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A los 60 cumplió el gran sueño de su vida

Desde chico Carlos deseaba cantar en público. Te compartimos su historia, llena de pasión y de emociones.

“Estoy por salir en unos segundos, no lo puedo creer, gracias familia por bancarme y por compartir este sueño. Ustedes tres son mis principales fans, las amo”. Luciendo una remera blanca, especialmente diseñada para la ocasión que un su manga derecha lleva el escudo de The Who, su banda favorita, un pantalón negro, un chaleco que hace juego y unas gafas del mismo color, Carlos Cukier está a punto de ingresar al escenario de Niceto Club para cumplir con el sueño de toda su vida, ese que tuvo que esperar 60 años para convertirlo en realidad.

“Cuando salí al escenario me pasó por dentro lo mismo que había sentido cuando la conocí a Mónica: tenía como una energía que me hacía estar con toda la fuerza, con toda la iluminación, radiante, estaba como que brillaba. Eso es algo que no me voy a olvidar nunca. Mis miedos eran olvidarme la letra, equivocarme, pero entré sonriente y feliz y me puse a saludar a toda la gente que me había venido a ver”, recuerda Carlos, totalmente emocionado.

La pasión por The Who

Su pasión por la música nació desde que tenía 8 o 9 años. A esa edad ya formaba parte del coro del colegio y también era solista. A los 11 compuso una canción con la melodía de The Monkees, un grupo inglés de la misma época que The Beatles.

“Todos los días de mi vida estaba sentado en el umbral de mi casa, dejaba la puerta abierta, me ponía a cantar y se escuchaba el eco, los vecinos me escuchaban y me felicitaban. Cantaba canciones de The Beatles, de Los Rolling Stones y de El Club del Clan”.

Sin embargo, su amor por la música empezó a aumentar a los 13 años cuando comenzó a escuchar y a descubrir a The Who gracias a un disco que le había regalado su hermano. La pasión por este grupo fue tal que lo empezó a “llevar en la sangre” y a vestirse como Roger Daltrey, líder de la banda.

El amor de su vida

A medida que fueron pasando los años su pasión por la música y por The Who siguió creciendo. De hecho, cuando iba a bailar Carlos solía vestirse a lo Daltrey con la camisa abierta, zapatos plataforma, pantalón Oxford y hasta lucía su largo pelo por debajo de los hombros. A los 18 años, en un boliche, conoció a Mónica, el amor de su vida, con quien hace 42 años que están juntos. Luego de cinco años de noviazgo se casaron y tuvieron a Andrea (34) y a Gisela (31).

Al poco tiempo se compró un pequeño teclado  porque su sueño era componer y poder cantar en público. “Cada vez que me subía a un colectivo cerraba los ojos y me imaginaba que estaba arriba de un escenario”.

Alan: el amigo que hizo posible su gran sueño

Hace unos años Carlos conoció a Alan Nehmad (39) con quien al principio mantuvo una relación netamente comercial ya que era su proveedor de bolsas y productos de papelería en su negocio de ropa en La Paternal. Como Carlos siempre habla de sus pasiones cuando entra en confianza, empezaron a conversar  de música y se dieron cuenta que tenían mucha afinidad y gustos parecidos a pesar de la diferencia de edad. La relación se afianzó en 2017 cuando los dos fueron a un recital en el Estadio Único de La Plata donde tocaron juntos The Who (era la primera vez que Carlos los veía en vivo) y Guns N' Roses, el grupo favorito de Alan. 

Alan es el líder de Syd, una banda argentina de indie rock que se define como un híbrido entre el rock, el pop sinfónico y progresivo.

-¿Puedo subir aunque sea a cantar el estribillo de alguna canción para darme el gusto? –le preguntó Carlos medio en serio y otro poco en broma a su amigo.

-No, no, no. Yo sé que vos cantás bien y que ese es tu sueño. No cantes conmigo, cantá vos aparte. Yo voy a tocar con mi banda y te voy a armar un show a vos para el mismo día y más adelante vamos a ver los temas juntos –le propuso Alan.

-No lo puedo creer, además este año cumplo 60 y sería un sueño para mí.

-Con más razón, va a venir mucha gente a verte, tenés que cantar vos –le insistió Alan.

“En ese momento yo estaba muy contento y emocionado pero, por otro lado, un poco asustado. Yo quería cantar, pero pensaba que me estaba arriesgando mucho porque nunca lo había hecho. Yo soy suelto y extrovertido, pero se trataba de cantar arriba de un escenario, no en una casa o en un salón de fiestas. Alan me dio mucha confianza, me apoyó mucho”.

Durante muchos años Carlos había postergado ese gran anhelo al que perseguía desde niño. Muchas veces aparecen personas en determinados momentos y circunstancias con la intención de poder ser parte e interferir para ayudar en alguna contingencia o para contribuir con su granito de arena, en forma desinteresada, para ayudar a cumplir un sueño como le sucedió a Carlos. Y ahí apareció Alan, con su humildad, su espíritu solidario y su bajo perfil. Pero Carlos también había hecho cosas para captar su atención. Por ejemplo, manifestar en voz alta su meta y no haber bajado nunca los brazos. Nada es por casualidad. En todo caso los encuentros tienen una causa y un efecto. Esos vínculos pueden perdurar en el tiempo o no. Nunca se sabe. Lo importante es poder estar abiertos a que se produzcan.

La Carlos Cukier Band

Carlos comenzó a preparar los temas sin saber ni siquiera cuándo y dónde iba a tocar. Mientras tanto, Alan se iba moviendo por su lado y comenzó a juntar a los músicos que formarían “La Carlos Cukier Band”. En septiembre de este año le consiguió guitarrista, baterista, bajista y tecladista.

Previamente, Carlos había comenzado a estudiar canto con una profesora que le fue brindando más seguridad para poder desenvolverse arriba del escenario. Durante los últimos meses conoció a los chicos de la banda y paralelamente ensayaba con las chicas que formarían parte de su coro. Posteriormente, realizaron un ensayo final todos juntos. Como no sabía si iba a poder estar en el show, programado para el 24 de noviembre, su hija Andrea pudo presenciar el primer ensayo.  “Ella me mandó algunos videos y me decía: ´mirá lo que es papá, parece que estuviera en Disney, está feliz´”, dice Mónica.

La relación con sus clientes es tan estrecha que en los meses previos al recital, Carlos llevaba el piano al local para practicar y entretenerse cuando no había ventas, pero terminaba tocando y cantando con las personas que venían a comprar. Asombradas por conocer esta faceta del vecino que conocían desde hace tantos años, dos hermanas -que también cantaban- se ofrecieron a hacerle los coros en su show y se sumaron a ensayar con él varias veces por semana.

“El vínculo con los integrantes de la banda fue hermoso, no puedo parar de estar contento, son chicos de 25 años que podrían ser mis hijos. Mi mujer y mis hijas estaban fascinadas con este sueño. ´Pa, no lo puedo creer, vas a ensayar con músicos, disfrutá todos los momentos´”, le decía Gisela, su otra hija.

El sueño de su vida

A medida que se iba acercando la fecha del recital, Carlos incrementaba sus ensayos y Mónica y las chicas compartían cada una de sus emociones. A pocos días del evento las tres se hicieron unas remeras negras con la inscripción en blanco “La Carlos Cukier Fans Club”.

El día de su debut lo citaron a las 20hs para realizar la prueba de sonido.

-Carlos: te deseo muchos éxitos, disfrutá mucho todo el show –le dijo por teléfono su profesora de canto.

-Me siento en Disney, todo es nuevo para mí, todo es un chiche -le contestó Carlos.

Y a las 23.30hs Carlos entró al escenario luego de presenciar a la banda de Alan. El lugar estaba lleno de familiares, amigos, clientas de su negocio y comerciantes de La Paternal.

El primer tema que interpretó fue Jugo de tomate frío de Manal, después llegó ​Cuando amas a alguien de César Banana Pueyrredón  y más adelante hizo un cover con Alan de “Dead Flowers” de The Rollings Stones. Alcé la mirada Sin embargo, el momento de mayor emoción de la noche fue cuando interpretó Alcé la mirada, aquel tema que le había compuesto a Mónica a los pocos meses de conocerla. “Alcé la mirada y justo te vi Tu imagen me conmovió, hechizó para siempre mi corazón Recordé mil veces tu voz Un canto de manantial Tan vibrante, muy difícil de olvidar Por eso… Yo quisiera que admiremos juntos el amanecer Si supieras mis sentimientos estallan por crecer Tan solo te diré que te quiero Y mi amor es sincero más allá del tiempo Vivamos la vida, ahora querida Mi dulce y eterno amor”. "Cuando me dedicó la canción yo estaba parada mirando el recital estirando las manos como queriéndolo tocar y me daba cosa, pero parece que él sintió algo parecido, se agachó y me dio pie para que le tome las manos. Fue algo hermoso, para enamorarse, algo maravilloso porque yo lo miraba como una más de los que nunca los habían escuchado cantar”, se emociona Mónica. Para finalizar su inolvidable show Carlos cantó “Blues del renacimiento” y Pinball Wizard, de su banda favorita. “Fueron unos 40 minutos en los que sentí agradecimiento a Dios y que volvía a tener 10 años, me vi en el umbral de mi casa cantando pero esta vez estaba arriba del escenario. Me sentí con mucha vitalidad, muy joven, muy agradecido y muy bien acompañado por mi familia. Mi mujer me dice que tengo que seguir con esto, mis hijas nunca me vieron tan feliz. Yo lo veo como un regalo de Dios”.

La historia de Carlos, entre otras cosas, nos enseña que los sueños no se logran de un día para otro. Que hay que poner empeño, sacrificio, voluntad y, sobre todo, perseverancia. Y que en el “mientras tanto” debemos trabajar en otra actividad o dedicarnos a otra profesión aunque no sea lo que más nos guste o más satisfacciones nos brinde. Por un lado, ese “otro” trabajo nos permite subsistir en el mientras tanto. Y, por el otro, nos acerca a la posibilidad de conocer gente valiosa que como en su caso nos pueden facilitar herramientas para cumplir metas. Pero si eso no sucede es interesante que podamos aprender de todas las vivencias y experiencias que nos nutren y nos preparan en ese trayecto hacia nuestro gran sueño. No hay que estar sentados esperando que eso suceda y mucho menos abandonar ese anhelo que nos permite mantener la ilusión intacta de que en algún momento ese mágico instante va a estar ocurriendo.