis bienes. Yo no me daba cuenta, pero existía. Lo vivía como algo que era adquirido, no me lo cuestionaba.

¿Cuándo te empezaste a cuestionar todas estas cosas?

En el momento en que empecé a sentir incomodidades con mi trabajo. Venía con bastante lucha con la parte estética, me operaba bastante seguido, en un momento dado empecé a disgustarme con el espejo, empecé a darme cuenta que en realidad estaba haciendo cosas que no quería. De pronto, entraba en mi camarín y veía todo lo que me tenía que poner, las medias, que sacarme la ropa, que hacer un topless, que maquillarme y mi cabeza quería estar en otro lado. Quería estar de vacaciones con mis hijos, caminar tranquila por la avenida Corrientes y todo eso me lo impedía mi trabajo.

Es muy común ponerlo todo afuera: es el trabajo, es la sociedad, es el sistema, es una pareja. Yo tenía esa cosa de no conectar conmigo misma. Hasta que empecé a darme cuenta que el problema lo tenía conmigo. Cuando asumí eso, todo empezó a cambiar.

¿Hubo un momento especial en el que hiciste el clic?

En el verano del 2005 había hecho la última temporada teatral en Mar del Plata. Ya tenía a mis tres hijos y los más chicos estaban conmigo en el teatro y me decían que ya era tarde, que teníamos que volvernos y eran las tres de la mañana y yo seguía firmando autógrafos. Y empecé a incomodarme con todo eso. Creo que mis hijos tuvieron un peso muy positivo para empezar a darme cuenta de estas cosas, ellos me reflejaban donde quería estar yo y a la vez empecé a tener una visión de mi misma sobre las cosas que quería hacer. Incluía el manejo de lo económico, una relación sentimental, varias cosas a las cuales decidí renunciar. Para que haya cambios uno tiene que cerrar etapas.

¿Cómo hiciste para renunciar a todo eso?

Empecé a identificar qué cosas me dañaban no porque fueran dañinas, sino porque a mí me dañaban porque no tenían que ver con los deseos que yo tenía para mí. A muchas personas les tuve que decir que no nos íbamos a ver más porque tenía que hacer un cambio en mi vida. A partir de ese momento les agradecí a todos los productores que me llamaban diciéndoles que no iba a firmar un solo contrato más que tuviera que ver con esa mujer que quería dejar en el pasado. Esto estuvo regado de lágrimas y de soledad. Fue el precio que tuve que pagar al principio. Además, yo venía de tener ingresos semanales y todo eso tuve que prescindirlo y reestructurar mi vida económica.

Tuve que reaprender a vincularme como mamá adentro de mi casa, como persona pública que empezaba a dejar de serlo. Tuve que trabajar esto de identificarme con otro tipo de mujer que yo quería ser.

¿Cómo fue ese trabajo que tuviste que hacer?

Me empecé a juntar con personas que ya habían pasado por situaciones similares y de otras índoles. Me dejé ayudar y enseñar, empecé a vincularme en otro tipo de atmósferas, de pensamientos. Tuvo mucho que ver la atmósfera de la fe, era tratar de ver eso que en ese momento no lo podía ver.

Una de esas personas me invitó a una iglesia evangélica y me habló de que una podía hacer cambios en su vida y yo me agarré como un naúfrago a una balsa.

¿Qué te aportó haber asistido a esa iglesia evangélica?

Encontré una atmósfera de fe, empecé a creer que yo podía hacer los cambios que necesitaba hacer. Sin embargo, al principio no sabía qué iba a ser de mí si dejaba de ser esa mujer conquistadora y exhibicionista.

Con el tiempo empecé a valorarme, aunque me llevó tiempo porque yo tenía mis temas de baja autoestima y mis problemas con el rechazo.

Ir a la iglesia me daba paz, de hecho todavía sigo yendo. En esos primeros tiempos para mí fue un salvataje porque me empecé a apoyar en personas desconocidas que venían con sus mensajes de fe. Me decían: “vas a poder hacerlo”, “vas a empezar a sacar capacidades que no sabes que las tenías”, “vas a ser una mujer nueva”. Yo necesitaba escuchar eso.

¿Cuánto influyó la biblia en este cambio?

Esa nueva guía la encontré en la biblia porque es un libro de esperanza continua que te muestra todo lo malo y cómo se sale de eso. Te muestra historias de derrotas transformadas en victorias.

¿Cómo fue esa transformación?

Los primeros años tres o cuatro años fui a esas reuniones que eran como una especie de gran terapia grupal donde lo espiritual era lo que trasciende en el sentido de la motivación y la fe. Después de todo ese tiempo empecé a lograr una revalorización de mi persona y fui despojándome de aquella vieja Amalia con temores que traía de toda la vida.

En el año 2010 se contactó conmigo una editorial a la que le interesaba mi historia. Ya me habían hecho algunas notas en la televisión porque había renunciado a mi profesión y todo eso había generado mucho impacto. Me propusieron escribir un libro y para ese momento yo ya me había recibido de periodista. De esa forma empecé a escribir el libro De la fama a la fe. En ese momento comencé a trabajar en equipo, a considerar las opiniones de los otros y empecé a fluir tremendamente con el escribir.

A raíz de ese primer libro le hice una propuesta a la editorial de empezar a escribir agendas de calendario para la mujer. Entonces, hice varias ediciones durante unos años. Algunos de los títulos fueron: Las 12 claves del corazón contento, Exitosas: mujeres con espíritu de superación, entre otros. Cada mes tenía temáticas diferentes para trabajar con las lectoras.

Con la primera agenda empecé a hacer talleres en forma presencial con una red de contactos. Mi vida se la empecé a dedicar por completa a mi familia y a mi nuevo trabajo. Empecé a tener amigas nuevas, además de las que ya tenía.

¿Sobre qué eran esas primeras charlas?

Armé unos Power Point y empecé a generar un emprendimiento. Con esas primeras agendas, en el año 2013 tocaba cada mes un tema distinto: la amistad, la pareja, las finanzas, los estudios, la salud, entre otros.

¿Cómo te ibas sintiendo con todos estos cambios?

Pasé de ser una mujer dependiente a una persona emprendedora. Me volví más proactiva.

¿Qué cosas te diste cuenta que empezaste a valorar de vos misma?

La parte intelectual, la capacidad de pensar, de empezar a tomar valor en cuento a poder generar un emprendimiento. Empecé a tener perseverancia, a ser disciplinada y a mejorar mi autoestima.

¿Cómo vivís actualmente el tema de la belleza con toda esa transformación que hiciste?

Creo que lo que cambia es el objetivo. Me gusta que el espejo me devuelva una imagen con la cual yo me sienta a gusto. El objetivo no está puesto sobre a quién voy a conquistar, mi relación con el cuerpo no tiene que ver con otro, ni con que me aprueben o me elijan. Yo solo tengo que tener paz conmigo, ahora primero presto atención en cómo estoy interiormente. Tiene que ver con sentirse a gusto con uno mismo, no con la valoración que te dan los otros.

A partir de septiembre “Yuyito” comenzará su ciclo de charlas de mujeres que cambian su mundo en Paseo La Plaza.

Más info:

Instagram: @yuyitogonzalezok

Fotos: Cristian Iuale Doing