PERSONAS QUE INSPIRAN

“Hilda vino a demostrarnos que se puede”

“Hilda vino a demostrarnos que se puede”

Adoptaron a una beba con hidrocefalia y sífilis, conocé esta historia de amor en familia.

Un miércoles de abril de 2018 a Eduardo lo sorprendió el llamado a su celular desde un juzgado en donde le preguntaban si él y Marysol, su esposa, estaban interesados en adoptar a una bebita que tenía un año. “Yo no te debería dar esta información, pero voy a hacer una excepción: tiene hidrocefalia”, le dijo esa tarde un asistente del juzgado.

Después de un proceso de adopción que llevaba casi siete años de ansiedad, espera, desilusiones y frustraciones, Eduardo venía ahorrando dinero para poder viajar al mundial de Rusia, mientras que Marysol planeaba irse con unas amigas a Brasil. Necesitaban despejar la mente. Sin embargo, ese inesperado llamado podía hacerles cambiar los planes.

-¿Qué es la hidrocefalia? –le preguntó Eduardo por teléfono a su esposa.

-¿Quién tiene hidrocefalia? –le contestó, asustada.

-¿Vos sabés de que se trata esta enfermedad? –insistió él.

-Es una acumulación de líquido dentro del cráneo, que lleva a que se presente hinchazón del cerebro –le contestó Marysol como si fuera una especialista.

-¿Te interesaría conocer a una beba con hidrocefalia?

-Sí, por supuesto.

El mismo miércoles a Eduardo lo volvieron a llamar del juzgado y al viernes siguiente fueron a ver al juez. “Al asistente del juez se le escapó el nombre de la nena, nos dijo que se llamaba Hilda, que había sido abandonada por su progenitora al nacer en un hospital público, que padecía hidrocefalia pero que la enfermedad estaba controlada y que actualmente estaba en la casa de una familia de acogida en zona norte. Además, nos dijo que le había gustado mucho nuestro perfil y que quería conocernos personalmente, no nos preguntaron nada”, recuerda Eduardo.  

Como se trataba del fin de semana largo del 1 de mayo, debieron esperar hasta el miércoles siguiente para comunicarse con el juzgado para confirmarles que aceptaban la adopción. Sin embargo, esa decisión no implicaba que iban a ser los papás de Hilda porque el juez había entrevistado a otros padres en la misma condición.

El ferviente deseo de ser padres

Marysol y Eduardo están juntos desde hace 14 años y se casaron en 2014. Desde aproximadamente siete que habían empezado a buscar un hijo, pero como no habían tenido éxito en dos años, decidieron consultar a un especialista en fertilidad. Como no estaban dadas las condiciones para que la pareja pudiera tener hijos de manera natural, les recomendaron que probaran con tratamientos de fecundación in vitro. Lo intentaron tres veces, pero ninguno de ellos funcionó. “En el último intento, el manejo de la institución fue feo, me llamaron por teléfono para avisarme que no me podían transferir nada como si me estuvieran avisando que no fuera al consultorio a sacarme una muela. La pasé muy mal, lloramos y le dije a Eduardo que no quería volver a pasar por esa situación”, recuerda Marysol.

Esa misma tarde llegaron a su casa y entramos a la página web del Ministerio de Justicia y de Derechos Humanos e ingresaron en el Registro Único de Aspirantes a Guarda con fines Adoptivos (RUAGA).

Aspirantes a adopción

Hacia finales de abril del 2017 participaron de tres encuentros informativos (junto a muchas parejas) donde les explicaron cómo era el proceso de adopción en CABA. A partir de ese momento completaron el formulario con sus perfiles para ser aspirantes donde, entre otras cosas, tuvieron que responder la parte de actitud adoptiva que incluía el sexo, la edad, cantidad de niños (ellos colocaron 2 niños/niñas de 0 a 8 años). Y, además, colocaron una tilde aceptando niños con “enfermedades controladas”.

En agosto de ese año recibieron en su casa a una psicóloga y a una asistente social y en enero de 2018 les llegó un mail en donde les comunicaban que su legajo estaba habilitado para que cualquier juez lo tuviera en cuenta para adoptar.

Al poco tiempo los llamaron por la posibilidad de adoptar a tres hermanitos (de 6, 4 y 2 años) que estaban en un hogar en Santos Lugares. Si bien Marysol y Eduardo estaban gustosos de aceptar la propuesta, el juez consideró que no eran los adecuados para este caso.

Familias Abiertas

Sin embargo, cuando menos se lo esperaban llegó la posibilidad de adoptar a Hilda. Ese miércoles que se entrevistaron con el juez les dijeron que a más tardar el viernes se iban a comunicar para darles una respuesta favorable o no. El mismo miércoles a la tarde llamaron a Eduardo para informarles sobre la resolución. “El juez consideró que ustedes van a ser los papás adecuados para comenzar el proceso de vinculación con Hilda”.

“No paraba de llorar, enseguida llamé a mi mamá que también se puso a llorar, le conté a mi hermana, se lo dijimos a mi suegra y estaba enloquecida. Literalmente, yo no podía hablar, era una alegría inmensa. Y al rato, empezamos a pensar en el tema de la hidrocefalia, en que no teníamos una cuna, fue todo muy rápido e inesperado”, recuerda Marysol.

En ese momento, Marysol recibió el llamado de Luz Vergara, fundadora de la Asociación Civil Familias Abiertas en la que se trabaja bajo la modalidad de acogimiento familiar. Allí realizan el acompañamiento de niños/as de 0 a 9 años que se encuentran bajo medida de protección excepcional hasta que se resuelva situación legal. En ése período los niños se encuentran al cuidado de las familias acogedoras pertenecientes a la asociación a las cuales se capacita y se les brinda todo el apoyo necesario a fin de garantizar un acompañamiento integral en dónde se garantice el goce pleno de derechos de los niños.

“Se entiende por Familia de Acogimiento el cuidado de forma integral, transitorio y no institucional, brindado por una familia alternativa de convivencia, a un niño/a de 0 a 10 años, cuando media inexistencia de su grupo familiar, de pertenencia y/o referencia, se encuentre privado de él en forma temporal o exista medida judicial o administrativa, en razón de causas o motivos suficientes para ordenar la separación de su medio familiar de origen. Las responsabilidades son: cuidar que el/la niño/a se encuentre en adecuadas condiciones de vida, garantizando especialmente su salud, hábitat, vestimenta, higiene, educación y esparcimiento, comunicar a las autoridades de la Asociación la evolución y estado del niño/a, y todo cambio de situación que involucre al niño en la familia de acogimiento y asistir a las reuniones y encuentros pautados por el equipo técnico de la asociación a fin de desarrollar un trabajo conjunto y enriquecer la tarea”, explica Luz Vergara.

“Mirá Hilda, ellos son tus papás”

Marysol y Eduardo se juntaron con Luz dos horas en un bar. En ese momento se enteraron que al otro día cumplía 10 meses, que tenía rulos, que aplaudía y que tomaba la mamadera solita. Además, le contó que Hilda padecía sífilis porque la mamá “estaba fuera de sí” en el momento del parto. Les dijo que había que controlarla, que le veían haciendo estudios y que faltaba un último control para que le dieran el alta.

Ese mismo día fueron a la casa de Natalia y de Nicolás, los papás de acogimiento de Hilda, donde vivía desde los 22 días de su nacimiento. Además, estaban sus hijos biológicos (Benjamín y Paloma).  “´Mirá Hilda, ellos son tus papás´, le dijeron los chicos a la beba´. Hilda estaba tomando la mamadera sola, en ese momento la agarré a upa, la apreté toda, fueron dos horas, ella estaba ahí y nos miraba”, se emociona Marysol.

“Desde el primer momento que conocimos a Marysol y a Eduardo y tuvimos la primera entrevista para comentarles los hábitos y las características de Hilda  se mostraron muy emocionados, con grandes deseos de conocerla y comenzar a construir el vínculo con ella.  En ese camino logramos una muy linda empatía, generándose acercamiento y confianza para poder vivir ese proceso de vinculaciones de una manera plena; tal como se vivenció”, dice Luz.

Durante una semana todos los días Marysol y Eduardo fueron a ver a Hilda a la casa de Natalia y de Nicolás, siempre con una asistente social presente.  Al lunes siguiente se la llevaron solos a pasear, el miércoles la trajeron todo el día a su casa, mientras iban armando la practicuna. Al viernes siguiente les permitieron que se quedara a dormir con ellos. “Ella durmió en la practicuna al lado de nuestra cama como si nada”, recuerda Marysol, con una sonrisa.

A la semana siguiente, por fin, les dieron la guarda pre-adoptiva de Hilda que desde el 12 de mayo vive con ellos. Por otra parte, están tramitando el juicio de adopción que saldría en poquitos meses.

“Hilda vino a demostrarnos que se puede”

Hilda es una nena que tiene un año y medio, es súper simpática, tienen unos rulos hermosos que llaman la atención de todos los que la ven por primera vez. Le gusta jugar a que es un monstruo, le encanta ir a la plaza, correr, mira tele durante 15 o 20 minutos y como se aburre se va a jugar con sus chiches. Disfruta mucho estar en su pieza, especialmente dentro de una carpita rosa que le compraron sus papás, y se muestra muy feliz con la nueva casa a la que los tres se mudaron hace poco más de un mes.

“Se los ve muy felices, creciendo día a día en su vínculo. Contando con el apoyo de la familia extensa de Marysol y de Eduardo, más los amigos que siendo la red afectiva de los mismos los acompañan a afianzarse. Se nota que Hilda modificó de tal manera la dinámica familiar, que se ha convertido en el eje de la misma. Nuestro mayor deseo es que puedan continuar caminando juntos en esta construcción familiar y que sigan acompañando a Hilda en todas sus necesidades como lo vienen haciendo hasta el momento y disfrutándola en cada logro de su vida”, expresa Luz.

  En relación a la hidrocefalia,  su papá cuenta que se la detectaron a los cuatro meses ya que su cabecita medía 1,5 cm más de lo normal. “Lo único que le costó fue cuando la sentamos porque le pasaba más la cabeza, tuvo dos sesiones de terapia ocupacional y cada dos meses se hace controles en el Garrahan. Si cuando cumple los dos años está todo normal, nos dijeron que nos olvidemos del tema”, dice Eduardo.

“Hilda es la respuesta perfecta para todo lo que nos pasó, ella vino a demostrarnos que se puede, siento que el universo ahora es más justo. Queremos que ella sea feliz y que el día que pregunte por sus orígenes podamos estar a la altura. Soñamos con verla crecer despacito, el año que viene capaz que empiece el jardín y nos gustaría poder hacer un viaje los tres”, se ilusiona Marysol.