ENTREVISTAS

GAby Menta: “La tecnología también sirve para que el vínculo familiar se fortalezca”

Cuando las redes sociales están al servicio de nuestro costado más humano.

GAby Menta es Creador de #Squoosh, una agencia dedicada a acompañar a sus clientes en distintos proyectos digitales. Es consultor internacional, trabajó para grandes empresas como Adobe y Apple, fue premiado a nivel nacional e internacional por sus charlas y, en la actualidad está enfocado en generar canales de contenidos visuales y guiones para empresas, proveedores y clientes.

Trabaja desde hace muchísimos años pero en 2010 estuvo en el spotlight por una charla en el TEDx de Rosario en donde habló de la Familia 2.0 y cómo la tecnología acercaba generaciones y permitía la inclusión de las personas mayores en la sociedad.

Esto le trajo repercusión en los medios y la exposición lo llevó a crear el concepto de #FeelingMedia, que se trata de compartir cosas en las redes sociales a través de diagramar un mensaje, una historia o un guión que apele a las emociones. Así, #FeelingMedia está relacionado con conectar personas, empresas y marcas.

¿Cuándo descubriste que el lado humano iba a redefinir tu profesión?

Empecé a prestar atención a lo que me dice la gente. Uno comunica en una dirección, hoy tenés video, sonido, efectos, una batería de cosas increíbles, y a veces uno no se detiene. Sólo se fija en la cantidad de likes o comentarios pero no se detiene a ver realmente qué le gustó o le interesó a la gente de lo que estuvimos compartiendo.

En mi cuenta personal, además de hablar de trabajo, un día empecé a mostrar a mis hijos. Había personas que me lo reprochaban y a otra gente le encantaba. Ahí construí un contenido totalmente distinto. Esto me humanizó y empecé a mostrar algunos aspectos de mi familia y mi vida personal.

Esos chiquitos hoy tienen 20, 17 y 15 años (risas), también siguen apareciendo con la misma frecuencia pero en otro momento de su vida. Entonces, además de comentarios sobre mi trabajo, la gente me escribe haciendo referencia a la familia que formé, lo que logré o lo que construí y cómo mis hijos se adaptaron.

A nivel estrictamente laboral, detecté esto con algunas aplicaciones de monitoreo que me ayudaron a entender qué contenido resonaba más con la gente que me sigue. A veces me piden de qué hablar o reforzar algunos temas y estoy atento a eso. Por ejemplo, dejé de hablar de Facebook porque ya no está tan vigente y me empezaron a pedir que retome el tema porque esa red creció mucho como herramienta de comunicación entre gente mayor, de más de 60 años, y hubo una especie de revival. Entonces ahí me metí, un poco de la mano de Kitty, mi mamá, que lo usa bastante y descubrí que hay todo un mundo que está súper activo y que usa Facebook para conectarse con desconocidos y los lleva a estar más entretenidos compartiendo acertijos, frases, imágenes, etc.

Ahí me reencontré con una parte muy humana a través de mamá y a través de mi comunicación con la gente que me sigue. Fue muy fuerte ver ese proceso, a mí me siguen personas de 14, de 35, de 40 y de más de 60 años. Todos con el mismo entusiasmo por conectarse, es un flash.

Me dicen “Gaby, me encanta lo que hacés, no sé lo que hacés, pero me encanta” (risas). Ojo, ese misterio es la llave. Es como que la gente lo va a detectar, cuando vos dejás la frase con la coma abierta y quedan cosas por averiguar, está buenísimo. Yo me dedico a la comunicación, en general, sumado a la comunicación digital. Trabajo con marcas delineando estrategias, a mí me gusta contar historias, no me gusta vender un producto. Cuento historias propias y de terceros. Me gusta armar la estrategia y el guión de lo que hay que mostrar y cómo se va a mostrar. Doy charlas, genero contenido desde cero para grandes marcas y también para emprendedores más pequeños, tengo todo tipo de clientes que vienen con la necesidad de decir cosas pero no conocen bien a su público y no saben cómo decirlas. Así que también trabajo como consultor o asesor.

En 2010 diste una charla TED sobre unir a la familia a través de las redes sociales, fue furor y te empezaron a llamar de algunos medios. Ocho años después, ¿sentís que cambió algo en esa dinámica?

Todos hablaban de que las redes sociales aislaban a los chicos y separaban a las familias pero yo detecté que había algunos puntos en los que se podían unir.
Tengo una anécdota sobre la previa a esta charla, en ese momento las TED no tenían título, te convocaban a hablar y vos les decías cuál iba a ser el tema, que se suponía que era dentro de tu área profesional. Todos asumían que yo iba a hablar de tecnología, muchos me conocían por mi paso por Apple y pensaban que yo iba a contar las novedades techie, los gadgets, cómo fue trabajar en Apple, etc.

Minutos antes de subir al escenario en Rosario hice un clic y sentí que tenía que hablar de la familia, y ahí, en ese momento, casi en vivo, entendí que tenía que contar otra historia así que preparé una nueva presentación con fotos de mi familia porque Facebook estaba a pleno y todos estaban con los jueguitos de la Playstation. Twitter también, pero los más chicos quedaban afuera de esta red social. Se hablaba mucho del grooming, la pedofilia, los ataques digitales a los más chicos, cuántas horas pasaban nuestros hijos jugando con las consolas, etc.

Todos hablaban de la distancia, de la frialdad y de que cada miembro de la familia estaba aislado en su mundo pero yo quería compartir otra experiencia. En mi familia pasaba lo opuesto, se habían unido dos mundos que parecían imposibles: el mundo de mi madre y el de mis hijos.

Cuando le tenía que explicar a mi mamá cómo usar Facebook era imposible, no le tenía paciencia, me terminaba peleando (risas) y mis hijos, desde el amor de nietos y abuela, le enseñaron a manejar el iPad. Ella prestaba más atención, lograron un vínculo impensado.

La charla giró en torno de este descubrimiento, el involucramiento de las personas mayores con la tecnología y la seguridad de los menores en las redes. Esto fue la llave de mi salto a los medios, me llamaron del programa de Pettinatto, salí en la radio con Andy Kusnetzoff, una locura…

El tema es que mi look, mi “envase”, no coincidía con lo que yo estaba diciendo, y eso resultó atractivo. Muchos me veían y decían “una persona con este pelo y este estilo no puede estar hablando de esto”. Y en ese momento aproveché ese boom para mostrarme.

¿Cuánto cambió el contenido de esa charla desde 2010 hasta hoy?

Hoy las presentaciones de ese tipo cuentan con más estadísticas y más números pero, a nivel contenido, no se dice nada distinto. Yo hablé de algo que pasaba, no tenía un estudio propio. Las cosas están igual o peor, en nueve años no se informó más sobre grooming. Los peligros siguen, ningún gobierno tomó medidas de prevención tampoco sobre bullying digital. Se habla pero poco, todo muy tibio. Por ejemplo, los colegios antes de inscribir gente deberían dar charlas obligatorias sobre bullying. Pueden ser profesionales que sepan de teoría pero también padres con sus hijos que hayan sufrido estas cosas. Falta mucho de eso, en los medios tendría que haber un mensaje claro y directo.

Vivimos hiperconectados pero la gente tiene que educarse para no estar tan el peligro.

¿Y qué ves de positivo con respecto a los adultos mayores y la conectividad?

Me parece un esfuerzo de voluntad tremendo y un nivel de adaptación a la tecnología increíble. Yo tengo más de 50 y a veces me enojo con la tecnología (risas). Además, cuando las personas mayores tienen la posibilidad de usar dispositivos más grandes como una tablet, en donde ven mejor o pueden utilizar mejor las manos, ahí veo una evolución tremenda porque manejan Facebook y Whatsapp como si nada. Incluso se animan a usar Instagram.​

Con respecto al tema vincular y familiar, me sorprende ver a mayores de 70 inclusive, con su celular. No tienen teléfonos costosos ni muy grandes pero, así y todo, se ponen sus anteojos, colgados de la cuerdita, se acercan a la pantalla y se comunican con el mundo. Es impresionante. Voy a tomar el té y escucho señoras que le mandan audios de Whatsapp a sus hijos, a sus nietos…

¿Por qué pensás que tu mensaje de la familia resuena tanto con la gente que te sigue?

Una de mis cualidades es saber decirle a la gente las cosas en el momento justo, con el tono justo y la sinceridad justa.

Cuando yo empecé, nadie hablaba de la familia. Hoy vivimos en un mundo de familias ensambladas, con más de un ensamble, distintas maneras de crianza, etc. Hay muchísimas posibilidades que trascienden lo que todos conocíamos como familia = mamá + papá + hijos. No se hablaba de la parte vincular, no era cool. Yo aposté a hablar de algo que para mí es común pero sonaba distinto y, nuevamente, mi look más descontracturado, se alejaba de lo que podías pensar que era un padre de familia. Quedaba como “este pibe habla de algo que no tendría que estar hablando” y eso llamó la atención. A mí me costó mucho armar una familia.

¿Cómo fue tu experiencia?

Me tomó de sorpresa cuando llegó mi primer hijo, aún no estábamos en pareja con la madre y quedó embarazada. Fui un papá súper presente, me lo llevaba a mi departamento, todo. Pero no estaba preparado. Y tuve que aprender cómo mantener unida a una familia, llevarla a cabo, etc. Mis hijos hoy son adolescentes y, con los peligros que hay en la calle, y todas las cosas de afuera que son invasivas y tóxicas para el núcleo familiar, hoy más que nunca, lo disruptivo es mantener una familia unida.

En un momento lanzaste una iniciativa que se llamaba #AbrazoDay, ¿sigue vigente?

Todo nació en 1984, teníamos una hora libre en Psicología, en la secundaria. Tenía el típico profesor con pinta de psicólogo loco y dijo “bueno, hoy no vamos a hacer nada”. Nos sentamos todos arriba de los bancos, gritando, jodiendo entre los compañeros...al profesor eso le divertía. En un momento me quedé charlando con él, no recuerdo sobre qué tema y me dice “Mirá Gabriel, vos acordate de esto: cuando tengas un hijo, abrazalo. A partir del primer año de edad está comprobado que si el padre, el varón, le da todos los días un abrazo sostenido a sus hijos, el nivel de seguridad que vos le transmitís es mucho más poderoso para su personalidad que cualquier otra cosa”.

Yo me reí porque pensaba que nunca iba a tener hijos ni formar una familia. Quería armar una carrera y dedicarme 100% a mí mismo. Pero ese consejo me quedó grabado y lo empecé a hacer. Lo sigo haciendo y lo voy a hacer aunque mis hijos tengan 30/40 años. Todos los días, en algún momento del día, les doy un abrazo. Ahí es donde está el vínculo, el contacto con los seres queridos de la familia. Se me ocurrió compartirlo en las redes con el hashtag #AbrazoDay y tuvo repercusión en su momento.

Tuviste una vida muy corporativa pero un día hiciste un clic y cambiaste de rumbo, ¿cómo fue ese momento?

Cumplí todos los objetivos profesionales que me había puesto. Logré trabajar en una empresa en Estados Unidos como Adobe, totalmente sorprendente para mí. Trabajé ahí muchísimos años, después Adobe abrió una oficina en Argentina y manejábamos todo el negocio para Latinoamérica y vivía engominado. Tenía la camisa, el traje, el pelo corto, todo. Me escribía mensajes motivadores en los espejos, en el techo, me hacía auto coaching.

En 2005 me llamaron por teléfono desde Apple para invitarme a trabajar a sus oficinas de Philadelphia. Ellos conocían mi pasado corporativo pero querían un perfil completamente nuevo. Querían que use mentalmente todo lo que había aprendido en otras empresas pero que cambie la filosofía desde la acción y el discurso.

Trabajé para One to One, una plataforma educativa de Apple, y cuando llegué a la primera reunión estaba vestido súper formal, muy bien vestido, ropa de marca (risas) y les causó gracia. Me elogiaron la calidad de la ropa pero me dijeron que ahí no hacía falta vestirse así y que querían verme más “relajado”, me dieron unos tickets para que vaya a comprarme jeans, remeras y pantalones cortos a un shopping.

Al segundo día fui más casual pero engominado y me volvieron a llamar la atención. Me pidieron que me encuentre con quién quería ser porque ellos ya sabían que yo estaba en crisis con mi identidad corporativa. Primero me dio miedo y después bronca. Así que me miré al espejo, quería renunciar, volverme, me enojaba que me hayan sacado la ficha pero me dije “este estilo ya no me representa, estoy disfrazado de persona que va a trabajar”. Así que me saqué la gomina y empecé a dejarme crecer el pelo, me relajé con la estética y eso cambió mi perspectiva.

Al principio no me convenció pero me di cuenta de que a la gente le gusta este estilo, todos me elogiaban el cambio y ahí me dí cuenta de que a veces uno necesita que los de afuera lo validen para empezar a creérsela. Y parece que gustó mi estilo un poco atropellado, la voz disfónica (risas).

Pasé por tener el pelo súper largo, teñirme las canas, pintarme las uñas, usar collares y anillos, ahora estoy un poco más moderado. Hoy me veo y no sé si me animaría (risas) pero fue muy natural y disfruté mucho del proceso. Yo en algunas cosas tengo mucha seguridad pero también necesito el mimo del otro.

¿Cómo estás planeando este 2019?

Estoy trabajando mucho con marcas, empresas grandes, estoy asesorando a personas que quieren incursionar en el mundo de dar charlas y también acompaño a pequeños y medianos emprendedores.

Mentoreo muchas PyMES y lo que más me gusta es apoyar a los proyectos. Me gusta inyectar adrenalina cuando los proyectos no salen como vos querés que salgan, me siento muy cómodo en el rol de motivar nuevas ideas y hacer que esas cosas sucedan. Especialmente a la hora de encontrar las historias que cada marca tiene que contar.