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Libertad, bienestar y diversión al ritmo de la música

Libertad, bienestar y diversión al ritmo de la música

Método Flow Dance: conocé la experiencia en primera persona

Estoy yendo a una clase del Método Flow Dance. Son las 18:00hs y me recibe Ivana Dzialoszycki, la profesora, en un bonito salón en Palermo que mide aproximadamente 11 x 4 metros. Lo primero que me advierte es que debo ingresar sin las zapatillas y, de ser posible, sin medias. El lugar transmite calidez. Hay dos espejos tapados por una tela blanca en cada uno de los extremos, un florero sobre unas telas de color rojo y turquesa con un cartel que dice “Dance”.

“Es una práctica de movimiento consciente, la idea es que las personas puedan conectarse con el sentir del cuerpo, invitando a aquietar la actividad de la mente. Tiene como dos llaves primordiales que es acompañarse con el registro y el sentir de la respiración y moverse de modo libre y espontáneo”, me anticipa Ivana antes de que lleguen sus alumnos habituales.

Ivana, que es psicóloga y también practica yoga hace 15 años, me hace sentir cómodo, relajado. Estamos los dos sentados en el suelo, de piernas cruzadas. Y de a poquito voy captando de qué se trata esta actividad que en minutos me va a tener como protagonista.

“La idea es que cada uno puede moverse escuchando qué necesita su propio cuerpo. La música invita y acompaña, es como una contención y ayuda a crear el contexto, pero por sobre todo hay que escuchar al cuerpo. Es una práctica de meditación en movimiento, hay que partir de uno pero para ir al encuentro con el alrededor que es uno a uno y con el espacio grupal, se trata de disponer de recursos para acercarse a uno mismo más a través del sentir que del pensar”.

Dejarse llevar por la música

Antes de empezar la clase Ivana se me acerca y me dice que me quede tranquilo porque nada de lo que haga va a estar mal. Yo estoy sintiendo una mezcla de nervios y ansiedad. Ella me aclara que la primera parte de la clase es más libre y que hay que dejarse llevar por la música y por la respiración. Arranco medio perdido, especialmente cuando observo a mi amiga Karina, que me acompaña en esta experiencia, que alcanza un envidiable punto de concentración. Y claro: ella medita hace años y parece estar en su salsa. Mientras tanto, yo hago lo que puedo que en el comienzo no es mucho. Siento que todos saben porque están en este lugar, menos yo. 

En ese momento empieza a sonar un tema brasilero llamado “Drinkee” que hace que automáticamente comience a moverme con más ritmo por el salón. Levanto las piernas, de a una por vez, y circulo libremente con una sonrisa de oreja a oreja. Claramente me dejo llevar por la música y cada vez estoy más suelto. Aclaración: soy un amante de la música de ese país en todas sus facetas.

Después hacemos un ejercicio donde tenemos que movernos libremente por el espacio tratando de buscar complicidad con el resto de los compañeros: la idea es pasar por al lado de las personas tratando de tener un contacto más espiritual que físico. Me parece divertido, circulo  por toda la pista, le sonrío a mis pares y en un momento me escabullo por debajo de Ivana, cual toro que no se deja atrapar por el torero. Pero este movimiento viene acompañado de una sonrisa de ambos.  Yo siento que ella percibe que la estoy pasando bien.

Entrega e inspiración

Una de las partes donde mejor me siento es cuando suena el tango  “Veinte años”. Es ahí que definitivamente me suelto por completo. Estoy entregado. Me paseo por todo el salón con un movimiento de piernas donde me traslado de un lugar a otro, dando vueltas y girando varias veces. Todo eso acompañado de inspirados movimientos con los brazos y con las manos. Me siento un bailarín clásico y, principalmente, no le temo al ridículo. Deseo que no termine el tema: estoy bailando con gracia, totalmente desinhibido y entregado. Y, obviamente, transpirando al ritmo sin pausa de la música.  Sin dudas, que estoy atravesando uno de los mejores momentos de la clase. Y mi cuerpo lo sabe. 

Después, toca el turno de hacer unos ejercicios caminando hacia adelante y luego hacia atrás con una canción demasiada lenta para la excitación que traigo del tema anterior.

Algunas de las melodías, todas instrumentales, son para aquietar, otras para ir poniendo las distintas partes del cuerpo en movimiento. Están los temas que son más divertidos y los que tienen la intención de favorecer la interiorización cuando vamos atrayendo la atención al sentir del cuerpo en sus distintas partes. Muchas veces tienen una estructura repetitiva que favorece el sostén de la atención. 

“Una experiencia de libertad”

“Es una experiencia de libertad, como darnos un permiso de moverse como uno quiere y necesita, sin exigencia. También funciona como desestresante, el movimiento en sí mismo tiene como toda una repercusión emocional y química”, dice Ivana, antes de indicar un ejercicio tomando como referencia los cuatro puntos cardinales que tenemos que asociar con cuatro colores que nos identifiquen con alguna experiencia personal.

Para el final, Ivana sorprende con una canción en hebreo y en árabe llamada “Allah Elohim”. Ahí el ritmo me vuelve a pedir movilidad, balanceo, improvisación y creatividad. Estoy dejándome llevar por este hermoso tema que me tiene dando vueltas, levantando las piernas y moviéndome con tal soltura como si estuviera en mi casa. Y es así: me siento muy cómodo, con una energía muy especial que transmite Ivana y que se contagia por todo el ambiente.

El reloj marca las 20.30hs cuando llega el momento de la relajación final con un mantra (Twilight). Mientras todos mis compañeros ya están en el suelo para bajar un cambio, yo sigo recorriendo la pista a paso lento hasta que decido acostarme boca arriba apoyando los pies en uno de los escalones que están sobre unas barras donde, imagino, la gente debe colgarse para hacer algún ejercicio de resistencia. Y definitivamente me estoy relajando. Y aprovecho para cerrar los ojos y descansar. Y hasta me permito compartir algún que otro bostezo. Mientras todos ya están sentados con las piernas cruzadas, yo estoy acostado mirando hacia adelante apoyando mi cara sobre mis brazos. Estoy recontra relajado. Y muy contento. 

“¿Alguno quiere definir en palabras lo que está sintiendo?”, pregunta Ivana. "Libertad, ser uno mismo, bienestar, introspección, conectarse con uno mismo, relajación, diversión", me apresuro a contestar. Luego, escucho las sensaciones de mis compañeros y el cierra de la profesora. Y me tomo unos cuantos segundos para incorporarme. Estoy extenuado, pero relajado a la vez. Una rica combinación de sensaciones que claramente me hace pensar seriamente en repetir esta interesante experiencia.

El día 27/10 a las 16hs realizarán un evento en Heredia y Rosetti (Villa Ortuzar), para más información contactarse via email: Ivanadzialo@gmail.com

Instagram: @ivanadzialo

Facebook: Ivana Dzialoszycki