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Dos hermanas se reencontraron después de 44 años

Dos hermanas se reencontraron después de 44 años

Sonia y Norma vivieron una emocionante historia. Conocé la intimidad del reencuentro.

Sonia (55) se muestra más sensible y emocionada, mientras protege a su hermana mayor. Está preocupada porque se vino desde Moreno con un saquito bien finito. La abraza. La contiene. Norma (61) parece algo más tímida y reticente, al principio, a dejarse tomar unas fotos. Pero las dos están contentas y sus rostros no lo pueden disimular. Hace muy poquito que se reencontraron tras 44 largos años de búsqueda, de impotencia, de ilusiones y de desesperanza. Sin embargo, el destino les tenía preparado la inesperada oportunidad de volver a mirarse a los ojos, de abrazarse y de llorar como si el tiempo, en definitiva, no hubiera pasado.

Tanto Sonia como Norma coinciden en que pese a que eran pobres tuvieron una infancia feliz en Charata, una ciudad ubicada a 300 km de Resistencia (Chaco). Jugaban con lo que tenían. Y lo que tenían no era demasiado porque en total eran 10 hermanos: 6 mujeres y 4 varones.  A pesar de que su papá los había abandonado para irse con otra mujer, ellas eran felices porque estaban protegidas por el amor de Catalina, su mamá.

Desde que eran pequeñas la familia se trasladaba a trabajar al campo en la cosecha de algodón donde vivían en un rancho hasta que a los tres meses volvían nuevamente al pueblo. Todo parecía que estaba bien. Sin embargo, en 1975 Catalina tuvo un ACV que la dejó postrada en una cama ortopédica. Todos sus hijos cuidaban de ella hasta que tuvo una recaída, permaneció internada tres meses en un hospital donde falleció en mayo de 1976. En ese momento, Sonia tenía 11 y Norma 17. “Yo iba agarrada de mi hermana, llorábamos mucho porque sabíamos que estábamos perdiendo todo, era la única que nos protegía y nos cobijaba. A partir de ese momento quedamos huérfanas. Ese día fue la última vez que estuvimos los 10 hermanos juntos”, dice Sonia.

El largo suplicio de Sonia

Norma y otras dos de las hermanas mayores se habían ido a vivir a Buenos Aires. Sin embargo, Sonia se quedó en Charata. “Yo no sabía por qué uno de mis hermanos y yo habíamos quedado solos en la casa del pueblo y no había nadie más que nosotros. Tenía apenas 11 años cuando una señora mayor vino a la casa con mi partida de nacimiento y me dijo que yo iba a trabajar para ella en Resistencia como empleada doméstica en su casa. Yo no entendía por qué me llevaba esa mujer”, recuerda Sonia, que permaneció en esa casa hasta los 14. Cuando esa mujer falleció, ella tomó la partida de nacimiento, la guardó y después llamó a la policía. No le dejaron sacar ni siquiera su ropa.

Al poco tiempo, Sonia comenzó a trabajar, todavía no tenía 15 años, en un hospital de Resistencia y como no tenía donde dormir se hacía pasar por un pariente de algún viejito que estaba internado y se quedaba debajo de alguna de las camas hasta que a la persona le daban el alta y tenía que buscarse una nueva habitación. Hubo noches en las que se iba a dormir al campo y otras en las que lo hacía en alguna garita donde la gente esperaba a los colectivos.

A los 15 años se hizo amiga de una mujer en Puerto Tirol (a 13 km de Resistencia) que comenzó a invitarla todos los domingos a su casa a tomar mate. Desde que la conoció a Sonia quería presentarle a su hermano que trabajaba en la Marina. No bien Jorge, que tenía 20, regresó de Puerto Belgrano se conocieron, al poco tiempo se pusieron de novios y permanecieron casados durante 17 años. A los seis meses quedó embarazada de mellizos (Pedro y Rita), después nacieron Carlos, Rosa, Jessica, Ana y Vanesa. “Me escapé de mi casa junto a mis 7 hijos porque mi esposo se había transformado en un borracho y golpeador", recuerda Sonia, que no puede contener su llanto.

La vida de su hermana había sido mucho menos tormentosa. Norma se había trasladado a Buenos Aires donde conoció a un hombre uruguayo con quien tuvo 2 hijos. “Siempre los busqué pero nunca tuve respuestas, mandaba mensajes a los programas de radio y de televisión. También me metí en una página de Facebook de búsqueda de personas, los buscamos con mi hija y los hijos de una sobrina. Ya no quería escuchar más cuando me preguntaban por mis hermanos, estaba desilusionada porque, además, mi hijo había tenido un problema de salud y no quería que mis hermanos lo vieran así”, cuenta Norma.

Gente que busca gente

A raíz de una búsqueda interior y espiritual, hace unos 15 años Sonia se acercó a al judaísmo. Y desde hace 5 años que colabora como voluntaria en el Gran Templo Paso. A medida que fue conociendo la historia y los valores del pueblo judío, como así también las charlas que mantuvo con el rabino Yosi Baumgarten, generó en ella una gran convicción para convertirse al judaísmo.

Hace unas semanas, Vanesa, su hija más chica de 29 años, le propuso a Sonia formar parte del viaje que el templo organizaba a Rivera, una localidad ubicada junto al límite con la provincia de La Pampa para visitar las colonias judías. Finalmente, el viernes 17 de agosto emprendieron la excursión.

Entre las personas que estaban en esa visita se encontraba Javier Ostrovsky, cuyo padre había nacido en Charata y él ya había ido cuatro veces a esa ciudad. El rabino Iosi le presentó a Sonia, diciéndole que ella estaba escribiendo un libro de su vida y que había pasado por situaciones muy traumáticas.  

-¿De dónde son? –les preguntó Javier a Sonia y a Vanesa.

-Mi hija es de Puerto Tirol y yo soy de Charata –le contestó Sonia, sin saber que su interlocutor tenía un vínculo muy afectivo con esa ciudad.

-¿Tu mamá también era de Charata? –le preguntó Javier.

-Sí, ella murió cuando yo tenía 11 años y desde ese momento no volví a ver más a mi familia, no sé si están vivos o muertos, ya me cansé de buscarlos. Los busqué en Charata, en Córdoba, llamé al programa de televisión Gente que busca gente pero no tuve respuestas –le dijo, resignada.

Durante esos días Javier pasó varios momentos junto a Sonia y a Vanesa. Y a medida que las iba conociendo iba pensando de qué manera podía ayudarlas.

“De alguna manera, sin saberlo, ella me estaba pidiendo ayuda. Cuando volvimos de Rivera le comenté a mi papá lo que había pasado y le dije que me ayudara para ver cómo podíamos darle una mano. Llamamos a una persona en Charata y averiguó que la dirección de la casa donde vivieron era Chiclana 703. Inmediatamente, copié ese dato en Google y me apareció el resultado de una publicación en Facebook de hacía cinco años donde Norma buscaba al resto de sus hermanos. En ese momento le saqué una foto a la publicación, se la mandé a Sonia y casi se desmaya”, cuenta Javier.

Sonia estaba muy emocionada, pero hasta ese momento solo tenían una pista. A raíz de esa publicación, Javier investigó un poco más y se comunicó con una mujer llamada Mariana.

-Yo soy la hija de Norma –le dijo en ese momento Mariana a Javier.

-Yo estoy ayudando a tu tía a buscar a tu mamá – le contestó Javier.

-Mi mamá la está buscando hace 43 años –sorprendió Mariana.

“Yo solamente lloraba y no veía la hora de poder abrazarla”

Por esas causalidades de la vida, dos semanas atrás, cuenta Norma que se había quedado mirando una foto en la que se encontraba junto a todos sus hermanos cuando eran niños. “En ese momento empecé a hablarle a la foto y a cada uno de mis hermanos les decía algo. A Sonia le decía que me moría por verla”.

Mariana se comunicó con su mamá y, paralelamente, Javier le comentó la hermosa noticia a Vanesa, que le transmitió la información a Sonia. “No pensé que iba a ser tan rápido y tan fácil encontrar a mi hermana por todo lo que me había costado durante 44 años. A la tardecita la llamé al celular, fue reconocer su voz en ese mismo instante en que la escuché, nunca me había olvidado de su voz, de su cara, de sus ojos, ni de su manera de llorar porque llorábamos las dos juntas a través del teléfono. Le dije que ella era a la que más ganas tenía de encontrar porque éramos muy compinches de chicas”, dice Sonia.

“Yo solamente lloraba y no veía la hora de poder abrazar nuevamente a mi hermana. Encima, las dos vivimos por Moreno y una de las cosas que más me impactó fue que ella me contó que uno de sus hijos (Carlos), mi sobrino, trabaja en los puestos de la misma feria en la que yo vendo ropa y juguetes. Muchas veces habíamos hablado y teníamos una conexión especial”, expresa Norma.

El sueño de sus vidas

El pasado miércoles 22 de agosto fue el día elegido para ese encuentro que esperó 44 años. Sonia fue a la casa de Norma, acompañada por dos de sus hijas. Una vez que sonó el timbre, su marido salió a abrirles la puerta. Tras atravesar los 50 metros que la separaban de la puerta de entrada, Sonia corrió para abrazar a su hermana. “Lo primero que le dije es que no había cambiado nada, que estaba igual que la última vez que nos habíamos visto”, le dijo Sonia a Norma. “Pero estoy más gorda y más vieja”, bromeó su hermana. “Es como si la hubiese grabado en mi corazón, siempre estuvo igual. Era cumplir el sueño de mi vida de poder volver a verla”, agrega Sonia.

Paralelamente, ese mismo miércoles Javier volvió a la publicación que había visto en Facebook y una persona le dio una pista para que buscara a otros de los hermanos en la localidad de Wheelwright, en la provincia de Santa Fe. Y terminó encontrando a Olga, quien además le confirmó que hay otros dos hermanos viviendo en esa misma localidad y otros dos en la capital santafesina.

Enseguida, Sonia y Norma pudieron conversar por teléfono con sus hermanos. Todavía queda pendiente el encuentro cara a cara, pero a raíz de este huracán de emociones, uno de los hijos de Sonia armó un grupo de WhatsApp con los nuevos miembros de la familia, que ya tiene más de 100 integrantes entre primos, nietos y sobrinos.

“No podemos recuperar el tiempo perdido, pero queremos que se conozcan los primos y los sobrinos, sería lindo que podamos pasar Año Nuevo todos juntos”, se ilusiona Norma.

Por su parte, Sonia tiene otras expectativas. “Ésta era la última pieza del rompecabezas que yo tenía que armar antes de irme a Israel junto con Vanesa para fin de año. Mi meta era volver a ver a mis hermanos antes de irme, cerrar ese capítulo de mi vida para no dejar ninguna mochila que se quedara en la Argentina”, finaliza.

Más allá de como continúe la relación entre Sonia, Norma y el resto de sus hermanos, esta historia nos deja la enseñanza y el legado de que siempre hay que luchar por lo que uno desea, que no debemos bajar los brazos y que si realmente lo anhelamos con el corazón nunca será tarde para cumplir un sueño.