PERSONAS QUE INSPIRAN

“Expedición Sonrisa”: llevan castillos inflables a orfanatos de todo el mundo

“Expedición Sonrisa”: llevan castillos inflables a orfanatos de todo el mundo

Facundo y Carina recorren en camioneta diferentes lugares del mundo para llevarles alegría a chicos en situación de vulnerabilidad.

A los 21 años Facundo Mattos (35) abandonó su zona de confort y lo dejó todo para recorrer el mundo en una bicicleta. Tenía una vida cómoda y, como el mismo dice, quería golpearse con otras realidades. Pedaleando desde Buenos Aires hasta México, en los diferentes trayectos del viaje comenzó a tener un contacto social que lo fue humanizando mucho. Y encontró una sensibilidad nueva que hasta ese momento no había sentido. Iba a visitar escuelas y hogares para chicos donde les hablaba de diferentes valores como la humildad, la honestidad y la no discriminación. Varios años después, emprendió la llamada vuelta al mundo con su proyecto “Expedición Sonrisa” en el que recorre diferentes lugares del mundo junto a un castillo inflable para llevarles alegría a miles de chicos  en situaciones de abandono y abuso sexual que viven en orfanatos.

Sensibilidad, solidaridad, empatía y amor al prójimo, especialmente a los niños, son algunas de las características que definen a Facundo que, claramente, transformó su vida a raíz de esa primera experiencia a los 21años.

Juegos y enseñanza de valores

La vuelta al mundo arrancó en enero del 2014. Le llevó como un año, cuenta, adaptar su camioneta para poder transitar las zonas por las que iba a estar. Entonces, compró un castillo inflable (bastante más grande que los típicos que están en los cumpleaños) y se lanzó al viaje. Salió en camioneta desde Buenos Aires hasta Ushuaia y de ahí se trasladó a Brasil donde cruzó al Amazonas hasta el límite con Guyana francesa. Luego, pasó tres meses en Venezuela,  más tarde estuvo por Colombia y de ahí manejó hasta Panamá. Finalmente, en Estados Unidos  tomó un avión hacia Valencia (España).

“Lo que más miedo me daba era estar solos con 60 chicos, un castillo inflable y no saber qué hacer, no tenía hermanos menores ni sobrinos, no había tenido contacto con chicos más pequeños. Me encontré con hogares de chicos y siempre con las mismas historias de pasados traumáticos. Se fue dando de buscar el mejor lenguaje para llegar a un idioma infantil desde la alegría y aprovechar la herramienta lúdica para tener un contacto con ellos y estar cerca de los valores humanos”, recuerda Facundo, en diálogo con Lado H.

“Cada vez que armamos un inflable nos quedamos removidos de emociones”

Facundo también se propuso dar la vuelta al mundo para, quizás, conocer al amor de su vida. Sin embargo, en una de las vueltas a la Argentina conoció a Carina Belofiglio (33), que vivía a seis cuadras de la casa de sus padres, a través de unos amigos en común. Al principio ella viajó un mes y luego él regresó a la Argentina hasta que finalmente en 2016 su novia se sumó a la expedición.

“Cada vez que armamos un inflable nos quedamos removidos de emociones, es gratificante todo lo que sentimos, por eso van seis años y cada vez queremos hacer más cosas. Para mí, cuando hacés algo y eso te hace bien, estás en el camino correcto. Y eso es lo que nos viene pasando”, expresa Facundo.

Un giro en el proyecto

Cuando estuvieron  en Marruecos, Carina y Facundo comenzaron a sentir que no les bastaba con llevar el juego inflable por unos días a cada uno de los sitios que visitaban. Pensaban que necesitaban darle un giro al proyecto para volver a llenarse de energía.

“Nos estaba faltando una vuelta de rosca. Nos pasaba que la actividad era llegar, estar con los chicos y después nos íbamos. Y eso se perdía a ahí. Teníamos la idea de hacer otra cosa para que el contacto fuese más permanente. Y cuando fuimos a las montañas de Marruecos, a unas aldeas cuyos habitantes que tienen muchísimas carencias, nos contactamos con una ONG muy pequeña (unos amigos españoles que hacen pozos de agua y tienen algunos programas educativos) y nos encontramos con muchos chicos sin un espacio de integración, con una necesidad afectiva y de jugar muy grande. A partir de ese momento se nos ocurrió la idea de comprar otro castillo inflable para dejarlo en ese lugar. Mandamos a fabricar otro juego en Tánger y a los siete meses volvimos para la inauguración. El castillo está activo e hicimos un circo solidario para 400 chicos de las aldeas”, se enorgullece Facundo.

“Se me pone la piel de gallina”

Como Carina es nutricionista  atiende a sus pacientes de manera online, mientras que Facundo trabaja en Asesoría de Gestión de Inversiones Inmobiliarias online y en forma telefónica lo que les permite, por un lado, trabajar mientras viajan y, por el otro, financiar el inicio de la ONG con la compra de los primeros castillos.

“Cuando vas y hay un chico que sabés que tuvo un pasado traumático, pero que lo ves jugando, sonriendo y aprendiendo es algo muy lindo y se me pone la piel de gallina”, se emociona Facundo. “Lo que buscamos es ir a esos chicos que viven en condiciones de vulnerabilidad y llevarles de vuelta la oportunidad de que puedan volver a jugar”, agrega.

Red Solidaria de Juegos Inflables

Gracias a una empresa de Costa Rica actualmente se encuentran fabricando un castillo inflable para dejar en Nicaragua que lo van a llevar a una isla cuya población en su mayoría son hijos de esclavos. “Lo estamos decorando con fauna marina para hacer educación ambiental”.

Hace poquito firmaron un convenio con la Fundación Bosques Nativos Argentinos y van a construir otro juego inflable en Misiones, pero con la forma de la selva misionera, con tucanes, monos y árboles nativos que lo van a instalar en diciembre.

A u vez, decidieron armar la Red Solidaria de Juegos Inflables que la van a inaugurar en noviembre en Buenos Aires. El proyecto se sustenta en el trabajo de un grupo de voluntarios que están divididos en zonas con cuatro coordinadoras. “Todos los fines de semana vamos a ir a visitar un comedor, un merendero y y un hogar diferente y el juego va a ir rotando. Además, estamos creando tres personajes tipo dibujitos: uno que tiene que ver con la educación ambiental, de color verde, otro que tiene que ver con la alegría y con la gratitud y la solidaridad, de color amarillo y otro con la consciencia, la equidad y la justicia. Estos tres personajes los vamos a insertar dentro de los juegos inflables para que los chicos puedan jugar. También estamos armando un cuento infantil donde los chicos se encuentran con estos personajes que transmiten valores. Y ese material educativo, que también va a ser para colorear, lo vamos a dejar en cada uno de los hogares que visitemos”, finaliza Facundo.

Quienes quieran colaborar con la Red Solidaria de Juegos Inflables pueden hacerlo de la siguiente manera:

Web: expedicionsonrisa.com/

Facebook: Expedición Sonrisa

Instagram: @ expedicionsonrisa