PERSONAS QUE INSPIRAN

Es enfermera y cumple misiones en los países más pobres de África

Es enfermera y cumple misiones en los países más pobres de África

Marcela forma parte de Médicos Sin Fronteras. Esta es su historia. 

Desde hace poco más de dos meses Marcela Mendonça (29), que es Licenciada en Enfermería, está en Níger (África) cumpliendo una misión para Médicos Sin Fronteras donde va a permanecer hasta julio. Se encuentra en medio de una epidemia de sarampión y meningitis, pero lo que más abunda en este país es la malaria.

 “En general, en los pueblos del interior tienen muy poca escolarización, hay mucho analfabetismo, poseen una mortalidad infantil muy alta, pero tienen una alegría distinta, son un ejemplo de resiliencia. Se dice que no hay madre africana que no haya perdido un hijo. Las madres están muy acostumbradas a decirte que tienen seis hijos y te explican que cuatro están vivos y que dos fallecieron”, dice Marcela, desde Níger.

Ella creció escuchando las historias de una amiga de su hermana que trabaja desde hace muchos años en Médicos Sin Fronteras (MSF), una organización de acción médico-humanitaria que asiste a personas amenazadas por conflictos armados, violencia, epidemias o enfermedades olvidadas, desastres naturales y exclusión de la atención médica. Y desde ese momento supo que en algún momento iba a prestar sus servicios para esa entidad. Estudió en el Hospital Austral donde se recibió de enfermera y trabajó en ese mismo lugar durante cinco años en el servicio de Emergencias.

“En las emergencias se duerme poco y nada”

Su primera misión fue en julio del 2017 cuando debió partir a Angola a raíz de una emergencia con refugiados del Congo que emigraban tras la durísima guerra civil que afrontaba su país. “Fue un viaje bastante largo en avión, luego hicimos siete  horas en auto en caminos que no eran de los mejores. No bien llegué al lugar me di cuenta que me esperaba mucho trabajo, había muchas necesidades. En las emergencias se trabaja muy rápido, se duerme poco y nada, estuve tres meses cerca de la frontera con el Congo donde teníamos una posta sanitaria y un hospital. Al principio solo éramos tres profesionales del área médica: un pediatra, la coordinadora médica y yo”.

Después de esa primera misión, Marcela retornó a la Argentina y luego se fue a Bangladesh, donde permaneció otros tres meses, y más adelante viajó a Sierra Leona, un país que había quedado muy golpeado por el ébola donde el objetivo era reducir la mortalidad materno-infantil.

Cuenta que se despierta muy temprano y, luego de desayunar, cruza al hospital donde participa de la ronda visitando a los pacientes más graves. Más tarde arranca su rutina de pasar por todos los servicios, ver qué es lo que necesitan y evaluar a los enfermos. Después, almuerza en la casa y retorna al hospital para participar en las reuniones con los médicos, ver la logística, temas de farmacia y estadísticas. Trabaja, como mínimo, de 7 a 19hs.

La primera barrera que tiene es el idioma porque la gente suele hablar el dialecto local, pero Marcela cuenta que aprende a comunicarse a través de signos, miradas y sonrisas. “Cuando las madres nos ven jugar con sus hijos se emocionan, les gusta que estemos con ellos, que levantamos a upa a un bebé si está llorando, se sorprenden de que seamos mujeres las que estamos llevando un hospital adelante”.

La sonrisa de los niños

En la mayoría de los proyectos, especialmente donde hay desnutrición, los chicos se muestran muy apáticos porque le faltan nutrientes y no tienen otra expresión más que llorar todo el tiempo. Y una de las cosas que se busca, dice, es que ellos vuelvan a sonreír, a jugar y a conectarse con sus familias. “Decimos que uno de los signos que tienen que tener para que le demos el alta es que hayan sonreído, al menos una vez. Y se logra”, se enorgullece.

“Les hago jugar con burbujas y con globos, les pongo una película, los hago dibujar. Lo que más me gusta es ver las sonrisas de esos chicos y así como yo tuve muchas personas que me enseñaron cosas diferentes, ellos están viendo a una mujer blanca con quien pueden conectarse. Me gusta pensar que somos imágenes distintas y positivas que a lo mejor les enseñamos a ver que hay algo más que solo estar en su pueblo”.

Su cable a tierra

Generalmente, Marcela llega muy cansada a su casa y lo que trata de hacer en cada una de las misiones es liberar un poco la cabeza para olvidarse, al menos por unas horas, de tantas tensiones. En su caso le gusta hacer deporte, escribir y tocar la guitarra.

“Escribo lo que voy viviendo y lo que voy aprendiendo de cada experiencia, cómo vive la gente de acá. En gran parte porque me hace muy bien volver a analizar el por qué estoy acá y también para compartir con mis familiares y amigos para que sepan estas realidades tan crudas que pasan en estas partes del mundo”.

Marcela confiesa que las cosas más feas con las que debe convivir casi todos los días son la muerte. Sin embargo, rescata como las mujeres africanas transitan el duelo no desde el pesimismo y la tristeza, sino desde la aceptación y el agradecimiento por todo el trabajo que hicieron los médicos y el resto de los profesionales por salvarles las vidas a sus hijos.

 “Hay varias cosas del mundo que pasan a un segundo plano y empezamos a disfrutar de las cosas que salen bien, de la sonrisas de los chicos y sus madres, de cuando nos regalan una botella de vino. Elegimos ver que lo que hacemos vale la pena y tienen su sentido. Si bien muchos chicos mueren, muchísimos más se salvan y se van contentos a seguir viviendo su vida”.

Contacto de MSF:

Facebook: Médicos Sin Fronteras (MSF)

Instagram: @medicossinfronteras.ong