PERSONAS QUE INSPIRAN

Cambió su vida ayudando a personas en situación de calle

Cambió su vida ayudando a personas en situación de calle

Conocé la historia de Graciela y su gran trabajo solidario.

“Lo más importante en mi vida fue ser mamá a los 26 años. Desde el minuto cero, una vez que confirmé el embarazo, supe que lo transitaría sola. Pero eso no opacó mi alegría. Sabía que había que reorganizarme y salir adelante. Estuve durante años trabajando muchas horas extras y llegué a estar 36 horas sin dormir. Sé lo que es lucharla cada día para pagar un techo, alimentos, vestimenta, remedios, hacer estudiar a un hijo. Nunca tuve mucho. Sí lo necesario, pero sé lo que es no tener garantía para alquilar por más que puedas pagar el monto que te piden”.

Las palabras salen de la boca de Graciela Ramírez (45) que vivió situaciones adversas en su vida, pero, sin embargo, nunca bajó los brazos. Y eligió el voluntariado para poder ayudar a personas en situación de calle. De esa forma, ella y su hijo también salieron adelante.

En enero del 2017, por problemas que tenía el dueño del departamento donde vivía, a pesar de tener un contrato firmado, se vio obligada a dejar la vivienda.  “Estaba sin ahorros, no tenía otra garantía más que mi recibo de sueldo y no sabía a dónde ir. Le comenté la situación a una amiga -que había sido niñera de mi hijo- y me dijo que guardara mis pertenencias en un guardamuebles y que fuera a vivir a su casa de Villa del Parque. Yo me sentía como en un destierro, pasé de tener un departamento a tener que vivir de prestado, no era mi lugar ni el de mi hijo. Entonces, comencé a deprimirme y a preguntarme cómo iba a seguir”, rememora Graciela.

Tras superar ese duelo, entendió que lo más importante era que ella y que Fernando (20) no estaban en la calle y que gozaban de buena salud. “Había pasado por tantas cosas que solo tenía que ocuparme de seguir y conseguir otro lugar para vivir junto a mi hijo. Eso es lo que podía transmitirle: no bajar los brazos nunca, no rendirme aunque sintiera que la situación era muy difícil”.

Ponerse en los zapatos de los otros

Graciela consiguió alquilar un monoambiente en abril del año pasado en el barrio de Almagro. Se acercaba el frío y en ese momento comenzó a pensar en los sin techo, en las personas que se encontraban viviendo en la calle. Ese sentimiento le produjo un clic en su cabeza. Pero, sobre todo, en su corazón. “No me iba a quedar con la tristeza y con la impotencia que sentía al ver que esas personas estaban abandonadas a su suerte. Eran seres invisibles para el gobierno de turno y para la sociedad. Entonces, decidí dejar de mirar al costado cuando pasaba por al lado de ellos”.

En ese momento Graciela se comunicó con Mariela Fumarola, fundadora de la ONG “Caminos Solidarios” que desde el año 2011 brinda alimentos para personas en situación de calle en diferentes puntos de la ciudad de Buenos Aires. “Mariela me invitó a que me acercara y justo ese día hacía falta una cocinera. Cuando los conocí, sentí que ese era mi lugar, que allí podía entregar gran parte del amor que llevo dentro y desde mi lugar poder hacer la diferencia”, señala Graciela, emocionada.

A partir de ese día, todos los martes Graciela (que es enfermera y trabaja los sábados, domingos y feriados en el Sanatorio de la Trinidad Mitre) cocina un guiso en su casa, lo coloca en una olla muy grande y se toma un taxi para que no se enfríe al momento en que más de 50 personas se congregan en Rivadavia y Castro Barros para poder llenar su panza con algo bien calentito, rico y nutritivo.

“Siempre cocino guisos porque es lo que más rinde. Trato de agregarle verduras, papas, carne picada. Cuando puedo compro arvejas y más mercadería porque no siempre hay. Cocinar me lleva más o menos cuatro horas porque tengo que cortar las verduras, hacer que se cocine ese volumen de salsa, tratar de ver los tiempos y que no se me pase el arroz o los fideos”.

Pasión por el voluntariado

Su hijo muchas veces la acompaña junto a las personas que colaboran en “Caminos Solidarios”. “Quiero que él los conozca para que vea que son personas reales a las que les tocó una situación difícil en la vida como a cualquiera le puede pasar. No hace falta tener mucho para ayudar al otro”.

En agosto del año pasado falleció su hermano, en febrero último su mamá tuvo un ACV que la dejó en silla de ruedas y el 1 de julio falleció su papá del corazón. Pese a estar transitando todos estos duelos, Graciela jamás pensó en dejar la acción solidaria porque día a día aprende de todas las personas a las que ayuda.

 

“Algunos ya no están en situación de calle pero vienen a saludar por el vínculo que se formó. Y como ellos dicen, nunca olvidan cuando tenían hambre y frio y encontraron comida caliente, abrigo y contención. Sé que hay mucho por hacer, pero desde nuestro lugar tratamos de acompañarlos. Es lindo porque te esperan con una sonrisa, los de siempre te saludan con besos y abrazos. Ves el cariño en sus ojos”.

Personalmente, Graciela les consigue leche maternizada para los recién nacidos y, en varias oportunidades, acompañó a chicas embarazadas sin controles a hacerse vacunar. “Ser voluntaria hace que me sienta partícipe de la actualidad que vivimos, que éstas personas no se sientan ignoradas. Lo ves en sus ojos y sus sonrisas no tiene precio. Sé que no es mucho pero al menos es mi aporte hacia ellos que existen, que sufren y que muchas veces están desesperanzados”.