GPS EMOCIONAL

“Somatizamos cuando no podemos expresar nuestros conflictos”

Salomon Sela

Hablamos en exclusiva con el Dr. Salomon Sellam con respecto a la salud y a las emociones.

El Dr. Salomon Sellam, nacido en Argelia en 1955 y repatriado a París en 1962, es doctor en Medicina y diplomado en Medicina Psicosomática y Terapia de Relajación. Dedica gran parte de su tiempo a la difusión de la Clínica Psicosomática, una disciplina que fundó en el año 2000 para abordar la salud tanto mental como física. Es considerado uno de los máximos experto en Medicina Psicosomática ya que analiza los factores psíquicos que pueden estar en el origen de cada patología. Escribió varios libros alusivos: en 2001 publicó “Encuestas psicosomáticas”, en 2002 “Conversaciones psicosomáticas” y en 2003 su carrera dio un giro con la publicación de “Síndrome del Yacente, un sutil hijo de reemplazo” en donde describe, sólo a partir de la experiencia clínica, la existencia de señales físicas y psíquicas, consecuencias transgeneracionales de los dramas familiares, tipo de fallecimientos injustificados/injustificables con un tipo de “reparación inconsciente” sobre varias generaciones.

En exclusiva, Lado H tuvo la oportunidad de entrevistarlo y consultarle acerca de su campo de trabajo.

¿Qué es la Psicosomática Clínica Humanista?

Quiere decir que hay una influencia de la mente sobre el cuerpo, es decir, que para cada enfermedad hay un porcentaje de influencia a nivel psíquico. Siempre vamos a buscar la historia conflictiva de la persona. Clínica implica la verificación con casos verídicos. Y la palabra humanista se refiere a que los médicos estamos para apoyar a la población para que se consuma menos medicamentos para el bienestar general.

¿Tiene que ver con lo emocional?

Es lo emocional sobre todo lo que se tapa, se esconde y se retiene. Por ejemplo, una rabia que no puedo expresar contra un ser querido, todo lo que no sale de la boca se imprime en las células.

¿Por qué tendemos a somatizar tanto?

Porque no podemos expresar nuestros conflictos. Por ejemplo, se muere el padre y están los hermanos reunidos por el tema de la herencia y hay una pelea entre todos. Entonces, decidimos guardar todas estas emociones y enojos, una ira contenida o un rencor, una injusticia o tristeza que no puedo expresar y vamos a convertir todo esto en un síntoma.

¿Todas las enfermedades tienen un trasfondo psíquico?

Para mí, sí. Todas tienen un componente psíquico, es decir, que está en la mente. Hay un clásico conflicto de pelea. Una pelea chiquita puede derivar en una constipación, una pelea más importante puede ocasionar una gripe, una pelea más grande puede generar una bronquitis, una pelea mayor puede causar una neumonía y si hay un conflicto mucho más grande no expresado puede ser el origen de un cáncer en los bronquios. Esa es la escala.

¿Qué podemos hacer para no guardarnos todas estas cosas que nos pueden generar enfermedades?

Se trata de hacer un trabajo de prevención desde la niñez. Enseñar a los chicos a expresar sus enojos, su rabia, sus sentimientos y no guardar.

¿Qué pasa con los adultos que no tuvieron la posibilidad de recibir estas charlas de prevención cuando fueron niños?

Podemos expresar conflictos con un signo clínico pero tenemos técnicas para ayudar a la gente a sacar la rabia para que esto no se transforme en un futuro en un síntoma. Lo más importante es hablar, sino puedes hablar con tu pareja, con tu hermano o con tus padres, es importante poder hacer psicoterapia.

¿A qué se denomina "programación transgeneracional"?

Son las influencias de la historia familiar sobre mi mente. A veces, vamos a encontrar una problemática de hoy, pero la clave no es hoy ni mi historia contemporánea, sino mi historia transgeneracional. Hay patologías como una alergia en la que no necesitamos ir a explorar el árbol genealógico, pero para un cáncer necesitamos ver si encontramos las semillas de esta problemática. Eso se llama la programación transgeneracional. La clave es la dinámica familiar sobre tres o cuatro generaciones.

En su libro se refiere al "síndrome del yaciente", ¿de qué se trata este concepto?

Es típico de lo transgeneracional. Lo he descubierto en 2001 con la experiencia clínica donde he visto que en la familia cercana o transgeneracional hay un muerto joven o una muerte temprana como puede ser la de un adolescente o la de un padre joven. Se trata de situaciones injustas de la vida. Eso va a generar todo un proceso totalmente inconsciente porque ésta muerte no es admitida y se produce un faltante inconsciente para reemplazar a este muerto. Es una inmovilidad simbólica, es decir, no puedo vivir mi vida. Mi papel es el de reemplazar al muerto. Es algo especial, fuera de lo habitual, pero hay un montón de personas que son yacientes. Por ejemplo, el pintor Salvador Dalí es un niño de sustitución porque tenía un hermano mayor que había fallecido que se llamaba también Salvador.

Hay dos tipos de yaciente: el horizontal porque estamos en la misma línea genealógica y el vertical cuando voy a reemplazar, por ejemplo, a un abuelo, a un tío o al pequeño hermano de mi madre. Entonces, es como que no tengo derecho a vivir mi vida y tengo que vivir la vida del otro.

¿Cómo se hace para correrse de ese lugar de yaciente?

Siempre hay un diagnóstico y podemos empezar a despedirnos de los muertos con actos simbólicos, con acompañamiento y, sobre todo, con una toma de consciencia progresiva de entender que no se trata de mi historia, sino de la que protagonizó otro miembro de la familia y que soy únicamente un instrumento para reparar este drama.

¿Cómo se trabaja para que una persona deje de ser yaciente?

Nunca he visto un fracaso con el síndrome del yaciente porque es un mensaje que no me pertenece, eso sucedió antes de mi concepción. Es muy importante reconocer que esa historia no me pertenece, que estoy viviendo una vida que no es la mía. He visto curaciones tremendas únicamente con este síndrome. Y esto influye claramente en la calidad de vida de la persona que logra sobreponerse a esa situación para comenzar a vivir con mayor placer.