KONSCIENCIA ELEVADA

¿Qué es y para qué sirve la inteligencia emocional?

¿Qué es y para qué sirve la inteligencia emocional?

Claves para gestionar las emociones propias y entender las de los demás

 

La Inteligencia Emocional (IE) es la capacidad de reconocer, entender y gestionar las emociones y a la vez reconocer, entender e influir en las emociones de los demás. Implica un conjunto de habilidades entre las que se destacan el autocontrol, el entusiasmo, la empatía, la perseverancia y la capacidad para motivarse a uno mismo.

“A la percepción de la emoción le sumamos nuestra capacidad de razonamiento con el fin de pensar qué conducta vamos a llevar a cabo para el logro de nuestro objetivo. Si las emociones me desbordan perderé el control sobre mí mismo y mis acciones pudiendo llegar a ocasionar una catástrofe. La Inteligencia Emocional implica poner en juego una respuesta emocional adaptada a las circunstancias”, explica Analía Urretavizcaya, Psicóloga Clínica, Miembro Docente de ANA (Asociación Neuropsiquiátrica Argentina) y de AATA (Asociación Argentina de Trastornos de Ansiedad).

Por su parte, la licenciada en Psicología Gisela Holc apunta: “La Inteligencia Emocional tiene que ver con la capacidad de gestionar las emociones, tanto las propias como la de los otros. Cuando digo gestionar no digo ni reprimir ni no sentir. Por gestión de las emociones me refiero a la capacidad de saber registrar, identificar qué siento, cuándo siento, cuál es la emoción, poder identificarla me permite luego ver cómo y qué hago con ella”, sostiene la especialista en estrés y ansiedad y coordinadora del Centro Idea.

 

Los 4 componentes de la IE
-Auto-conocimiento: saber cómo sentimos, cuáles son nuestros hábitos emocionales, cuál es nuestra tendencia a sentir, cómo tendemos a reaccionar, cuáles son nuestros patrones más habituales en estos temas.

- Autorregulación: poder responder en lugar de reaccionar. Medir intensidades, saber cómo expresar, que la expresión esté al servicio constructivo y no destructivo. Las emociones nos vienen a decir algo. Saber decodificar ese mensaje y poder actuar en consecuencia.

-Empatía: reconocer y aceptar las emociones de las otras personas. 

-Habilidades sociales o relaciones interpersonales: aprender a mantener vínculos sanos, ricos, positivos es un gran contribuyente de felicidad. Los vínculos son lo que le da color a nuestra vida.

“La IE depende de varios factores: de la genética, de la identificación con vínculos primarios, de la educación y de la socialización, de las experiencias infantiles. Pero la vida entera es un laboratorio de experiencias y a lo largo de ella podemos ir teniendo la oportunidad de seguir moldeando a través de nuevos vínculos, nuevas experiencias. Hay formas de aprendizaje espontáneo en la escuela de la vida misma y con la metodología del ensayo y error. Pero también los espacios terapéuticos en sus dispositivos individuales, terapias cognitivo conductuales o bien espacios grupales de habilidades sociales, gestión de emociones, talleres re enojo, o de mindfulness son espacios donde se aprende a registrar las emociones, sus circuitos y a modificar las conductas”, puntualiza Holc.

En la práctica, la IE nos puede servir para sentirnos más satisfechos con nosotros mismos, con los que nos rodean, obtener y valorar los logros propios y de los demás, partir de las fortalezas y habilidades para proyectar nuevos desafíos. La conexión emocional nos sirve para detectar las emociones que nos afectan negativamente y si estamos entrenados, atentos y asertivos podemos neutralizarlas para evitar que influyan negativamente en nuestras acciones.

“Si buscamos trabajo y podemos percibir el miedo que se apodera de nosotros en la situación de la entrevista laboral (autoconciencia emocional) seremos capaces poniendo en juego la automotivación aceptar el desafío de afirmarnos en nuestros logros pasados y con optimismo hacer frente a la instancia saliendo fortalecidos de ella. Liderar un grupo de personas para un fin determinado implica poseer habilidades sociales para empatizar con sus problemas, comunicarles una posible solución a la vez que podemos corregirla o redireccionarla en función de la escucha atenta y abierta a los demás. Y a la vez se logra persuadirlos para llegar al bien común. Imaginemos a un amigo que se siente triste y no quiere abrirse a escucharnos o que lo ayudemos. Es importante tomar en cuenta su hermetismo sin juzgarlo y sin forzarlo pues podemos empatizar con su miedo a que su intimidad quede expuesta”, ejemplifica Urretavizcaya.

¿Cómo potenciar la IE?

Urretavizcaya afirma que se pueden utilizar 10 pasos para poner en práctica la IE. Ellos son:

1. Detectar la emoción que hay detrás de los actos. Conectarse.
2. Ampliar el vocabulario (emocional).
3. No dejarse engañar por las apariencias emocionales.
4. No juzgar la forma en que uno se siente.
5. Descubrir el mensaje oculto del lenguaje corporal.
6. Controlar lo que uno piensa para controlar el comportamiento.
7. Buscar el porqué de los demás.
8. Llevar un diario emocional.
9. Expresar las emociones de forma asertiva.
10. Convertir todo en conductas prácticas.

¿Cuáles son sus beneficios en el día a día?
“Estar más conectados con nuestro mundo interno y con los demás. Aprender a manejar las emociones negativas para evitar que se conviertan en pensamientos negativos. Estaremos así más abiertos a las posibilidades que nos abren las puertas del optimismo y la confianza en nosotros mismos”, concluye Urretavizcaya.