PERSONAS QUE INSPIRAN

Con parálisis cerebral es abogado, vive solo y cumple sus sueños

Con parálisis cerebral es abogado, vive solo y cumple sus sueños

Superó el bullying, se recibió de abogado y ejerció la profesión durante más de 30 años. “Disfruto cada uno de mis pequeños logros”, dice Daniel.

A raíz de una falla durante el parto, a Daniel Kahan (67) le faltó oxígeno, situación que provocó el deterioro de los centros nerviosos. Por esa razón padece parálisis cerebral, que en su caso lo afectó en la parte motora y en el habla. Durante la secundaria fue maltratado por muchos compañeros que le hacían bullying, pero el amor de su familia, sus amigos y la personalidad que fue forjando durante esos años hicieron que nunca bajara los brazos. Se recibió de abogado y trabajó durante casi 40 años en la profesión. Y aunque se jubiló hace muy poco, no se queda quieto y sueña con poder volcar toda su experiencia brindando charlas para personas con discapacidad. Su historia despierta admiración, empatía y emoción por sus logros y nos enseña que a pesar de los obstáculos que podamos tener, siempre podemos cumplir nuestros sueños.

 

Es lunes. Son aproximadamente las 10.30hs. Daniel sale de su casa de Caballito y camina hacia la parada del 141 que lo trasladará hasta un coqueto jardín de un edificio ubicado en la avenida Santa Fe y Scalabrini Ortiz, en pleno corazón de Palermo. “Es muy importante la autonomía que las personas con discapacidad podamos lograr. A algunos les cuesta más hablar, a otros caminar, según la afectación que tenga cada uno, pero la autonomía es importante porque nos sentimos que en algunas cuestiones nos podemos valer por nosotros mismos. A mí me hace muy feliz viajar en colectivo y otro puede decir que estoy loco, pero cuando lo hago lo disfruto porque se trata de un logro. Cuando me puedo abrochar un botón lo festejo y digo: ´bien, pude´. Se trata de disfrutar las pequeñas cosas”, dice ni bien arranca la entrevista con Lado H.

Bullying

Daniel tiene muy buenos recuerdos de su infancia, acompañado por el amor de sus padres y de sus dos hermanas mayores. Por aquellos días de la década del 50, en la que no se hablaba de inclusión, él formó parte de la escuela domiciliaria, donde día por medio una maestra (que le mandaba el estado) iba dos horas a su casa para enseñarle lo mismo que los otros chicos aprendían en el colegio. Incluso, durante las clases él debía tener puesto el guardapolvo blanco.

De esa forma cursó hasta Séptimo Grado. A la hora de buscar un secundario común del estado en ninguno de ellos había sido aceptado. Entonces, fue a una escuela privada en la que, según cuenta, le hicieron la vida imposible. “El bullying no es de ahora, es viejo. Ahora se habla más. Me cargaban por tener discapacidad y por ser judío. Me escupían y me hostigaban. Los maestros intervenían hasta donde podían y yo les contaba a mis padres hasta ahí para no mortificarlos tanto”, recuerda, a la distancia.

“O lo dejan ir o lo secuestramos”

Sin embargo, en Tercer Año logró cambiarse a una escuela pública, el colegio Nacional 17, en Primera Junta, donde el panorama fue totalmente opuesto a lo que había vivido en la etapa anterior. Daniel cuenta que sus compañeros lo trataban “de maravilla, como a uno más” y que lo cargaban de la misma forma en que lo hacían entre todos los amigos, típicos comportamientos de los adolescentes.

Una de los momentos que más recuerda de aquellos días fue cuando logró ir al viaje de egresados en Quinto Año, pese a que sus padres no estaban muy de acuerdo. “Mis compañeros insistieron para que vaya. ´O lo dejan ir o lo secuestramos´, le dijeron a mis padres medio en chiste y medio en serio”, recuerda. Finalmente, Daniel viajó a Bariloche junto a sus compañeros y disfrutó mucho de toda esa experiencia. Es más, muchos de sus amigos actuales los mantiene desde hace casi 50 años.

¡Felicitaciones doctor!

Al terminar la secundaria, su sueño era poder dedicarse a la música: quería ser cantante. Pero por su discapacidad (a raíz de los problemas en el habla) lo veía muy lejano. Entonces, sus padres le propusieron que estudiara alguna carrera relacionada con la Economía o Abogacía. Como los números nunca le  habían gustado, finalmente se inclinó por seguir Derecho en la UBA.

“La experiencia fue muy buena, estudiaba en grupo junto a algunos compañeros, en lo único que me diferenciaba de ellos era que los exámenes me los tomaban en forma oral”.

Una vez que se recibió trabajó en forma privada hasta 1984 y en ese año lo llamaron para trabajar en salud pública. A partir de 1989, a raíz de un amigo que tenía en común con Gerardo Sofovich, el entonces interventor de ATC, lo convocaron para trabajar en el canal público donde ocupó un puesto en el área de legales durante 26 años hasta que se jubiló.

Daniel vive solo pero tiene una mujer que va a su domicilio unas horas a la mañana y otras por la noche para prepararle la comida, lavar los platos y pasear a Tomy, su perro que lo acompaña desde hace 17 años. “Yo me caliento la comida, me preparo un café con leche, me las arreglo. No me gusta depender mucho de terceros, por eso rescato la autonomía que tengo que es bastante interesante. Me visto solo, me baño y me peino”.

El humor, como antídoto para superar momentos tristes

Durante la charla varias veces Daniel recurre al humor, ese antídoto muy importante que tienen muchas de las personas que logran transformarse a pesar del dolor.

“Me gusta bromear conmigo mismo, me gusta que la gente se ría conmigo y no de mí. Cuando tenía que elegir una carrera decía que cirujano no podía ser o cuando me preguntaban en que área trabajaba, les decía en locución”, dice, con una pícara sonrisa. “Me eduqué así, aunque eso no quiere decir que no tenga momentos de tristeza y de angustia como todo el mundo. Tuve mucho apoyo de mi familia y de mis amigos y eso me empujó a llegar hasta donde llegué.  Hay que enfrentar la vida como viene, muchas veces no hay elección. O seguís adelante o te quedás anclado. Mi vida no es fácil, pero hay vidas más difíciles que la mía, se trata de mirar más el vaso medio lleno que el vacío. Muchas veces hay que mirar para abajo y no para menospreciarse, sino para valorar lo que uno tiene”, agrega.

Interesante proyecto

A Daniel le gusta mucho escuchar música y desde hace un tiempo toma clases de canto. Además, se define como un aficionado al periodismo y comparte sus reflexiones políticas en su cuenta de Facebook.

Como se jubiló hace poco más de un año, realiza trabajos de legales por su cuenta, sale a pasear y se maneja muy bien viajando en colectivo y subte. 

Y una de las cosas que más motivado lo tiene en los últimos meses es un proyecto para organizar charlas por todo el país para poder brindar su experiencia de vida a muchas personas que padecen alguna discapacidad. ¿Qué es lo primero que les dirías a esas personas? “Que tengan mucha paciencia, que traten de analizar cada decisión y, fundamentalmente, que no se queden con las ganas de nada”, responde.

Finalmente, Daniel desea compartir unas palabras con aquellas personas que, tal vez, por desconocimiento y desinformación no saben cómo relacionarse con las personas con discapacidad. “Que se acerquen y nos conozcan, no somos tan diferentes como parece, yo sé que en algunas ocasiones la gente tiene miedo por falta de información, pero acérquense y actúen normal, naturalmente”.

Para seguir conociendo a Daniel, puede contactarlo a través de su página de Facebook: Daniel Mario Kahan.